Biblioteca X – Felicidad doméstica / Jacinta Escudos

Felicidad doméstica & otras cosas aterradoras

Jacinta Escudos

Colección Después del fin del mundo

Editorial X

2002

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Por Vania Vargas

Empecemos. La familia es… la primera unidad represora de la sociedad. El núcleo humano en micro, aprendiendo a convivir, tolerarse, moverse sin molestarse en los escasos metros cuadrados que no son más que su ensayo de universo, de sociedad. Allí se practican las jerarquías, los horarios, los estatutos, las intrigas, las rebeliones. Después del vientre materno, la casa paterna es el segundo lugar del que muchas veces se sale, hacia la vida, llorando.

De las relaciones fallidas de este experimento social surgen los diez relatos breves que conforman Felicidad doméstica y otras cosas aterradoras, el libro de la escritora salvadoreña Jacinta Escudos, que en el año 2002 se convirtió en el primer y único libro escrito por una mujer, y extranjera, para el catálogo trasgresor de la Editorial X, que, para entonces, estaba cerca de desaparecer.

Se trata de una colección de relatos por los que rondan constantemente la muerte y la tristeza, siempre de la mano, la violencia como el único elemento compartido por todos, la frialdad como una herencia temprana, el odio y el asco. Todos ellos, sí, como una familia funcional, en el sentido de cumplir a cabalidad su labor: la de lanzar a la humanidad macro a unos seres atrofiados que se reconocerán como hermanos solo porque ven en ellos mismos, en los periódicos, en los otros, sus propios rasgos deformados.

Aquí, la figura del padre aniquilador se reduce a un relato: “El refrigerador de papá.” Mientras que la madre se convierte en el centro del resto. De ella parte y hacia ella se dirige el odio. Ella es el referente directo del dolor.

Tal es el caso de los cuentos “mi-ma-ma-me-mi-ma” y “mi-ma-ma-me-a-ma.” El primero, una rememoración de la madre ausente tras la lectura de una noticia amarillista en un diario europeo, que narra cómo la abuela y la madre de una niña la maltrataron hasta matarla para hacerla comer. Y el segundo, un relato que parte de la imagen de una niña que observa llorar a la madre, sola, en una esquina, y se convierte en la narradora personaje de una historia tensa que se arma con todas las posibilidades de un acercamiento, con todo lo que finalmente no pasó.

Aquí las mujeres son las que odian, las que actúan, toman decisiones, y muchas veces sólo de manera mental. Las adultas lloran, las niñas están vacunadas contra la sensibilidad, la muerte se pasea cerca: como en los cuentos “Alguna vez he muerto” o en “Easy Oven”; y la felicidad doméstica se convierte en una mueca torcida en quien la nombra, en quien la espera, en quien no ha logrado darse cuenta, como la protagonista del último cuento, “La defecación como un acto gozoso”, que las cosas están arruinadas desde el principio mismo en que se le llamó amor al acto placentero y animal que degenera en que los seres humanos nazcan, vean la luz, se armen las familias.

Un cuento en el que los papeles se voltean, y la voluptuosidad y el erotismo se vuelven decadencia y asco, y es la mujer la que goza y el hombre el que le regala al mundo el producto de ese placer.

Felicidad doméstica es un libro escrito con la prosa limpia y fluida que caracteriza a esta escritora salvadoreña. Un libro fuerte, pequeño, aniquilador.

Enlaces:

Visiten el blog de Jacinta Escudos: Jacintario

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