Biblioteca X – Los amos de la noche / Estuardo Prado

Los amos de la noche
Estuardo Prado
Editorial X, 2001
120 páginas

29-bibliotecax-amos

Por Julio Serrano Echeverría

Es el último libro que publicó Prado y que prácticamente marcó el final de la Editorial X, Los amos de la noche. Este libro que el autor presenta como una serie de cuentos pero que luego estructura y ordena como un programa de televisión, obra de teatro que a su vez es una novela, es evidentemente escurridizo. En la primera parte del texto se anuncia:

“Tarara…tarara…tarara…tarara…

(se escucha el tema de Twilight Zone

de música de fondo)

Ustes está viajando a otra dimensión. Una realidad compuesta no sólo de imágenes antisociales y ecos perversos, sino también de éxtasis alucinatorios intensos. Un trayecto dentro de regiones maravillosas, a las que se puede llegar solamente a través de acariciar el dulce rostro de la locura, cuyas fronteras son las ideas delirantes más extremas. Su próxima para: la

dimensión X”

El argumento, podría decirse, es una especie de descenso por un inframundo urbano y apocalíptico desde tres puntos de vista, el de V que es atacado por el sacer-vamp-gay y las beatas-sadovampiras, el de Rael que se describe como “un patojo huevón que casi no iba al colegio, pero sabe bastante inglés como para traducir las letras de las canciones” y que dedica sus energías por completo a la causa revolucionaria, dado que “es parte de la nueva guerrilla urbana, una organización clandestina tan reciente que solo es integrada por un muchacho de diecinueve años, o sea, él” y que logra su cometido agregando la letra M a publicidad en la calle. Y finalmente, el Pisado de la tercera parte (que en la foto que lo describe muestra la espalda de quien podría ser el mismo Estuardo Prado) quien desciende, literalmente y al estilo de la divina comedia, por un infierno de delirios que se combina con algo parecido al Cuento de Navidad y revisan el pasado y el futuro del Hada, entre religiosos delirantes, el Ada con Botas de Black Sabbath, la Madre Teresa, Agustín Lara, entre otros personajes que aparecen en ese delirante viaje producto del consumo de crack, mariguana, pastillas, series televisivas, música, literatura, cine y quien sabe qué otra droga perniciosa. Todo esto presentado en un formato que juega con tipografías, tamaños de letra, ilustraciones-fotografías e insertos (todo esto también presente en toda su obra, baste mencionar el caso de Vicio-nes del exceso, que se de derecha a izquierda, es decir de atrás para adelante, o del cuento Realucinatex, publicado dentro de un pequeño frasco que simula un frasco de medicamentos que advierte “Depresivo/psicótico de acción prolongada. Dosis: tómelo cuando se sienta normal.”).

En este libro como en su obra anterior se registran dos de las grandes crisis de nuestra sociedad, el uso y abuso de la religión y sus delirios, y la mojigata sexualidad guatemalteca, en ambos casos utilizando el consumo de drogas y alcohol como catalizador que permite el acceso al submundo delirante de esas crisis, la representación de la crisis religiosa y de la vida sexual son a su vez la representación del poder en el contexto guatemalteco, es decir, de la estructura social como estructura de dominio, opresión y reproducción de los patrones de violencia. El tratamiento de estas crisis y la carnavalización de las mismas coloca a la obra de Prado en plano político a profundidad, por un lado desde su etimología en el tratamiento de lo relativo a la polis, a la ciudad, y por otro en la clara consciencia del autor (véase Estuardo Prado, o el perturbador recurso de la ironía de Ronald Flores y La Política Kafka, Literatura menor e imposibilidad de escribir de otra manera de Javier Payeras) en su interés por tratar tales temas y de tal forma, cito entonces a Flores “Aquí, sin embargo, se esconde una subversión intensa, que es probablemente lo que “molesta” tanto en la monstruosa narrativa equis. No sólo eso. La razón misma por la cual los poetas son expulsados de la república (de las letras) que diseñó Platón, a la (de la) que “aspiran” tantos. La forma tan incisiva que cuestiona lo que hemos tomado por el orden natural de las cosas, sin dejarnos ninguna respuesta”, cita que aunque originalmente hace referencia al primer trabajo de Prado, La estética del dolor, es totalmente vigente para toda su obra. Ese tratamiento en el texto y ante su contexto (léase el Manifiesto de la Editorial X) le ha ganado no solo un espacio fundamental en la literatura guatemalteca, sino su propio mito, probablemente su última libro, él mismo, a partir han surgido múltiples diálogos, gritos, riñas, encantos y desencantos; y que para fines prácticos han dado gran movimiento a nuestro medio cultural que muchas veces no es para nada ajeno a los delirios de Master Drogo, de Rael o del Pisado de la tercera parte.

Visiten el blog de Julio Serrano: Fellinada

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