Reseñas – La bestia rosa/ Francisco Umbral

La Bestia Rosa

Francisco Umbral

Tusquets

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En un insoportable domingo estival, como en El barco ebrio de Rimbaud, mientras el sol poniente pintaba largos coágulos violeta al atardecer, Francisco Umbral se sentó a escribir un diario indiscreto sobre su vida con Rimbaud. ¡No el poeta, ese endemoniado genio decimonónico francés, quien, a los diecinueve años, ya lo había escrito todo y se largó a Abisinia! El Rimbaud de Umbral es una niña deliberadamente hermosa, a quien, al parecer, conoció en Madrid –en un domingo precisamente– y que llevaba unos quevedos, y sobre el hombro al tiranosaurio “mientras trapicheaba el material”.

Umbral, periodista y escritor, Umbral, hijo de todas las buhardillas de Madrid, Umbral, el genio de la prosa española, Umbral, lúcido devoto, no sólo del genio precoz, sino del rostro de tierna mujer, del poeta. Rimbaud/niña, como Rimbaud/poeta, a sus escasos años, ya lo ha hecho todo. Erudita del sexo y de la embriaguez y, cuando no lo sabe, lo intuye, o, al menos, lo sugiere. Como lo diría el genio del color, Verlaine, “un ángel en el exilio”. ¿A quién no ha suscitado fantasías eróticas esa mujer-niña, esa mujer-bruja, esa niña-sabia, ese enigma al fin, que bien podría llamarse Rimbaud?

Esta es, pues, la historia de Paco y Rimbaud, el viejo sabio y cachondo y la niña de sus sueños, ese ángel que vive en una habitación donde Alicia, el conejo de Alicia, Virginia Woolf y Cocteau se meten en los armarios a jugar cartas, y el tiranosaurio, devota mascota de la pequeña Rimbaud, mira por la ventana el Alba como miles de servilletas que se levantan en el aire, Us and them, de Pink Floyd, devora cada partícula de la habitación, y Umbral y Rimbaud hacen el amor, una y otra vez, hasta incendiar el mundo. La Bestia Rosa no es la niña –ni tampoco el poeta: son “los dos, reunidos en la cópula, un monstruo de dos espaldas”.

La Bestia Rosa es un mundo imaginario poseedor de un lenguaje desaforado, donde las palabras buscan liberarse de la mojigatería ancestral, donde se explora el cuerpo ajeno, ese lugar tan amado y tan distante. Paco Umbral navega en el mundo de la literatura del endiablado Rimbaud, dibujándolo, navegando con el pequeño francés en un barco de sexo, embriaguez, locura y obsesión.

Diego Santizo

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