Biblioteca X – Seis cuentos para fumar / Byron Quiñonez

Seis cuentos para fumar

Byron Quiñonez

Colección Después del fin del mundo

Editorial X

29-bibliotecax-byron

Por Wingston González

está trillado y es lugar común. citaré la esfera de pascal (quizá el primer ensayo que leí de borges), para decir, lúcidamente y sin trampas, que la historia universal es la historia de unas cuantas metáforas. la gente de revista luna park sabe de esa negación mía al ensayo, a la crónica más allá de mis cuadernos de diario, a ejercer la crítica literaria de manera pública, a hablar de libros. pero cuando carmen, que es un de ls directors de la revista de marras, me comentó que estaban preparando un especial de la editorial x (ente del cual guardo los restos, lo cardinal, un par de muy buenos libros, mas no la historiografía, que para nosotrs, lectors casi ciegs y al margen frente a sus acciones de guerrilla, de terrorismo moral, estético; de la coyuntura de donde se originan; ha perdido, quizá, su significancia estacional) no encontré ninguna manera amable, o por lo menos comprensible, de decirle que no; de resistir la tentación de escribir una lectura (ejem) de un libro como 6 cuentos para fumar de byron quiñónez. digamos que al menos ahora no se me ocurre qué decir.

primero el puritanical euphoric misanthropia de dimmu borgir para estar a tono. en un asalto de embriaguez podría intentarlo con hybrid stigmata – the apostasy y repasar la biblioteca de livingston, como una suerte de juego a ser funes el memorioso, donde leí aquella oda, no sé si de horacio o lope de vega (ahí, en el no sé, se acaba el juego), cuyo terror podría pensar como el primer encuentro con esa suave y lúcida intimidación de lo extraordinario. suponer, que aquellos versos terribles (crecieron nuestras venganzas y tus daños. amanecía en tu cara un sol, que el mundo en vivo fuego ardía) eran capaces de relatar las pavuras más íntimas, interiorizarlas, sacarlas a pasear junto al perro, sentarlas en una oficina, en su módulo unipersonal; de pasar un trapo sobre el vidrio de esas cosas que mi pueblo polvoriento del caribe, como pueblo de película del western, sabe permanentes y por ello cree menos terroríficas y desoladoras. la biblioteca, digo, la oda, no recuerdo si horacio o lope, por ese tono de 6 cuentos para fumar que no se ha vuelto a repetir (al menos hasta donde lo leído, que sus carencias tiene, y muchas) en ningún otro libro de cuentos escrito en guatemala que haya leído en estos tiempos.

segundo. podría hacer una suerte de apología a la estética heavy metal por la falsa trampa (en nosotrs misms, lectors acostumbrads al kitsh de los referentes más inmediatos, a la belleza del semidiós) de en tus ojos, donde [hemos] visto el fuego del infierno en tus pupilas […] cuando me asomo a la oscuridad de tu mirada me siento acechado por cadáveres ambulantes, muertos vivientes que se alimentarán de mi carne, al igual que los leprosos de tiempos bíblicos devoraban a los suyos cuando morían, darle play a hybrid stigmata y creer castamente que se está tono. pero también llegó (años después de la biblioteca, poco después de kafka: kafka la constante, kafka el prototipo de nuestra feroz aislamiento) david cronnenberg y su fascinación por la carne; sus personajes seducidos y a la vez aterrorizados por las posibilidades de la tecnología, los metales, la energía conducida, la reanimación de las cosas interactuando con biología humana más allá de la repugnancia, de esa nueva violencia ya iniciada cuando petronio relata su historia de hombre lobo en el satyricon. y descubro que al igual que en manifiesto socioantropófago, la búsqueda de cronnenberg parte de la premisa de que las masas jamás se percatan de su destino, ni tan siquiera en el momento final. como cerdos en un matadero, se revuelcan en el fango y se atiborran de comida como si la vida fuera para siempre. felices, ignorantes de la proximidad de la muerte. y no es una muerte en paz, que conste, porque no es posible una muerte así después de habernos alimentado de tanta miseria. y de tanta gloria.

recuerdo a romero y su películas sobre zombis tristes y políticos desesperads ante la verdad y me preguntó si realmente debo hablar de la x y esos libros tan elementales en los que se engloba la primera edición de 6 cuentos para fumar. si vale la pena percatarnos del origen de algo. quizá no pudo (ni debió) publicarse un libro así en ningún contexto, no sé, pero me toca leerlo en segunda edición vía la increíble editorial librosmínimos que retoma su cuerpo y sangre para tirarlo (que no encuentro otra palabra) al cuadrilátero de la plataforma web.

en una primera lectura pensé en un inventario de barbaries, una especie de ruta en la niebla, persiguiendo al frío que se cuela por las puertas abiertas, una suerte de condenación a una eternidad sin desviar [nuestros] ojos de [la] imagen espantosa del yermo que nos rodea. sin embargo, más allá de esa superficie radical, de esa estructura ácida basada en el pavor de lo usual, lo diario, lo domestico (como en palahniuk, king o shelley); aparte del calco (para su posterior deformación o, mejor dicho, reformulación) de la fábula de kafka y más allá ser una simple provocación al morbo evocando el entretenimiento (pretensión que, además, logra asombrosamente), igual que el personaje de a vuestros cuerpos dispersos de philip farmer, pareciera que los personajes de byron quiñones (y esto pudiera extenderse a su obra publicada hasta hoy) hubieran notado ya como […] su asidero a la vida, a la cordura, al mundo, también [ha] desaparecido. porque en 6 cuentos para fumar hay dientes que castañean, hay paredes sucias y descascaradas, están los chemical brothers; hay sombras en la oscuridad (sí, otra paráfrasis de una canción de heavy metal), y la oscuridad interrumpida por la intermitente luz de los focos de alumbrado público. inclusive un oscuro acento constante de chiste ante la imposibilidad de tonarnos en serio la vida.

quién diría que los cuentos de este libro funcionan (paseo, el ejemplo más visible, sí, pero me refiero a todo el libro) como una suerte de postal turística de cualquier ciudad o pueblo (el pueblo que llevamos dentro también) de guatemala (como la fama de el día de la bestia, de alexis de la iglesia para madrid). una maravillosa experiencia psicodélica al tono lovecraftiano (a caballo entre un neoclasicismo feroz y el barroco más sutil. miren este monólogo interior, para ejemplo, en el cuento el último rave de gustavo solís: las paredes del palacio hindú en que me encontré de repente sin saber cómo había llegado ahí era de lujoso mármol blanco al igual que las bañeras, tan grandes como piscinas para niños. las estatuas que adornaban las fuentes eran de oro y jade con ojos de rubí. representaban a shiva y otras deidades, todas con muchos brazos y distintos objetos en cada mano). no sé porque recuerdo justo ahora un poema de eduardo haro ibars que conocí vía mi amiga ana gorría donde ametrallada la noche/ se descubre sin horas/ y engarza en los cuerpos. el hecho es que de mil doscientas palabras después sigo sin saber si le estoy haciendo justicia a un libro de la altura de 6 cuentos para fumar, pero, ja, ls que lo hemos visitado no esperábamos ser turistas en el cuarto de expiación de los pecados esperando la transformación.

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