Reportaje – Tras las pistas de la literatura policíaca

Q1-SHolmes

Por Vania Vargas
La lucha milenaria entre el bien y el mal que se ha librado, a lo largo de la historia de la literatura, en terrenos mitológicos y psicológicos, llegó a la ciudad a mediados del siglo XIX. Se apoderó del escenario urbano de la literatura inglesa y estadounidense, y de allí se extendió al resto de Europa, América Latina, e incluso Guatemala.
Así, un paisaje citadino, un crimen, y un investigador, se convirtieron en los tres elementos que no pueden faltar en una narración policíaca: toda una aventura literaria en la que el lector pasa a formar parte de un juego en el que tendrá que poner a prueba su capacidad e ingenio para descifrar el crimen, o simplemente deberá estar preparado para dejarse sorprender.

La paternidad del género se le otorgó al escritor estadounidense, Edgar Allan Poe, más conocido por sus narraciones de corte fantástico y de terror. Esto, luego de que, en 1840, se publicara el relato titulado “Los asesinatos de la Rue Morgue”, con el que se dejan sentadas las bases estructurales que regirán el género detectivesco.
40 años más tarde aparece, en Inglaterra, el detective por excelencia, Sherlock Holmes y, a partir de él, toda una serie de investigadores que, incluso, llegaron a opacar para siempre el nombre de su creador.
Tal es el caso del joven investigador, Ellery Queen, que, a su vez, era el seudónimo que utilizaban para firmar sus obras los dos primos hermanos: Freedrick Dannay y Manfred Bennington Lee.
O el del famoso abogado Perry Mason, creado por, el menos conocido, Erle Stanley Gardner.

Crímenes, mujeres y literatura

Caso aparte es el de la escritora inglesa Agatha Christie, una de las más famosas del género, con casi un centenar de obras publicadas, varias de ellas basadas en cuentos infantiles, como “Tres ratones ciegos” o “Diez negritos”. En ellas salen a escena dos investigadores: Hercules Poirot y Miss Jane Marple, una detective inspirada en su propia abuela.
Sin embargo, Christie no es la primera mujer que practica el género policíaco ni su Miss Marple es la primera detective dentro de la historia de la literatura policíaca. La presencia de las mujeres, en este género, se remonta a 1878, en Estados Unidos, donde apareció la primera escritora de novelas policíacas: Anne Katharine Green, cuya investigadora, Violet Strange, se posiciona como un antecedente de Jane Marple. Y estos son sólo dos casos entre casi una treintena, que se presentan con mayor fuerza durante las primeras cuatro décadas del siglo XX.
De esta manera, por el campo detectivesco de la literatura desfilan no sólo escritoras y mujeres detectives, sino además, toda una gama de investigadores que incluyen a policías de profesión, abogados, sacerdotes, psicólogos y hasta un robot, como parte de la primera fusión que hizo del género, con la ciencia ficción, el escritor Isaac Asimov.

La novela negra

Entre 1930 y 1940 el género da un vuelco significativo y se marca una división entre la novela policíaca clásica y la denominada novela negra.
Atrás se queda la formula del final feliz y de la posible regeneración de la sociedad, gracias al héroe inmaculado que encarna el detective. En cambio, surge un realismo crudo que plantea a la sociedad como un lugar en el que las leyes son obsoletas, la policía, incompetente, y el investigador no es más que una persona, común y corriente, con virtudes y defectos: un héroe caído: un antihéroe.
La novela negra es, en fin, una crítica social contra las instituciones del Estado y contra la sociedad misma.
Destacan dentro del género dos escritores estadounidenses: Dashiell Hammet y Raymond Chandler. Así como el brasileño Rubem Fonseca, con su famoso detective Mandrake.

Novela policíaca latinoamericana

Hay que recordar que uno de los grandes admiradores del género en Latinoamérica fue el escritor argentino Jorge Luis Borges quien, junto a Bioy Casares, no solo creó al detective Isidro Parodi, sino, además armó una interesante antología del relato policial.
Rasgos del género se encuentran también en la obra El tunel, del argentino Ernesto Sábato; así como en novelas de Rodolfo Walsh y Oswaldo Soriano. O de los  españoles Paco Ignacio Taibo II y Manuel Vásquez Montalbán.
En el caso de Guatemala, es parte del género policíaco la novela de Dante Liano, El hombre de Montserrat, ambientada en la conflictiva ciudad capital de los años 80. Así como algunas narraciones del Francisco Alejandro Méndez.

La ciudad, el misterio, la crítica social, la realidad manifestada en toda su crudeza o el simple juego y el ingenio delinean esta nueva invitación a la lectura y, por qué no decirlo, al entretenimiento por medio de la literatura.
Bibliografía:
Díaz E. César. La novela policíaca. España. Ed: Acervo. 1973
Rivera Echeverría, Ricardo. Las características del género policial en la novela El hombre de Montserrat del autor Dante Liano. Tesis. Universidad de San Carlos de Guatemala. 1999

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