Reportaje – Leyendas urbanas

Leyendas urbanas

Equipo de Luna Park

Fotos: galería digital y Vania Vargas

 

Historias que se han transmitido de boca en boca, de generación en generación. Pueden ser conocidas por todo un pueblo o bien pueden ser parte de una herencia familiar. De cualquier manera siempre causan fascinación y asombro.

En el mes de los muertos, Carmen Lucía Alvarado, José Gerardo Muñoz y Vania Vargas reviven a tres de ellas, exactamente como les fueron contadas. El área de comentarios queda abierta para que nos cuentes la tuya…

 

4-reportaje-bosque

Una aparición en el edificio de Correos

La cuarta calle de la zona uno en Quetzaltenango, angosta como casi todas las calles del centro de la ciudad, viejas, con historia y personalidad. A tres cuadras del parque central se encuentra, sobre esta calle, el edificio de correos, un edificio hecho de piedra y años.

Tal vez es porque ha recibido tantas palabras en su interior, historias en papel, noticias en morse, recuerdos  organizados en anaqueles de madera, costales de letras, saludos en un “tac…tac tac” del telégrafo; pero ese edificio tiene más que corredores y salas.

Patios inmensos, corredores, gradas de madera, el lugar es perfecto para que los susurros de otros días se hayan quedado atrapados en algunos rincones. Historias deben de haber muchas, yo les contaré una, narrada por el mismo protagonista asustado de hace cuarenta años.

Estamos en 1967, una noche de diciembre, y un niño camina solo en las calles de Xela. Los pasos ligeros y la cena de su padre, que tenía turno en el telégrafo esa noche, lo llevan a este edificio cuarenta años más joven que ahora. Pasos que hacen eco en el paredón al fondo del patio, un pasillo que en la mañana era pequeño, pero en la noche es un desierto interminable, la madera que rechinaba y despedía un olor con recuerdos del sol de mediodía.

El niño sube las gradas con la cena aún caliente, llega al segundo piso y se dirige al salón de aparatos en el que lo esperaba su padre. Al pasar enfrente de una puerta escucha un corto silbido que lo llama, se voltea y alcanza a ver una silueta que lo llama con la mano, “mi papá”,  piensa el pequeño que se  dirige a la habitación, en la que sólo hay un catre con una colchoneta enrollada encima, y la única puerta al fondo, cerrada, con pasador del lado de la habitación.

Al salir de la habitación se da cuenta que es imposible  que alguien pueda poner un pasador si está del otro lado de puerta, entonces, ¿en dónde está su papá?, o más bien, ¿era su papá? Llega al salón de aparatos, mira a su papá sentado y concentrado en su trabajo. Lo primero que hace es preguntarle quién estaba en la otra habitación, a lo que él responde que no hay nadie más, y que, durante horas, él ni siquiera se ha levantado de su silla.

El misterio se convierte en una escarcha que invade su pequeño y tembloroso cuerpo, el misterio es transformado en miedo y en evidencia de haber escuchado y visto algo que no pertenecía a este mundo y que deambulaba en ese lugar lleno de historias escritas en papeles que alborota el tiempo.

El extraño caso de Gerardito Valdizán

La historia del asesinato de Gerardito Valdizán tal y como me la sé siempre ha variado, tal vez sea porque retrata un hecho bastante oscuro, lamentable, ambiguo y sobre todo inquietantemente real que ha despertado la morbosidad y la fantasía de esta ciudad tan llena de costumbres y secretos a voces.

Gerardito era de apellidos Valdizán Botrán, sí los mismos de la licorera dicen, tenía  8 o 9 años, estudiaba en el Liceo Guatemala,  y los hechos que dieron lugar a esta tragedia ocurrieron a finales de los años 50´s o talvez a principios de los 60´s, el año no importa, en pleno invierno o en pleno verano, cosa que tampoco importa, dicen, pero lo que sí, es que el día de su muerte Gerardito estaba jugando, aún con su uniforme del Liceo, en el parque Benito Juárez con su bicicleta roja, cuando un sujeto (nunca se ha sabido su nombre) se le acercó. Algunos cuentan que era un joven, otros que era un viejo espantoso de nacionalidad mexicana, dicen. El desconocido le ofreció dulces. Gerardito se comió el irresistible ofrecimiento, no sabía que las golosinas tenían alguna droga que lo iba a adormecer en pocos minutos, dicen. El desconocido le dijo que si le habían gustado los dulces él tenía más pero guardados en su casa que quedaba a menos de una cuadra del parque donde estaban. El pobre Gerardito Valdizán dudó un poco en acompañar al desconocido, pero en su mente infantil no creía que alguien que regalara dulces pudiera ser mala persona, dicen.

Algunos testigos, aquí es cuando la historia se vuelve más confusa, vieron a la pobre criatura a la par de un hombre desconocido que cojeaba, dirigiéndose rumbo a una casa de madera que quedaba en la cuarta calle, entre quince y dieciséis avenida de la zona tres. El sujeto iba arrastrando con su brazo una bicicleta roja, y el otro iba recostado sobre los hombros de Gerardito. El niño se miraba contento, dicen unos, parecía que conocía a su acompañante; otros, que el niño estaba pálido, no se miraba bien. Entraron en una vieja casa de madera, dos niveles, paredes exteriores color “azul bandera”.

Dentro de la casa, el sujeto le dijo a Gerardito Valdizán que subiera las escaleras, ya que arriba iba a encontrar en un cuarto todos los dulces que él pudiera comer, el pobre niño sin oírlo dos veces subió corriendo, pero sintió inquietud al ver que en el segundo nivel de la casa no había nada más que polvo y un catre, por lo que decepcionado se volteó para preguntarle al desconocido dónde estaban los dulces. Eso fue lo último que pudo hacer, porque al no más darse vuelta el desconocido lo tomó del cuello y, a la fuerza, lo llevó hacia el lecho que ofrecía el catre, dicen. ¿Qué ocurrió después? no se sabe con exactitud, pero existen dos versiones. Una, que el desconocido quiso abusar de Gerardito; otra que no, sólo quería matarlo. Lo que sí es cierto es que el asesino tomó un hacha oxidada y la asestó un terrible golpe en la cabeza al niño, quien pese a su debilidad no murió, es más, ni siquiera quedó inconciente, dicen. El niño comenzó a gritar pidiendo ayuda, el desconocido comenzó a golpearlo con las manos y con la parte roma del hacha, y Gerardito entre más cerca sentía la muerte, gritada con todas sus fuerzas una frase que había aprendido en las clases de catecismo: “Antes morir que pecar”, ¿cuánto duro su agonía? sólo Dios sabe, dicen.

La forma como la gente pudo entrar al recinto no es muy clara, pero lo que sí se sabe es que encontraron aún con vida a Gerardito, quien con voz casi imperceptible seguía repitiendo “Antes morir que pecar”, por lo que la gente conmovida envolvió la cabeza del pequeñito con su mismo suéter verde del Liceo y lo sacó a la vía pública junto a  la bicicleta roja, tal vez fue un acto de caridad humana que buscaba que el niño se fuera lo más pronto posible “al cielo”, dicen. Gerardito dejó de existir. Unos creen que cuando lo sacaron ya estaba muerto; otros que dejó de estar en el mundo cuando llegó el cura del Liceo a darle los santos óleos, y estotros que murió en una avioneta mientras lo llevaban a la ciudad capital.

Respecto a qué ocurrió con el asesino nunca ha quedado muy claro, existe una versión en la que se afirma que escapó; otra, que la gente lo agarró y después lo fusilaron, estotra, realmente quien lo mató fue un su tío y que por eso jamás se procesó a nadie.

Por esta tragedia la familia Botrán se fue de Xela, dicen…

4-reportaje-vanusca

 

Vanushca, la celestina de ultratumba

Gran misterio rodea la leyenda de esta gitana que murió de amor y que, hoy, desde su tumba intercede por los amantes desesperados que día a día acuden al cementerio general de Quetzaltenango para colocar flores y llenar de peticiones la tumba donde, desde hace alrededor de un siglo, descansan los restos de la Vanushca.

Las versiones de su historia han variado con los años. Unos dicen que era una gitana rusa que vino de España y que se enamoró perdidamente de un quetzalteco de la alta sociedad; otros dicen que el español era él. El caso es que de una u otra manera, se trataba de una relación prohibida, imposible.

Unas versiones indican que fue el padre del novio quien trató de evitar la relación, y, para ello, envió a su hijo a estudiar a España; otras versiones afirman que los gitanos, simplemente, continuaron su camino por Guatemala.

Sea como fuere, el resultado no varía: la mujer muere abrumada por la imposibilidad del amor, y desde entonces no faltan flores en su tumba, peticiones amorosas para que vuelva el ser querido, y regalos por los deseos cumplidos.

Sin embargo, la confusión va más allá, y es que la verdadera identidad de quien descansa en esa tumba está en entredicho. A pesar de una lápida que parece identificarla plenamente, hay quienes indican que no coincide con su nombre real ni su edad.

De cualquier manera, Vanushca Cárdenas Barajas, Margarita Mielos o simplemente Vanushca resulta ser un dato intrascendente cuando una visita y un deseo sobre su tumba prolongan la esperanza de algún corazón.

4-reportaje-vanusca1

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s