Música y Cine – Léa Pool y Shakespeare/ Lost and Delirious

Léa Pool y Shakespeare

Lost and Delirious (2001), de Léa Pool

Por Diana Vásquez

 

 “Vengan, espíritus. Que yacen en pensamientos mortales, despojadme de mi sexo, Y llénenme de los pies a la cabeza ¡de la más grande crueldad! Adelgacen mi sangre, bloqueen las puertas y los pasadizos a las concupiscentes visitas de la naturaleza ¡Sacudan mi caída intención, sin mantener paz entre el afecto y ella! ¡Vengan a mis pechos de mujer Y conviertan mi leche en hiel, ministros del asesinato donde sea que en sus sustancias carentes de señales aguarden en la miseria de la naturaleza! ¡Vengan, estrechen la noche, Y unan al árbol con el humo del infierno! Que mi cuchillo no vea la forma que hace, ni el cielo penetre en el suelo de la oscuridad para clamar “¡Aguarda, aguarda!”

Lady Macbeth/ Macbeth Acto I, Escena 5

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Los  temas y las semejanzas

Un internado de señoritas canadiense es el escenario de este poco conocido,  filme de Léa Pool, otra también poco conocida directora suiza, quien ha realizado proyectos no populares, que se enfocan en una óptica inusual e íntima de las relaciones humanas, y que se inclinan hacia la parte no convencional de las historias.
Perdida y delirante son los dos adjetivos  exactos para calificar a  los personajes de estas dramáticas escenas. Existe una amalgama de temas que se entremezclan en pantalla y que acercan a sus tres protagonistas, tres jovencitas de unos 17 años totalmente distintas. Mouse, Mary Bradford (Mischa Barton), es la chica nueva, a quien su padre deja en el internado porque la niña resulta ser un estorbo para su recién adquirida madrastra. Tory, Victoria Moller (Jessica Paré), es la niña rica que complace los deseos de su familia, a pesar de odiarla por exigirle que se convierta en la ramera, quiero decir, esposa de un empresario, como su madre. Paulie, Pauline Oster (Piper Perabo), es la adoptada que se ha enterado de que su madre era una pobre prostituta que la regaló a una familia rica, y a pesar de eso trata de contactarla.

Aparte de sus particulares orígenes, existe la relación Tory-Paulie, que han creado su propio refugio dentro de ese también particular internado: ellas mismas. En su relación erótico-sentimental adolescente pueden expresarse tal y como son, esconderse de esa sociedad recalcitrante de todos los siglos, y con su ahora nueva compañera de cuarto, Mouse -quien es la espectadora y voz narradora de la trama-, conforman un círculo afín en el que van creciendo, despertando y poco a poco, encontrándose o perdiéndose.

El amor de Tory y Paulie pareciese que puede enfrentarse a cualquier cosa,  pero se han olvidado de que el amor no basta. Mouse es solo una observadora, quien opta por el silencio. Aunque no entiende muchas cosas, acepta muchas otras. Y  cuando la hermana menor de Tory entra en la habitación de las chicas, junto con otras compañeras, y encuentra a su hermana desnuda en brazos de Paulie, la vida de las tres amigas cambia drásticamente.

Tory desiste, con su mejor máscara se busca a un chico para aplacar los rumores; Paulie, con su  pasional carácter, se desfragmenta poco a poco hasta el suicidio;  Mouse está en medio, y con su apocada actitud de niña no puede ser el soporte de tan delirante desenlace.

La escena donde Paulie lleva con aprehensión la lectura de Macbeth en una clase de literatura, nos muestra que ella es la única que entiende, que comprende esas duras palabras. Ejemplifica la visión que se tiene de la mujer en la época de esa historia, como en muchas otras: la mujer es un ser débil que debe conformarse. Es precisamente eso lo que Paulie reniega, y hasta cierto punto desea tener más fuerza, más crueldad, más odio, más indiferencia; pero dejaría de ser humana, de ser mujer y eso es frustrante.

Porque Paulie no quiere ser un chico, no puede ser un chico, pero si es la única forma que puede no ser ese tipo de mujer, que cede y se conforma (con perder a la persona que ama), entonces lo intenta. Un intento patético, pero recordemos aquí la actitud de las heroínas de Shakespeare cuando se visten de hombres y resultan ser los brillantes mancebos que terminan con éxito los actos de tan ilustre dramaturgo. Porque creo que el juego irónico de Shakespeare para su sociedad machista y patriarcal, –que me recuerda a la mía–, es simple: se burla de la careta del hombre,  se burla del antifaz de la mujer, en fin se burla de los disfraces (esquemas) que la sociedad impone, aunque claro, en aquella época todos eran más ingenuos, y requerían de más accesorios para sus mentiras.

Cuando Paulie comprende que el disfraz no cambia lo que se tiene dentro opta por el suicidio. De una manera muy sutil se deja implícito que el suicidio es casi necesario cuando un héroe se conforma, o se rebaja a ser menos, situación que pasa en la trama: Tory se conforma, y aunque ella no se suicida, ha dejado de vivir y simplemente existe para los demás. En Antonio y Cleopatra, Shakespeare cuestiona el suicidio:
“¿Es un pecado volar a la casa secreta de la muerte, antes de que el desafío de ésta venga sobre nosotros?”
Paulie sube a un tejado del internado, y antes de saltar dice: “Volaré a la casa secreta”. La escena se bifurca, pues no es Paulie quien cae, sino aparece un halcón (que se identifica con la protagonista) que después de herido vuelve a volar, quizá en este momento el personaje vuelve a interpretar que el amor es, sólo es, y si no lo encuentra en un plano terreno, será en otro.
Lost and Delirious, (El último suspiro, como la titularon en español) va más allá de la morbosa idea de chicas uniformadas,  y un poco más allá de la trágica historia de amor prohibido, plantea circunstancias emocionales y psicológicas profundas en relaciones complejas: madre-hija, sociedad-individuo, pasión-pasividad, hombre-mujer,  vida-muerte,
Lo irónico del filme es que el personaje que muere es el que tiene más pasión, más voluntad, más ganas de enfrentarse a todo. Al final creo que el personaje que crece con todo esto es Mary, Mouse, porque en ella se imprimen las huellas del amor-dolor, es quien se encuentra en el duro proceso de crecer y seguir viviendo.

Luz y sombra

La guionista canadiense Judith Thompson (1954) adaptó la novela The wives of bath, de la también canadiense Susan Swan (1945), y de una época ambientada en los años de 1960,  la llevó hacia una Lost and Delirious de  1990, que no se apartó de lo esencial de la historia, como lo afirma la misma  Swan.

“Me inspiré para basar la conclusión de The Wives of Bath, en un crimen atroz que ocurrió en Toronto en 1978. Una joven de 17 años, quien regularmente se hacía pasar por jockey masculino, asesinó a un maduro conductor de taxi de la ciudad. Vestida como chica, lo hizo pasar a su habitación con el pretexto de que necesitaba ayuda con su equipaje. Luego lo mató con un bate de béisbol, cortó sus genitales y se los pegó en el cuerpo con pegamento. Vestida con ese lamentable atuendo, se resintió contra el padre de su novia, que la había acusado de no ser un hombre verdadero.”

“Aún cuando el retrato de este crimen no se verá en el brillante film de Pool, se podrá ver algo que igualmente sorprende y hace que uno se revuelva en su asiento. Cuando, eventualmente, me di cuenta que el final de la novela había sido descartado de la película, sospeché que la historia original no sería retomada por razones comerciales. Cuando aparecieron los créditos, y mi agente de cintas Tina Horwitz y yo nos levantamos felices de nuestros asientos, me di cuenta que me sentía liberada de que Pool haya elegido otro final. El crimen en la novela era un elemento para reflejar los pensamientos y sentimientos de los personajes sobre sí mismas como chicas, pero la cámara de Léa Pool no necesitaba el crimen para expresar estas mismas cosas. Haber retomado al pie de la letra el final que yo escribí, habría trasladado su poderosa puesta en escena al género de cine de terror, puesto que los efectos cinematográficos son mucho más viscerales e inmediatos que las palabras en una página. Retratar algo tan horrible en el filme, podía haber interferido con la disposición del espectador de seguir la historia.”

Susan Swan
New York, 2001

La dirección de Pool se concentró en darle una perspectiva de  luces y sombras que juegan tanto en el drama como en cada una de sus protagonistas.

“Si Judith entendió cómo mantener viva la pasión de las chicas a través de las escenas y los diálogos, Léa, por su parte, apreció la calidad sáfica de su amor adolescente. Sin embargo, como Pool dijo a un miembro de la audiencia en Sundance, ella nunca vio la novela o su filme como una historia de “salida del clóset lésbica”. Para ella, se trata de una historia de amor entre adolescentes en una etapa de su vida en que son inconscientes de preferencias políticas y sexuales sofisticadas. Esta es la manera en que yo veía la historia también.”

Susan Swan
New York, 2001

Lost and Delirious ha demostrado ser la película ideal para explorar y desarrollar temas que son de un interés crítico para mí. Los temas de la adolescencia, la homosexualidad y la cuestión del amor verdadero eran perfectamente desarrolladas por la novelista Susan Swan y la guionista Judith Thompson.
Léa Pool (extraído de Lions Gate Films, publicado en 2001)
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