Biblioteca X – Por el suelo / Julio Hernández Cordón

Por el suelo

Julio Hernández Cordón

Colección Después del fin del mundo

Editorial X

2000

29-bibliotecax-por el suelo

Por Gabriel Arana Fuentes

La literatura de Julio Hernández o al menos este libro, dista mucho de su actual labor cinematográfica. Pero hay que conceptualizar. Este libro fue impreso hace 10 años. Si 2010 ha sido un buen año para el cine guatemalteco, 2000 fue el año de inicio de la llamada literatura de posguerra, y Hernández es parte de ambos momentos.

En el libro Por el suelo Hernández presenta una colección de escritos que guarda entre sí una misma línea narrativa. Esa cuya esencia puede ser la del hostigamiento y asfixia que causan las urbes, suburbios, o colonias latinoamericanas. Ese que nos hace buscar una vida convulsionada o huir de ella. Lo peor de ser el chivo expiatorio del destino es cuando colaboramos con él. Cuando somos el brazo ejecutor que hala la palanca en el cadalso. Ser juez, verdugo y víctima en esta ciudad parece tan fácil.

El autor comienza con “Cinco minutos después”: una descripción lenta, un pasillo que poco a poco nos adentra a una de esas historias que, cuando a los hombres les suceden solos, no se atreven a contar si no es con la excusa de estar ebrio.

En este cuento Hernández nos pinta una situación patética, de mala suerte, de cualquier cosa, en donde el culpable sale relativamente avante. Sin dignidad, pero avante. Con la frente en los suelos y un instante antes de que el gatillo de la droga haga efecto.

Ya nada importa en este relato. Todo es patético, como creer que una canción de los Beatles fuera suficiente para recobrar los sentidos, el ser y la dignidad. Es una de esas historias que nos pueden pasar a todos cuando tomamos riesgos innecesarios cuando estamos en el lugar indebido a la hora indebida. Nadie conspira contra nadie. Por cinco minutos un hombre puede conocer la miseria y nunca jamás volver a ser el mismo. No habrá droga que lo haga olvidar.

“…De mi corazón tú tienes un pedacito…” es una historia que revela cómo cada hombre, consciente o no, posee un ritual. Si no lo adopta se lo inventa. Lo cierto es que cualesquiera de los casos, ir a un burdel de mala muerte en busca de sexo, nunca fue tan ceremonioso.

Eso sí, si hay escrúpulos que escrutar, es mejor no acercarse a ninguna de estas casas de amor de rebaja. En este pasaje el escritor recuerda cómo se debe conducir un digno visitante en una casa de amor. Entrar sin sacudirse los zapatos y entregarse al deseo carnal. Aunque Cristian, personaje de esta historia, es un hombre de escrúpulos, es un sujeto presa de obsesiones.

En su ritual por conocer a su forma los favores de su inmaculada Penélope Cruz, se vuelve un ser paciente que soporta la virginidad, la misma que lo vuelve loco, lo seguirá haciendo a cualquier precio.

Después de todo, el sexo puede esperar si de satisfacer una obsesión se trata. Cristian es uno más, no de los que se persignan la boca con aventuras de sexo foráneo, tampoco de aquellos que se jactan de tener alforjas llenas de aventuras carnales. No, él, solo quiere coger a su manera, sea como sea; ¿Quiénes somos para juzgarlo? Total, Cristian sabrá adaptarse a las circunstancias de La trucha Feliz.

Muchos (supongo que la corrección política no me exige decir muchos y muchas en este caso) hemos podido ser Cristian en nuestra vida, y muchas las casas, autos u hoteles que se convirtieron en La Trucha Feliz.

“La 38” hace tomar por un instante, otro rumbo al libro. En este fragmento nos hace preguntarnos si es posible esta realidad sobre el asalto a un bus. ¿Qué sucede antes? ¿Qué pensamiento precede en la cabeza de un ladrón antes de asaltar? Después de todo ellos tienen metas de progreso, de crecer en el negocio. “La 38” es una visita que puede ser cínica o cruel, pero en síntesis obvia. No te ven como humano, te ven como mercancía. Sentimiento similar presente en “Respiraciones”, una lectura espesa. Es la descripción sobre una espiral de miseria, esa que pareciera buscarnos para de pronto atacar sin más miramientos una y otra vez.

“Siete veces” es el último escrito y que resume y que podría contener en sí mismo a todos los personajes del libro. Las menciones que hace y las circunstancias de Por el suelo, todas van dentro de un bus urbano, una camioneta que transporta a un país entero (si no una región). Todos son testigos de un hecho que de forma fractal se reproducen día a día en la realidad. María el personaje principal expía nuestro dolor, nuestra vida, nuestra guatemalidad; esta vez fue su turno, ¿Cuándo será el nuestro?

Enlaces:

Visiten el blog de Gabriel Arana: Fotocopia

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