Reportaje – El idioma de los quetzaltecos

El idioma de los quetzaltecos: un hijo de dos culturas en convivencia

 

Por:  Vania Vargas y Carmen Lucía Alvarado

Fotos: Vania Vargas y Enrique Hernández

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Quetzaltenango es la segunda ciudad con más importancia política y económica de Guatemala. Su territorio alberga a un 50 por ciento de población K’iché y otro 50 por ciento de población ladina. La convivencia de ambos grupos regala una riqueza cultural especial que se manifiesta en su cultura, sus tradiciones y su lenguaje.

Con grabadora en mano y sin mayor introducción visitamos el mercado del centro comercial municipal, el área de terapia física del Hospital Regional de Occidente, y una casa particular, para abordar a cuatro mujeres adultas, un hombre de 80 años y un niño de 7, con el objetivo de identificar, mediante conversaciones espontáneas, aquellos elementos que caracterizan al español que se habla en esta ciudad.

 

La concentración de dos vertientes

De acuerdo con el antropólogo Roney Alvarado, Quetzaltenango es una ciudad cuarenta veces más pequeña que la capital, sin embargo, su importancia se remonta a la época anterior a la invasión española, cuando en sus tierras se asentaba una alta jerarquía maya, que administraba toda la región K’iché, lo cual más adelante se constituyó como motivo para que los españoles  concentraran sus negociaciones políticas en el lugar.

Actualmente, es el centro urbano del occidente en el que, diariamente, conviven ladinos y K’ichés dentro de una población proporcionalmente distribuida, que accede de manera más igualitaria, en relación con otras áreas del país,  a la participación política, social y educativa.

Esto ha derivado en que ninguna de las dos influencias se imponga del todo, más bien, permite que los matices de ambas sean igualmente perceptibles en las diferentes manifestaciones culturales, como sucede en el lenguaje.

Aunque cabe resaltar que prácticamente la lengua materna de los mayas en la cabecera es el español.

Solo las mujeres mayores de 55 años hablan y entienden K’iché; los hombres, por su parte, lo han abandonado parcialmente, desde hace aproximadamente cinco generaciones, debido a su contacto con la educación, su resistencia a la discriminación y la necesidad del idioma para efectuar transacciones comerciales.

Según Alvarado, Quetzaltenango es una ciudad muy representativa de las relaciones interétnicas de todo el país. En ella se concentran, al mismo tiempo, los mayores extremos de discriminación interétnica y las expresiones de mayor convivencia.

Entre el acercamiento y el respeto

Dentro de las características del lenguaje en Quetzaltenango nos encontramos con la variación en las formas de tratamiento, a través de las cuales se distingue una marcada identificación de jerarquías.

Aparece así, el uso generalizado del “usted” como una forma de tratamiento respetuoso. Este se utiliza, generalmente, entre personas que acaban de conocerse.

Con el paso del tiempo y de acuerdo con la familiaridad que adopten los hablantes, el trato evoluciona directamente al uso del “vos”.

Este último, además de denotar acercamiento, también es utilizado para marcar diferencias de edad -el mayor lo utiliza hacia el menor- y de clases sociales – el patrón lo utiliza hacia el trabajador-.

Al igual que en el español de otras regiones americanas, como en el caso de Chile, en Quetzaltenango se da una mezcla de las dos formas de tratamiento, el usted y el vos, en aquellas personas que tienen una estrecha relación afectuosa.

El uso de vocativos antepuestos al nombre de las personas es otra costumbre que indica respeto, tal es el caso de “seño”, que se antepone al nombre de las mujeres de quienes se desconoce su estado civil; “Doña”, antes del nombre de las mujeres casadas o ancianas; y “Don”, en el caso de los hombres.

En cuanto al trato hacia los niños y niñas, se utilizan vocativos como “mamita”, “papito” o la anteposición al nombre de la palabra “niño” o “niña”.

Características morfológicas

El español en Quetzaltenango se caracteriza, además, por una serie de modificaciones en la forma de las palabras, que incluyen el uso continuo del diminutivo a través de sus terminaciones “ito”, “ita”. Tal es el caso de palabras como “cafecito”, “poquito” y “tiempecito”.

En contraposición a esta forma, es común la utilización del superlativo con sus terminaciones “ote”, “ota” e “isimo”.

El hablante quetzalteco promedio cumple, además del papel de emisor, el de un eco constante de las respuestas o las frases a las que quiere dar énfasis, con el fin de corroborar la información, o de, simplemente, llenar espacio:

— ¿Y su mamá cómo está?

— Más o menos, la semana pasada estaba muy enferma

— Estaba muy enferma…

— Sí, fijese.

El quetzalteco tiende, además, a la pluralización del pronombre, que cambia el “yo” por el “nosotros”; así como a dejar inconclusas las frases, como si sobreentendiera que el receptor capta el sentido completo de las mismas.

En el habla de Quetzaltenango casi no existe la concordancia entre género y número, se hace amplio uso del loísmo y de pronombres posesivos, los cuales llegan a duplicarse en la mayoría de los casos, tales como “suyo de él” o “suya de usted”; o bien se utilizan con la formula siguiente: adjetivo indefinido + posesivo + sustantivo, lo cual da como resultado oraciones como “Tenía una mi amiga “.

Es común la utilización de la doble negación, como en el caso de “Ni esto no es igual”; el cierre de las negaciones con “también” en lugar de un “tampoco”; así como el planteamiento de afirmaciones que se cierran con una negación, como en la siguiente oración: “Usted vino ayer, no”.

El cambio en el uso de varias preposiciones es otro elemento que vale la pena resaltar. Tal es el caso del uso de la preposición “en” en lugar de “a”, como en la oración “Todos los viernes nos vamos en Xela” o “Tienen que ir en una oficina”.

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Un lenguaje que transmite sensaciones

Fonéticamente, el español del occidente del país permite crear la sensación de lo que se está hablando a través del alargamiento de algunas sílabas, especialmente la penúltima. Este efecto puede enfatizar sentimientos de severidad, de una espera que se alarga, lejanía o profundidad. “Ella vive en aqueeeeeella calle”.

Se da, también, una economía del lenguaje representada por la aspiración de sílabas enteras como en el caso de decir “pallá” en vez de “para allá”; por la aspiración de vocales y consonantes, así como el cambio de algunas de ellas: “star” por “estar”; “tons” por “entonces”; “verdá”o “vaá” por “verdad”; “edá” por “edad”; “ná más” por “nada más”; “eos”o “eas” por “ellos o ellas”; “jue” por “fue”; “ora” por “ahora”; “nochs” por “noches”; y  “teníanos” o “estábanos” por “teníamos” o “estábamos”.

También es común el resaltamiento de hiatos. Es decir, que cuando en dos palabras seguidas, la primera termina con vocal similar a la que da inicio a la segunda, estas se unen en una sola, como en “desdese”, “destar”, “diunavez”, “paracá”, “parallá”, “deso”, “fui hablar”o “fui atender”.

 

Un léxico propio

El léxico es otro elemento del lenguaje que va cambiando de acuerdo con la región. Quetzaltenango no es la excepción. Dentro de su vocabulario se encuentra una serie de palabras y frases que, ya sea nuevas o resemantizadas, se han adoptado para la comodidad del hablante.

Patojita o patojito: niño o niña

La hecha: la elaboración

De ahí: después

Trastes: recipientes

Delicado: asunto con cierto grado de seriedad

Chiflón: corriente de aire frío

Chapitas: rubor

Peilita: porcelana

Cubierto: tenedor

Servidora: cuchara

Duro: difícil

Pesor: peso

Quiere ganas: que implica hacer un esfuerzo

¡Ala!: interjección que indica sorpresa

Canche: rubio

Empedido: discapacitado

Menear: mover

Estar bonito: estar bien, saludable

De al tiro: de una vez

Mero: indica exactitud

Pan de molde: pan sándwich

Doblador: tuza

Influido por la convivencia de dos culturas y reflejo de la existencia de jerarquías sociales. Así es el idioma de los quetzaltecos. Flexible, sonoro y en constante evolución, para cumplir su misión primordial: llenar las necesidades de comunicación

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