Reseñas – María Cruz y la angustia

María Cruz y la angustia

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María Cruz, nacida en 1876, fue hija de Fernando Cruz, uno de los diplomáticos más importantes de Guatemala.  Vivió, por ello, en varios países europeos y recibió la educación más adelantada para la época. Estuvo, desde pequeña, en contacto con los grandes intelectuales del siglo XX en Francia e Inglaterra. Incluso, llegó a servir a los afectados de la Primera Guerra Mundial, viudas, huérfanos y heridos. Murió, poco después de esto, en 1915.

En primer lugar, en su poesía aparece la reflexión sobre la vida y la muerte, que es el punto de partida de los existencialistas, estos se preguntan por el sentido de la existencia y el propósito de sus vidas. Así, de igual manera, muchos poemas de María Cruz introducen esos interrogantes en sus primeras líneas:

Angustiada me pregunto ¿Es la vida sólo un sueño? / y aguardando sigo inquieta, / a la fuerza resignada / que la muerte al fin me venga /a dormir o despertar. (Al partir).

A partir de estas ideas puede descubrirse su visión sobre la vida, como un tormento y sufrimiento para el espíritu inquieto, necesitado de respuestas y certezas. Incluso, empieza a anhelar la muerte (de igual manera que los modernistas y románticos) como única vía de escape ante esta angustia: Al ritmo fatídico rosario / con el recuerdo torcedor por guía / mi corazón, que en el mundo no desvía / la dolorosa vía. / Para mí será sobre la tierra / cada día luctuoso aniversario / por eso, sin temor al desengaño / mi alma tenaz, brumada de pesares / quiere llegar indómita y serena / al término fatal de su camino. (En horas de tristeza).

La reflexión sobre la existencia de otra vida o del destino humano es motivo de angustia y desesperación para la poeta. Son estos temas propios de la filosofía de la época, que afirman la completa libertad del hombre en el mundo, dejándolo así a la deriva de la acción moral y la decisión. El problema de la libertad del hombre (entendida como independencia de un principio superior que rige su conducta y actividad moral) produce angustia, que se refleja en su estado de ánimo desilusionado y desengañado por la vida: Por qué implorar el aislamiento / ruge la tormenta en el fondo de mi alma / A la luz de las estrellas / faz a faz y con desesperanza repito, / ¿para qué?/ Mi corazón es roca solitaria y perdida en alta mar / tumultuosas oleadas de recuerdos / la azotan sin cesar. (En horas de tristeza).

Es la actitud de desencanto típica de los existencialistas. Si el hombre no logra entender su propósito en la vida, no tiene ninguna certeza existencial y está destinado a “ser libre”, o sea, a no asirse a una fuerza superior y ética; entonces, desespera y lo manifiesta como un hastío por la vida. María Cruz ejecuta esta idea en el poema Crucifixión, al comparar su agotamiento espiritual con la muerte en cruz: El terror de la muerte, el desaliento y la ilusión fallida / hasta del mismo Dios abandonado / y hasta sin fe para esperar remedio /agoniza mi espíritu enclavado / sobre la cruz del tedio.

A partir de estos poemas puede verse cómo el tema de la angustia cohesiona y unifica muchos de sus versos, y la convierte en una de las pocas poetas de Guatemala que trabajan desde la visión existencialista.

Enlaces con otros poemas de María Cruz en la página de literatura guatemalteca:

El guante

Crucifixión

Nocturno

Al partir

Olga Custodio

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