Reportaje – El arte, la vida y la calle: cuatro perfiles del arte urbano en Xela

El arte, la vida y la calle:

cuatro perfiles del arte urbano en Xela

 

Texto y fotos: Vania Vargas

 

Hace algún tiempo, el centro cultural La Serpiente, que –dicho sea de paso- pronto cambiará de piel, organizó una actividad denominada Artecalle, y reunió a varios artistas para que, durante una tarde, trabajaran en el centro y ofrecieran su arte.

Con base en ese concepto, Luna Park salió a la calle para buscar a algunos de ellos, platicar y descubrir sus historias personales y las de su trabajo.

Así, encontramos a cuatro artistas callejeros: un perforador, un tatuador, un artista del spray, y una artesana. Todos caracterizados por su sencillez, la seguridad que tienen en que su trabajo es un arte, su habilidad para realizarlo, y su pasión hacia lo que hacen y toman como único medio para vivir.

La estética y el dolor

 

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Sobre la doce avenida de la zona 1 de Xela está el local. Se llama Ángeles. Es un lugar pequeño, pero bien iluminado, tapizado con fotografías, y coloridas artesanías sudamericanas. Adentro está Luis. Tiene 29 años. Es perforador y un catálogo viviente. A la fecha, se ha hecho 24 perforaciones. Y es que así empezó. Haciendo travesuras, dice él. Perforaba a sus amigos y se perforaba solo, hasta que la actividad se convirtió en su medio de vida.

Primero, por medio de citas en su casa, luego de manera ambulante por las ferias de los departamentos, y ahora, en el local donde recibe a hombres, mujeres, jóvenes y adultos, guatemaltecos y extranjeros que buscan ser perforados por cualquier razón: moda, rebeldía, o como un medio estético de expresión corporal que desafía los malos ojos que aún no deja de poner cierta parte de la sociedad.

El procedimiento, según Luis, es rápido. Escoger la pieza, esterilizarla durante 10 minutos a un máximo de 400 grados, preparar la aguja desechable y perforar, sin anestesia, ya que ésta, además de alargar el tiempo de preparación, podría provocar sangrado.

¿Entonces, el piercing es un arte? Claro que sí, afirma Luis, luego de explicar que se está hablando de una estética que ha evolucionado, en su concepto, desde la Antigüedad; aparte de que estamos hablando de su vida, su pasión y su medio de subsistencia.

Arte en la piel

 

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Programa la música de fondo en su computadora. Se pone los guantes. Se persigna frente al cuadro de la Virgen de Guadalupe que está en la pared. Y a tatuar. Eso es lo que hace Ángel desde hace más o menos media vida. Tiene 28 años. En aquel entonces, empezó con una máquina hechiza y un grupo de amigos que se tatuaban entre sí. Su primer tatuaje fue el nombre de quien ahora es su esposa. Así empezó el gusto. Hoy tiene en su cuerpo alrededor de diez tatuajes, y es que, según dicen, quien se tatúa, vuelve.

Para perfeccionar la técnica que tanto le gustaba, Ángel estuvo durante seis meses en Estados Unidos. Allí se profesionalizó. Luego se instaló en Xela, y tras muchos años de trabajar en su casa, se contactó con Luis, el perforador, con quien, hace dos años, abrió el local en donde, hasta la fecha, ha realizado alrededor de 3 mil tatuajes de todo tipo y por las diversas razones que hombres y mujeres evocan para dejarse una marca indeleble en la piel: la apropiación de un concepto, un recuerdo, el paso de una etapa vital, un elemento estético, cualquier cosa.

Sin embargo, por diversas razones, el tatuaje no es visto con buenos ojos. En su defensa, Ángel explica que no hay que generalizar, y con una mentalidad más abierta, apreciar la habilidad de los trazos, la estética, el concepto y el manejo del color que caracterizan a este arte.

Los dictados de la imaginación

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De algo está seguro David Cotí, nuestro siguiente artista, y es que si una vez se tiene el conocimiento de los colores,  la pintura no tiene más límites que los que uno mismo se pone. De allí que su vida se centre en la innovación de su arte, de manera que continúe siendo el medio que le permita mantener su hogar, así como cuidar de su esposa y sus dos hijas pequeñas. Tiene 25 años y se considera un pintor callejero. Y es que en la calle le señalaron su talento, le dieron el primer empujón para continuar, allí siguió aprendiendo, allí vivió algunas de las experiencias más duras de su vida, allí se formó.

Tenía 14 años cuando un extranjero lo vio pintar en el Parque Central de Xela y le compró varios dibujos. A partir de allí siguió pintando, pero ahora, con la intención de vender su trabajo, empezó a viajar por Guatemala, México y Centroamérica donde el público confirmó su talento.

Su evolución artística fue desde el dibujo con tinta negra, a la elaboración de cuadros con spray. Pronto abandonó la primera técnica que partía del dibujo con base en moldes, y optó por un estilo más libre, dictado sólo por su imaginación.

Desde que nacieron sus hijas dejó de viajar. Ahora continúa pintando en su taller, por encargos, y en la publicación periódica de carácter publicitario conocida como “El caminante”. Sus planes: tener un espacio en la red para divulgar su trabajo, y seguir aprendiendo, pues sabe que el camino del conocimiento nunca termina.

La tejedora de sueños

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Natasha es una patoja chaparrita de ojos verdes y un carácter imponente. Trabaja artesanías con la habilidad manual de un cirujano. Y es que quería estudiar medicina. Fue voluntaria de la Cruz Roja, en 1998, luego del huracán Mitch. Esa experiencia le permitió aprender muchas prácticas básicas que, luego, quiso perfeccionar en la universidad; pero la dificultad para entrar la decepcionó y optó por abandonar ese sueño. Hoy se dedica por completo a la artesanía: un gusto con el que creció desde los días de su infancia, vividos en Panajachel.

Recuerda que le gustaba pasar recogiendo piedrecitas, y tejer típico. Con el tiempo, estudió la función de las piedras, los colores, los aromas, las semillas, las plumas de las aves, y empezó a trabajar de manera ambulante, tejiendo, haciendo punto peruano, y trabajando el cuero. Así se convirtió en artesana de parche: es decir una artista que se ubica en plazas y en aceras, y coloca, sobre un cuadro de manta, de un metro, todo su trabajo, para la venta.

Hoy tiene tres locales en donde distribuye su trabajo: uno en su casa, otro sobre la calle Rodolfo Robles de Xela, y uno más en El Salvador. El siguiente paso es abrir uno en Estados Unidos o en Nicaragua. Todo impulsado por su pasión hacia los dos dones más preciados que afirma haber recibido: su habilidad manual para la artesanía, y su bebé de un año.

Enlaces:

Para conocer más acerca del trabajo de Luis y Ángel, visiten: www.darkplaceinxela.com o su local ubicado en la 12 avenida 1-22 zona 1, sobre la cuesta de San Nicolás.

David Cotí puede ser contactado en elcaminantexela@gmail.com o por vía telefónica al 54 52 26 41.

Y Natasha puede atenderlos personalmente en su local ubicado frente a la Escuela Soledad España en Xela.

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