Literatura guatemalteca – Conversaciones con Carlos H. López Loarca

Carlos H. López Loarca: la literatura es un arma para interpretar el mundo

Por: Vania Vargas

Foto: Jorge Mario García

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Faltaban algunos días para el 12 de septiembre de 2005. Carlos Humberto López Loarca atendía su clínica pediátrica cuando recibió una llamada que alteró su rutina. Se había convertido en el primer quetzalteco, en más de cincuenta años, que era galardonado con el premio único de Poesía de los Juegos Florales Hispanoamericanos.

La noticia causó revuelo. Esa noche, durante un concierto de música clásica en el Teatro Municipal, suspendieron por un momento la actividad para dar la gran noticia: un quetzalteco, finalmente, había ganado el prestigioso certamen de la ciudad.

Ese fue un buen año literario para López Loarca, autor de dos libros de cuentos “El reverso de la cuerda” y “Los habitantes del muro”. Unos meses atrás también había sido acreedor del premio único de poesía de Mazatenango.

A dos años de esos acontecimientos, nos reencontramos, una noche, para dar un paseo retrospectivo a lo largo de su vida literaria.

La herencia

Caminando hacia atrás, Carlos López se encuentra con la Guatemala de su infancia, un país en el que reinaba la represión, no solo física, sino, en contra de las ideas. Sin embargo, la participación de su madre en el Magisterio, y la militancia periodística de su padre, hacían de su casa un lugar en el que podía tener acceso privilegiado a los libros, y un estímulo constante para leer y reflexionar.

De los libros de Historia, y los libros de lecturas, como “Barbuchín” o “Mi bandera”, pasó al descubrimiento de los clásicos. Vivió sus primeros asombros literarios en las páginas del “Castillo de los Cárpatos” y “Viaje al centro de la tierra” de Julio Verne; y aún trata de reencontrarse con “El tulipán negro” de Alejandro Dumas.

Pero, contrario a lo que se podría pensar, la literatura en ningún momento se convirtió en un elemento para evadir la realidad social que lo rodeó durante su niñez y juventud, más bien se constituyó como una herramienta que, junto a los libros de Antropología y Economía Política, entre otros, le sigue sirviendo para interpretar el mundo.

El descubrimiento del “otro”

Los encuentros con la literatura continuaron, y se afianzaron durante su época de estudiante de medicina. En la sala de Labor y Partos leyó Pedro Páramo, del escritor mexicano Juan Rulfo; y, durante los turnos en el Hospital, escribió sus primeros textos y los compartió. Allí sostuvo largas pláticas sobre literatura, que,  junto con un buen grupo de libros, lo marcaron para siempre.

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