Pintura – Arte Maya IV

Arte maya IV

 

Por Jaime Moreno

 

10-pintura-plato

 

Hemos llegado a mayo y este espacio sigue en pie. Saludo a la fuerza laboral guatemalteca, de la cual soy parte, por estar de celebración en estas fechas. ¿Sabes? Una de las cosas que más me gustaba de niño era que mi abuelo me contara historias. Aún me gusta y, como dice cierto personaje, el hombre necesita tanto de historias como de comida. Por eso hoy te voy a contar un relato. Pon atención. Hubo un tiempo en que el maíz estaba desaparecido de la faz de la tierra. Nadie lo encontraba, no sabían donde hallarlo. El hombre, preocupado, habló con los dioses sin que éstos le dieran razón. Luego de mucho buscar, observaron el agua. Ahí, escondido entre una tortuga, estaba el maíz. Pero, el caparazón de este animal es muy duro y nadie podía romperlo. Fue así como el dios Chac (de la lluvia) lanzó un hachazo sobre la tortuga y partió su armadura por la mitad – dentro de las mitologías de varias culturas, el hacha es símbolo de rayo o trueno –  y el maíz pudo ser visible de nuevo. Este es un mito de la región de Yucatán, en México. Hoy te muestro ese vaso, donde podemos ver una versión de la historia que acabas de leer.

Tecnicismos de la obra. Observa el estilo y notarás que tiene un fondo blanco, diseño en delineado negro y borde rojo. Esta cualidad no es así por así. Se llama cerámica tipo códice y es una de las más preciadas dentro del arte maya por su alto nivel de calidad. Como puedes ver, es un plato. Los mayas tenían diferentes tipos de utensilios para comer: había vasos, cuencos y platos, entre otros. Cara uno poseía un nombre en particular. Hacia esto va el segundo dato. Sobre la cabeza del dios del maíz (el personaje más grande, al centro, que emerge de la tortuga) puedes ver un pequeño dibujo que está centrado en una línea de dibujos en el borde. Este dibujo es un glifo. Se lee u lak y significa su plato. El resto de la inscripción habla sobre el dios al cual está dedicado el artefacto y a quién pertenece. Cabe notar que este tipo de cerámica, al igual que el vaso de los remeros, era muy preciada y servía como ofrenda o para usos muy especiales y exclusivos de la corte real.

Veamos la escena. Es bastante obvia, en esencia. Del caparazón partido de una inmensa tortuga emerge el dios del maíz asistido por sus dos hijos. Varios elementos son rescatables en cuanto a la iconografía. Primero, el dios en cuestión tiene dos atributos clave: la postura, con un brazo a medio extender y la mano alzada; además de la forma de su cabeza, como alargada. Ambos personajes en los laterales son sus hijos, Hunahpú e Xbalanqué, quienes aparecen con sus rasgos distintivos: uno está manchado con puntos negros y el otro presenta parches de piel de jaguar en su cuerpo. Observa las miradas de ambos y te darás cuenta que cada una apunta hacia un glifo. Este es el nombre de cada uno escrito en lengua maya. Al lado de la cabeza del dios del maíz tenemos también su nombre en grifos. La tortuga en sí no posee mayor realce, salvo por el dios solar que emerge de uno de sus lados. Y, por último, fíjate bien en el conjunto de símbolos sobre los que se encuentra asentado el animal. Este conjunto se llama banda acuática y simboliza que la escena transcurre en el agua.

Espero que esta información te sea útil para entender un poco mejor tus raíces. Somos un país ancestral, mágico y lleno de Historia. Es necesario que cada uno de nosotros se interese por conocer nuestro arte milenario y así aprender a valorar nuestro pasado. Un saludo afectuoso, ¡hasta la próxima!

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