Pintura – El Expresionismo: los colores de la angustia

Por: Diego Santizo

La angustia, el dolor, la crisis y el impacto psicológico ante la realidad delinean al movimiento expresionista: un último grito de desesperación en un mundo gris, frío y miserable.
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 El Grito. 1893. Edvard Munch

Situados frente al cuadro, el sonido es inaudible, el desamparo parece incomprensible. Resulta difícil resistirse a la locura que intenta expresar el hombre: la boca abierta, los ojos desorbitados y las manos tapándose los oídos para no escuchar su propio grito. Su postura se diluye entre las líneas curvas del océano y el cielo que dibujan un paisaje delirante, lleno de color.Las líneas rectas de la balaustrada derecha representan el ambiente, la cautela y las reglas de la sociedad. Los paseantes caminan en un extremo, como dos líneas difusas hacia la inexistencia. Los trazos del hombre se diluyen en contraste con las líneas rectas que representan a los paseantes. El Grito, del  pintor noruego Edvard Munch, se sitúa entre la primera oleada de pintura expresionista. Este óleo es el símbolo de la angustia de todo el siglo XX.

 

Erase una vez… la Guerra

Mientras la gran civilización decimonónica europea se hundía en las llamas de la Primera Guerra Mundial, el Expresionismo reflejó, más que la realidad objetiva, la crisis interior, la tragedia personal del pintor, frente a una sociedad harta, llena de miseria, angustia y guerras.
El impacto psicológico que producía en los pintores la cruda realidad quedó plasmado a través de las expresiones desdibujadas, los colores fuertes y puros, y la composición agresiva. La influencia de los psicoanalistas Sigmund Freud y Henri Bergson fue determinante en su pintura.En 1911, un crítico de arte alemán utilizó por primera vez el término en un ensayo sobre Van Gogh, Mattise y Cézanne, publicado en la revista Der Sturm (La Tempestad). El movimiento tomó carácter de escuela hasta la segunda oleada de pintura, integrada por los grupos Die Brücke (El Puente), Der Blaue Reiter (El Jinete Azul) y, más tardío, el Grupo Vienés. Estos grupos mantienen el matiz pesimista que revela el rostro oculto de la sociedad, la pobreza y el caos, ante el avance de una realidad incompresible, que destruye todo a su paso.

El puente entre el arte y la vida

En 1905 se constituye el grupo Die Brücke (El Puente), en la ciudad alemana de Dresden. Fue fundado por cuatro estudiantes de arquitectura, a quienes, un año más tarde, se uniría el pintor Emil Nolde, entre otros.

La tradición romántica, las obras de Friedrich Nietzsche, y el joven poeta francés Arthur Rimbaud fueron las principales influencias literarias de este movimiento. En especial la obra de Rimbaud, por ser considerada el arquetipo perfecto para unir el arte con la vida.

Los artistas del Puente estuvieron influenciados pictóricamente por Vincent Van Gogh y Paul Gaughin, tanto en la técnica como en la profundidad psicológica; y en especial, por el pintor belga James Ensor y sus desfiles fantasmales de personajes enmascarados, así como por el uso del color y los trazos desdibujados de Munch.

La influencia de Munch sobre los artistas del Puente fue profunda, sobre todo en Kirchner. Ernst buscaba reflejar en su obra los deseos que bullen en lo más recóndito del ser humano a través de trazos desiguales y el uso delirante del color. En contraste con los ideales de la sociedad burguesa alemana que mostraba a los individuos como seres fríos, correctos y serenos.

Más adelante, Nolde logró retratar la doble moral a través del baile y el uso desdibujado de los trazos.

En 1913, Kirchner publica la Crónica de Die Brücke. Las presentaciones de su obra en Berlín, y el libro, provocaron gran escándalo en la sociedad alemana. En especial el trabajo de Kirchner y el de Nolde, que fue catalogado por el gobierno alemán como «arte degenerado». El inicio de la Primera Guerra Mundial y el hecho de que su arte fuera incomprendido provocó la ruptura del grupo ese mismo año.

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Bailarina de las velas, Susana y los viejos. Emil Nolde.

El Jinete Azul: en busca de la espiritualidad

Dos años antes, en la ciudad de Münich se formó el grupo Der Blaue Reiter (El Jinete Azul). Influenciado, directamente, por otras corrientes de vanguardia artística, como el cubismo de Picasso y Braque; el futurismo de Marinetti; las pinturas negras de Goya; y el profundo color de Munch.

El arte del Jinete Azul fue mucho más subjetivo y espiritual que el trabajo del Puente. Sus principales exponentes fueron sus fundadores, entre los que destacan el ruso Wassily Kandinsky, y el suizo Paul Klee, quien rechazó la subjetividad total en el arte y terminó abandonando el grupo.El Expresionismo alemán se extendió sobre otros campos del arte. Los artistas del Jinete Azul buscaron unir la Pintura con la Música y la Literatura.
Fue así como el compositor y pintor austriaco Arnold Schönberg se unió al grupo durante su primera exposición en la Galería de Münich en 1911; y la pintura de Marc y Kandinsky influenció la obra del escritor checo, de origen judío, Franz Kafka, quien reflejó en ella el caos y la miseria del hombre ante un mundo incomprensible. Su novela, El Castillo, es el texto expresionista influenciado, directamente, por la obra del Jinete Azul.
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Der Blaue Reiter (El Jinete Azul). 1903. Wassily Kandinsky

Así como el color y las líneas caóticas unieron al Puente; la fuerte presencia del color azul, y la búsqueda de la espiritualidad y las formas, fueron la constante entre los integrantes del Jinete Azul. En este cuadro, la imagen del jinete con su caballo expresan la libertad y espiritualidad, bajo una evidente impregnación azul sobre el lienzo.

En el lado superior, la tranquilidad que irradia el cielo, las nubes blancas, y la imponente mansión, recubierta de una arboleda otoñal de varios colores, representan una típica escena burguesa alemana. En la parte inferior, el jinete galopa a gran velocidad sobre el pasto verde y los arroyuelos de un intenso azul. La posición del jinete y las pinceladas sobre la silueta del caballo expresan las ansias de libertad, de ruptura y de huída hacia la existencia y la voluptuosidad.

Carlos Valenti: el arte o la vida

El Expresionismo llegó a Latinoamérica junto con otras vanguardias artísticas, como el Cubismo de Picasso, el Dadaísmo de Tzara o el Surrealismo de Breton. Y, en Guatemala,  fue Carlos Valenti uno de los principales representantes de la primera etapa. Su producción pictórica más importante se dio en 1912, cuando asistió a los talleres de pintura de Picasso, junto al pintor quetzalteco, Carlos Mérida.
Influenciado por las vanguardias artísticas, en especial  por el Expresionismo, el Cubismo, y las obras post-impresionistas, Valenti reflejó un simbolismo profundo en cada una de sus obras.
El uso de colores puros y fuertes, y la espiritualización en su obra, fue la constante de su trabajo.  Genio precoz. Se suicidió a los 24 años. Su vida fue novelada, recientemente, por el escritor guatemalteco Eduardo Halfon en el libro titulado “Esta no es una pipa, Saturno”.
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