Reseñas – El despertar del alma/Enrique Gómez Carrillo

El despertar del alma

Enrique Gómez Carrillo

Editorial Cultura, Guatemala, 2003

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El escritor guatemalteco Enrique Gómez hizo de la vida su profesión, se dedicó a venerarla en los altares del mundo, a arrancarle sensaciones y convertirlas en palabras, a amarla con fidelidad hasta el final.

Europa lo celebró y lo inmortalizó, le puso la corona de “príncipe de los cronistas”; Guatemala lo condenó, lo señaló por atentar contra sus mitos, por salirse del rebaño de la tradición americanista, por no aferrarse a ninguna creencia, ni a su tierra, por no involucrarse con su angustia ni su tragedia, por haber vuelto a ella sólo para negociar una nueva forma de salir, la definitiva, de la que ya no volvería.

El escritor italiano César Pavese diría años más tarde que “lo bueno de tener un pueblo es tener un lugar de donde irse”. De haberlo escuchado Gómez Carrillo, seguramente, habría sonreído con complicidad.

Con todo, el cronista amaba a Guatemala, su Guatemala, allí donde desfilaban los recuerdos de las acciones de infancia y adolescencia que constituyeron el despertar de su alma a un estado en el que vida y literatura son una sola cosa: el escritor es personaje y el mundo, el mejor libro.

Como todo un protagonista de novela Picaresca, en El despertar del alma, la primera parte de su libro de memorias reeditada por Editorial Cultura, Enrique Gómez Carrillo se dedica a narrarnos, en primera persona, la historia de sus primeros años de vida que, si bien se contrapone a la de un pícaro Don Pablos o un Lazarillo de Tormes, por su linaje aristocrático, logra sustentar su figura con la irreverencia, el sentido del humor y su desprecio por los caminos trazados y la solemnidad. Actitudes que lo acompañaron a través de su corto recorrido por las aulas, su primera salida del hogar en versión “Rinconete y Carrillo”, su salto del primer amor al otro que luego profesó hacia la literatura francesa, su militancia en las salas de redacción y las tabernas, hasta llegar a ese momento crucial en el que el mundo le abre las puertas y lo adopta como ciudadano universal.

Como buen pícaro, su posición frente a la vida tiene una justificación: en su caso no es más que su pasión por la belleza y la libertad, a las que se dedicará, sin arrepentimiento, hasta el final.

Hoy, Gómez Carrillo se alza como un firme referente que ha sido olvidado y en el cual vale la pena poner la mirada, su obra es una cátedra de intensidad vital y su mayor enseñanza, presentarnos al escritor irreverente, insurrecto y a la vez comprometido con una línea de conducta, la de escribir con franqueza, con honestidad.

 

Vania Vargas

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