Literatura guatemalteca – Entrevista con Robin Rossell

Robin Rossell: escribo porque me gusta soñar despierto

Por: Vania Vargas

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Vive rodeado de libros. Casi 13 mil. Y su vida se divide entre el trabajo, la lectura, la escritura y más de alguna buena película. Ha publicado 21 libros, y 15 más esperan llegar a imprenta.
Sus traslados vitales de la aldea a la ciudad, y los literarios, que van del comic a Shakespeare y Cervantes, y de allí a la Fantasía y la Ciencia Ficción, perfilan a un escritor pasional para quien los libros han sido el mayor método de aprendizaje.

¿Cómo empezó tu relación con la literatura?

Empezó con los comics, cuando era niño. De allí salté a la “buena literatura” o, al menos, a la más seria, ese fue mi comienzo. En aquel tiempo estaban de moda los mexicanos Juan Sin Miedo, El Valiente, El Santo; y los norteamericanos, Batman, Superman, el Llanero Solitario, y un montón que casi nadie recuerda, y que ya no existen. Yo aún guardo algunos como recuerdito. Tenía como 10 años cuando todo empezó. De los comics me atraía el papel, el dibujo. Luego descubrí el sabor del texto, ya sin la ilustración, y empecé con la literatura Clásica: Shakespeare, Cervantes, Madame de la Fayette, que fue casi el primer libro que leí. No recuerdo más, cuarenta años es mucho tiempo.

¿Y cómo fue el paso de la lectura a la escritura, cómo te convertiste en escritor?

No recuerdo exactamente cuando di el primer paso, pero las primeras ambiciones fueron, tal vez, hace 25 años, aquí en la ciudad. Me junté con algunos amigos que ya soñaban con ser poetas, y allí formamos un grupito que siempre llamamos Departamento de Letras de la Casa de la Cultura, claro que ahora no existe, casi nunca nos vemos la cara ni nos juntamos. Allí me enrolé para aprender a escribir, siempre solo, como autodidacta. La lectura variada fue la mejor orientación que tuve y sigo teniendo. Es mi máximo método de aprendizaje.

¿Cuáles fueron las lecturas o los escritores que te marcaron el rumbo?

Jorge Luis Borges, en el género fantástico; Jack London, en la aventura, y todos los de Ciencia Ficción: Isaac Asimov, Arthur C. Clarke, Ray Bradbury y Philip K. Dick, un escritor fundamental aunque cuesta conseguir su obra en Guatemala.

Empezaste escribiendo cuentos, pasaste por la poesía y ahora estás dedicado a la novela, ¿cómo se ha dado esa evolución?

El primer intento fue como poeta, como dicen que de poeta y loco todos tenemos un poco. Inmediatamente me di cuenta que de poeta no tenía absolutamente nada, y sigo convencido que nunca llegaría a ser poeta. Creo que tanta lectura de narrativa corta tiene que haber influenciado para el gusto por el género. Ahora estoy escribiendo novela, siempre con el tema ecológico tratado a través de la fantasía, sin pretender dar claves, soluciones o visiones al respecto.

El tema ecológico ha sido una constante en tu obra…

Creo que nació conmigo. Vengo de una aldea. Allí me movía por los cerros, de arriba para abajo, ese gusto se trae. Yo nací en el campo, pertenezco al campo. Aunque viva en la ciudad, el campo es algo que yo no he podido sacar de adentro.

¿Como es tu proceso de creación?

El proceso de creación para escribir novela, ya lo dijo García Márquez, consiste en un trabajo de burro, requiere disciplina. Yo escribo en ratos de descanso, comienzo a las 6 o 7 de la noche, y termino a las 10, todas las noches, durante un mes, para terminar una novela pequeña, de 150 páginas. Hay una diferencia entre la disciplina que se requiere para escribir un cuento, y para una novela. El escritor argentino Julio Cortazar dice que un cuento equivaldría a un raund en una pelea, mientras que la pelea completa sería una novela. Mi disciplina no es profesional, sino pasional.

¿Cuál ha sido el mayor inconveniente de ser escritor en un lugar como Xela?

No hay editores, no hay estímulo de ninguna clase para escribir, no hay lectores ni consumidores. Y cuando uno corre el riesgo económico de editar sus libros sale muy caro, no logra vender ni entre amigos. Parece que ni los pocos grupos literarios que hay tienen hábito de lectura. Aunque esto es casi general, es un problema de fondo educativo.

¿Qué te hace seguir escribiendo entonces?

Se puede decir que escribo porque me gusta soñar despierto. Escribo porque, sencillamente, me fascina.

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