Reseñas – Legajo anudado/ Rogelio Salazar

Legajo Anudado

Nietzsche (con)vertido y (re)vertido

Rogelio Salazar de León

F y G Editores, 2006

 

10-resenas-salazar

 

He terminado de leer Legajo Anudado del guatemalteco Rogelio Salazar, ganadora del Premio Centroamericano de Novela “Mario Monteforte Toledo” 2006.

Hay, por un lado, la evidencia de que éste es un libro extraño, ajeno a la narrativa contemporánea guatemalteca. Hay, por el otro, el problema de cómo armar el rompecabezas de la vida trágica de Nietzsche. Trágica en el sentido griego, en el profundo sentido que sólo Nietzsche comprendió a cabalidad.

El siglo XIX intimida por el amplio bosquejo y el edificio literario de sus novelas (Piénsese en Dostoievski). Ya Umbral decía que los mismos palotes del grafema xix parecen una estructura sólida. Legajo Anudado es un libro hecho con paciencia narrativa. Una obra que galopa a caballo entre la novela epistolar y la biografía intelectual de Friedrich Nietzsche.

La obra viaja desde los 14 años del filósofo hasta la radical edad de 33, ahí donde se sintió caminar como un fantasma, como un guerrero herido en batalla y alcanzó el punto vital más bajo de su existencia. Lúcida disposición de Salazar. El Nietzsche que rompe su relación con Richard Wagner (1876) y su pasado juvenil, el Nietzsche que abandona el pesimismo de Schopenhauer, los grises exordios de Kant y toda la mezcolanza romántica del músico alemán, a quien, en un largo epílogo, o prólogo tardío, a su libro El nacimiento de la tragedia, le dibuja como la causa del fracaso de su primera obra.

Las páginas muestran los personajes que convivieron con Nietzsche desde su infancia hasta la época de Basilea, Paul Deussen; su entrañable amigo Rohde, el único, por cierto, que fue suficientemente honesto para ayudar a Nietzsche; Wagner, y, por supuesto, las mujeres que lo acompañaron en su idilio crepuscular, su madre, su hermana y su tía paterna. Hay, además, un leve tintineo, el paso bailarín y colorido de la prosa de Nietzsche en la voz de la correspondencia. De alguna manera, nosotros somos los destinatarios de este legajo perdido.

La prosa de Salazar es una bocanada de aire fresco, un aire puro y frío como el del Piamonte, la traslúcida imagen de los paseos juveniles de Nietzsche, esos que tanto añoraba en el umbral de la demencia, en el frenesí creativo de su madurez.

Nietzsche, el hiperbóreo. Nietzsche, el amante de Florencia. Nietzsche, el enigma de la cultura Occidental. Nietzsche, el bailarín. Nietzsche, el hijo de los bosques del dios Pan. Nietzsche, la elegancia. Nietzsche.

Diego Santizo

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