Reseñas – Trópico de Capricornio / Henry Miller

Imagen

Editorial punto de lectura, 2003

Como primera impresión este libro podría considerarse una denuncia más contra la decadencia de la sociedad gringa y las calles neoyorquinas, pero quedarse sólo con esta primera imagen sería caer en una ilusión óptica, ya que estos temas sólo constituyen pequeñas ideas que permiten ubicar al lector en algún punto de tiempo y espacio conocido, y por lo mismo, intencionalmente, ser una referencia  preparatoria  para el tema central de este libro que es el mensaje (notablemente) esotérico, disimulado en casi todas sus páginas por un lenguaje poético narrativo. Trópico de Capricornio de Henry Miller debe considerarse como un tranvía ovárico con destino a una ciudad de egos y conflictos espirituales.

Para abordar el destino inexorable que este libro plantea se debe atravesar puentes metafísicos que inician con nuestros recuerdos de infancia sublimados por las experiencias más grotescas de un ser que apenas tiene conciencia de que es muchos a la vez, un ser que aún se debate entre los demás y él mismo. Ser niño significa estar asediado por una mano enorme y velluda que toma nuestro suave y delicado cuello al cielo falso de la inocencia.

Una primera estación, solitaria y vacía. La juventud plagada de una sexualidad espiritual, pero sexualidad al final de cuentas, que  inicia bajo los acordes de un ferrocarril que frena intempestivamente en las entrañas… el tiempo se detiene, y un millón de orgasmos no son suficientes para levantar la picha espiritual adormecida.

El viaje continúa decayendo. Junto al tiempo todo se vuelve relativo menos el ideal de una sexualidad pura y espontánea que cambiará la conciencia de quien ose elevarse más allá de una erección infinita. Diversidad de coños (apasionados, marinos, fríos, indignos…infinitesimales), fuego en las entrañas, caminar y sólo caminar sin mirar hacia delante, ni a ningún otro lado más allá que la posibilidad de la existencia del “algo más”: coño sonriente y personal que pueda succionar con un espasmo el dolor de aquellos que en algún momento se atrevieron a retar a Dios en su mismo templo: el sexo.

Una segunda estación, sangre y largos períodos de abatimiento y melancolía, seguidos de la inmensa alegría provocada por la locura de aniquilar el máximo común denominador del ego. Todo aquello que no es eterno hace confuso lo evidente, es como caer al abismo aferrándose a un cordón umbilical inexistente. Vacío y sólo vacío es el destino preparado para los inconformes que buscan la “verdadera realidad” que va más allá de coger, dormir y trabajar.

El tranvía ha desaparecido, y la plena conciencia va más rápido que la luz,  estar en todas partes es estar  en el país que existió antes de los opuestos. Creer es un acto irracional, sincero, humano y sobre todo falible, creer en uno mismo es encontrarse justamente en algún punto del Trópico de Capricornio y por lo mismo tener algún lugar reservado en el universo.

José Gerardo Muñoz Barrios

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s