Reseñas – El principito/Antoine de Saint-Exupéry

El principito

Antoine de Saint-Exupéry

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No hay soledad más inmensa que la de un niño. Quizá tampoco haya felicidad mayor que la del pequeño príncipe de capa azul, enamorado de su rosa, que se conforma con el dibujo de una caja para guardar un cordero. En el año 1943, el piloto aviador Antoine de Saint-Exupéry publicó Le Petit Prince (El Principito). En apariencia un libro infantil, El Principito es una reflexión sobre la magnitud de la soledad de un niño y de cómo perdemos la felicidad con el paso del tiempo.

La vida de Saint-Exupéry estuvo ligada a Guatemala en uno de sus viajes Nueva York – Tierra del Fuego en el año 1938. Luego de abastecerse en el aeropuerto de Guatemala, por un error de cálculo, se estrelló al final de la pista sin poder siquiera despegar. Muchas de las imágenes del planeta del principito, como los volcanes, uno activo y otro apagado, la rosa, etc., son claras referencias de la ciudad de Antigua Guatemala, lugar donde Saint-Exupéry se recuperó de su accidente.

Los griegos solían escribir en sus navíos Vivir no es necesario, navegar sí. El inmenso océano de la vida está dado, el sentido de nuestro existir, de nuestro navegar está en la belleza. Saint-Exupéry explora este carácter excepcional de la vida. El principito que jamás permite que sus preguntas queden sin contestar, que le resulta ajena e incomprensible la vanidad de los hombres, que realiza un viaje interplanetario con la intención de explorar el espacio, representa la pureza y la magnitud del corazón de un niño. Las páginas de Saint-Exupéry encuentran lo eterno en lo breve.

El Principito que vivía en Saint-Exupéry perdió la vida disfrutando la mayor sensación de libertad posible, sobrevolar el mar de los antiguos, el Mediterráneo. Quien lea con atención estas páginas descubrirá que en lo más pequeño habita lo más importante de nuestra vida. Eso que nos llena los ojos de lágrimas al contemplar la magnitud de la noche estrellada, el aroma que nos recuerda el abrazo de una madre. Saint-Exupéry nos deja en El Principito la profunda sensación de que los ojos son ciegos, de que hay que buscar con el corazón.

Diego Santizo

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