Versos dorados

Isabel de los Ángeles Ruano

Editorial Cultura

28-resenas-versosdorados

Por Diana Vásquez

A pesar de mi resistencia a la autora, hoy descubro su genio y me impresiona la certera palabra embriagada de locura que recorre calles vacías y cielos multicolores para encontrarse a sí misma sin encontrarse. Comencé a leer Versos dorados con escepticismo, pero el recorrer sus páginas me desdobló los sentidos. Los ecos de sus letras me dibujaron tiempos y mundos pasados, desconocidos; despedidas ajenas y cercanas. Encontré la voz poeta de una enamorada de la distancia, de los recuerdos, de las ciudades olvidadas, con esa tristeza citadina que solo reconocen los sensibles a los fantasmas que habitan en el concreto y en los rincones del alma deshabitada.

Me desconcertó la sencilla expresión que utiliza para explorar dimensiones subterráneas y superficiales. La cordura nada tiene que ver con la apariencia, sino con la mirada interna que estos versos rescatan sin defender, ya que también se vislumbra una ternura tumultuosa y atormentada que deja interpretar, sin pretenciones académicas ni fórmulas semánticas, las condiciones humanas de soledad, amor, melancolía, muerte y miedo.

Un devastador dolor, con una discreta sonrisa, envuelve al lector y lo convierte en cómplice para que reconozca, entre imágenes oscuras revestidas de luz, la delgada línea entre la realidad y la consciencia. Hoy tengo otra percepción de mi locura.

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