Literatura guatemalteca – Poesía: la subversión del lenguaje

Poesía: la subversión del lenguaje/

Entrevista con Marco Antonio Flores

Por Vania Vargas

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-Esta entrevista se realizó un par de años antes de que le fuera conferido, a Marco Antonio Flores, el Premio Nacional de Literatura. Fue publicada, parcialmente, en el periódico El Quetzalteco, y en el libro titulado “Contrapoder, decir y hacer en Marco Antonio Flores”, editado por Alexander Sequén-Monches-.

Marco Antonio Flores es uno de los escritores guatemaltecos más importantes de los últimos tiempos. Poeta, narrador, periodista, Premio Nacional de Literatura y ex militante rebelde. Divide su tiempo entre Guatemala, el país que ama y en el que trabaja como director de la revista cultural La Ermita; y México, el país que le abrió sus puertas tras dos exilios que, él asegura, aún no terminan.

Polémico, irreverente, pero muy humano, el “Bolo” Flores  me recibe en su estudio: un cuartito tapizado con libros y fotografías en el que el caos de la avenida, de un miércoles a medio día,  apenas se percibe como un rumor constante que sirve de fondo para una conversación que explora el oficio del escritor, la poesía, la corriente del inconsciente, y las voces que estructuran el discurso del artista.

¿Después de haber publicado siete libros de poesía, adicionales a tus novelas, columnas periodísticas y ensayos; te considerás más poeta o narrador?

Ninguna de las dos cosas, creo que esas son categorías más bien académicas. El hecho literario es una necesidad de expresión y hay muchas vertientes para llevarlo a cabo. Quizá muchos escritores estén influenciados por este tipo de categorías y antes de la necesidad de expresarse busquen hacerlo a través de ellas: “voy a hacer una novela, un poema”. En mi caso, surge la necesidad de expresión y va encontrando un cauce para lo que quiero decir o lo que siento.

Cuando surge un poema es porque esa necesidad de expresión está sintetizada en una emoción, quizá muy interiorizada en mi inconsciente, y de pronto, por una necesidad emotiva, surge un recuerdo o un sentimiento escondido y hay necesidad de expresarlo en un discurso que dura muy poco, y eso, en todo caso, se llama poema.

Pero hay una multitud de recuerdos que van surgiendo muy lentamente y se van encontrando con un discurso más racional, más lógico -porque el lenguaje de la poesía no tiene que ver con el lenguaje lógico que utilizamos para expresarnos, sino que es un lenguaje de imágenes, cargado de emociones e imágenes que subvierten la lógica del lenguaje: las imágenes y las metáforas son una subversión del lenguaje lógico- se da, entonces una concatenación de ideas y acontecimientos que van surgiendo con más lentitud para, finalmente, lograr un discurso. A esto se le llama narrativa.

No me siento ni poeta ni novelista, el hecho literario es una necesidad de expresión.

¿Mencionabas emoción, imágenes y subversión. Podrías añadir algo más para crear una definición de Poesía?

No hay una definición única, hay múltiples definiciones de la Poesía. Podría decir que es una necesidad de expresión que sintetiza un momento emotivo de quien lo escribe, que sintetiza la realidad.

Podría hacer otra definición ahora mismo y ser contradictoria. Las definiciones son espacios cerrados que no son determinantes para entender un fenómeno tan multifacético como la Poesía.

¿Cómo diferenciás un texto poético de uno que no lo es, pero que lo aparenta, quizá por su forma, su brevedad, la utilización de versos cortos?

Octavio Paz tiene un ejemplo bastante fácil de entender. Un soneto se puede hacer para anunciar un jabón y siempre es un soneto: tiene estructura formal, versos pareados, consonancia y rima, pero no es Poesía.

Quizá desde la estructura clásica es un poema, porque es soneto, pero no es poesía: es anuncio de jabón. Así que la poesía no está determinada por la extensión, ni por el tema, ni por la estructura. Está determinada por la transmisión de una emoción.

Es que es difícil que un poema contenga Poesía, si esa intensa emoción -que es la carga que la Poesía debe llevar- no existe y no se transmite, allí solo hay una estructura poética, pero no hay Poesía.

Acabás de hablar de emociones, y esa palabra hace alusión a algo muy íntimo. Se dice que la poesía es una expresión lírica, la expresión de los sentimientos…

No necesariamente. La poesía se puede referir a todo, no solo a los sentimientos personales, no solo al amor, no solo al dolor o a la muerte; sino se puede referir al mundo exterior al cual el hombre está ligado por lo sensorial. Esos estímulos que recibe a diario se van acumulando en el inconsciente, y quizá, en un estado emotivo muy intenso, logre sintetizarlos en un poema. El poema es como un sueño. Surge de tu inconsciente. Esas metáforas que te explican la realidad con otras palabras están surgiendo de un mundo que es parte de vos pero que no es parte de tu conciente. En fin,  la Poesía se puede hacer hasta de las cosas más prosaicas.

El momento en que esa corriente del inconsciente lanza el destello para que escribás, podría identificarse con la famosa “inspiración”…

No. La inspiración no existe, las musas no existen, existe la acumulación de sensaciones y emociones y una necesidad emotiva, o a veces racional, de expresarse. El poeta lo hace a través de las palabras, y  de allí viene el oficio. El poeta debe formarse, buscar el discurso en otros poetas. Un poeta no se hace si no tiene intensas influencias, si no las ha recibido, aceptado e interiorizado en profundidad. Si solo lee a los poetas por leerlos, tal vez percibe alguna forma acerca de la poesía, pero no se produce en él esa influencia que es asumir el discurso del otro, reelaborarlo en el conciente y subconsciente y buscar la propia voz, que quizás jamás se encuentra en definitiva, porque está cargada de todas las lecturas.

Hablando de influencias, ¿cuáles son los poetas que, de alguna manera, te han marcado el rumbo?

No lo puedo saber con exactitud, aunque Cesar Vallejo es un poeta emblemático, determinante en el inicio de mi trabajo poético; también Pablo Neruda, aunque Neruda mucho menos, casi nada. Yo leí todo Neruda para saber qué es lo que no tenía que hacer.  Juan Gelman, por ejemplo, es un poeta argentino determinante para mí. León Felipe, un poeta español y  Miguel Hernández -estoy hablando de la primera etapa-  ya de mi última etapa quizá haya sido Cavafis; y así podemos hablar de 20 o 30 más.

Volvamos a tu momento de creación, ¿cuáles son tus ceremonias?

Cada uno tiene una forma disciplinaria de poderse sentar y sintetizar lo que necesita decir. Sartre, por ejemplo, iba a un café. Miguel Ángel Asturias era un escritor disciplinado, se levantaba a las seis de la mañana y escribía una hora u hora y media. Para mí eso es una taradez. Yo no podría hacerlo, no podría entender la literatura como una disciplina diaria. Yo vivo leyendo y no pienso en escribir.

Pero ese momento de encuentro con uno mismo se da, para mí, en lugares absolutamente silenciosos, necesito absoluta privacidad; Si alguien está cerca de mí no puedo escribir,  y necesito mucho tiempo, porque cuando empieza a aparecer el primer texto necesito reconcentrarme para saber qué es lo que voy a hacer. Si no tengo eso que te digo a mi alrededor, no puedo hacerlo. Si hay alguien: ame o no ame a esa persona, sea quien sea, no puedo escribir. Necesito una absoluta soledad en ese encuentro conmigo mismo; y  papel y lápiz, porque no escribo a máquina. Entonces, hago un texto, lo reelaboro, lo retrabajo y lo dejo allí meses o años.

Te voy a mencionar los títulos de tus libros de poesía y quiero que me digas, con una palabra, lo que te traen a la mente.

“La voz acumulada”…

Nada.

 

“Muros de luz”…

Es un momento de rescate de mi historia y la de mis amigos, quizá.

“La derrota”…

Es un libro de exilio.

“Persistencia de la memoria”…

Mi familia está en el centro de eso. Mi familia anterior y también mi familia actual.

“Crónica de los años de fuego”…

Es, de nuevo, un libro de exilio.

“Un ciego fuego en el alma”…

Es un libro de una relación amorosa.

Y “La estación del crepúsculo”…

Es una despedida.

¿Cómo ves el panorama poético en Guatemala y lo que están haciendo los jóvenes poetas?

No conozco el panorama, no sé qué están haciendo. Lo único que he logrado avizorar, y a veces intuir, es que son un grupo que busca el reconocimiento fácil, que se improvisa  para lograr el éxito inmediato.

No es un  buen momento poético para Guatemala. Nunca lo ha sido. Este país es muy atrasado en todos los niveles, y en la poesía no es la excepción.

El  trabajo literario es muy improvisado en términos generales. Se confía mucho en la  inspiración y no hay una seriedad para profundizar en el fenómeno poético. No hay esa pasión por la lectura de la poesía, que es la que forma en definitiva al poeta.

Estos muchachos leen dos que tres y oyen que Monteforte les dijo:  “ah que lindo estás escribiendo”, y ya se creen poetas. Lo que pasa en que Monteforte necesitaba a los cortesanos alrededor; y la forma de conseguir Corte era decir “¡oh!, pero que poeta más importante sos”, y se lo creían. Ese es el problema de los jóvenes poetas: no son rebeldes, estos muchachos necesitan de show; y el poeta no necesita de show.

¿Creés que en algún momento pueda cambiar ese panorama?

Difícil porque no hay espacios ni reconocimientos académicos. Aquí se buscan viejitos o muertos para hacer los reconocimientos. A no ser que un joven haya sido ungido en Europa o por Monteforte o por otro de estos santones, entonces los académicos se les acercan pero nunca hay exégesis.

Los académicos en Guatemala también son superficiales, si no encuentran qué alabar, no se atreven a ejercer la crítica. El caso más evidente es A kabal: como fue a conquistar Europa con la guacamaya en el hombro y la pluma aquí prendida; y todos los europeos en ese momento querían hacer del indio el ungido, aunque no escribiera bien, entonces al regresar ya fue recibido con bombos y platillos. Pero al acercarse los académicos al texto y descubrir  que no podían refrendar las alabanzas, se callaron. En Guatemala no hay crítica.

¿Qué autores recomendarías para aquellos que quieren acercarse a la poesía?

Ninguno. Eso es dirigismo, y el poeta no puede ser dirigido. El poeta tiene que buscar por sí mismo. Allí radica la pasión de la lectura. Si un escritor no tiene pasión por la lectura no avanza, no se desarrolla. En la poesía no hay recetas.

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