Cine – Gasolina o el incendio de la Posguerra

Gasolina o el incendio de la posguerra

Por Alan Mills

17-cine-1

+ Sospecho que nunca volveremos a tener la oportunidad de ver una película tan violenta con menos sangre, con menos balas y con menos sexo. La violencia que distribuye Gasolina es la de los intersticios del lenguaje, el vacío que recuerda la presencia de algo absolutamente mayor e innombrable, como marco fatal para los desencuentros humanos. Los adolescentes guatemaltecos de la posguerra no-pue-den-no-sa-ben hablar, su comunicación está intervenida por la imposibilidad de cualquier afecto que no esté mediado por la brutalidad o su simulación. Sus padres son espectros sin rumbo, llenos de angustia y desolación, quieren al mismo tiempo protegerlos y castigarlos, resguardarlos y hacerlos culpables de todo. Son los fantasmas derivados de la guerra y los generadores de un silencio cancerígeno.

+ Al inicio vemos a un plácido Volcán de Agua contemplado desde el suburbio (una colonia cerrada con talanqueras y un guardia de seguridad privada) mostrando la energía telúrica en monumental calma, con amenazante belleza. Cuando la trama comienza a avizorar sus peores rincones, es el Volcán de Pacaya en erupción, con laderas en llamas, el que completa la geografía simbólica de Gasolina, y éste ya no es observado sino presentido. Para efectos meramente poéticos, para completar un coupling semiótico, diremos que no es el Volcán de Pacaya sino el Volcán de Fuego el que humea ante nuestros ojos, aquel bello monstruo inactivo transformado por lo que ahora imaginamos. La gasolina, en cuanto metáfora social y cotidiana de la energía, dirige el sentido de la película, camina desde el juego hasta el desastre.

+ El clima opresivo de Gasolina entronca con la terrible diferencia guatemalteca enclavada en un trópico y un caribe que se pretende “críticamente alegre” (pensemos en la cubana Fresa y Chocolate ), o que por lo menos explaya las rabias propias de una carnavalización más sensual (pensemos en México, recordemos Amores perros). No recuerdo si fue Mauricio Catelan o Santiago Sierra, o algún otro artista que visitó el país, quien dijo que le parecíamos una especie de “checos” latinoamericanos… y es así que se muestra el clima sombrío, opresor, oscuro y frío de esta especie de “Yugoslavia tropical”, de un país que dejó de existir hace mucho tiempo, cruzado por pasadas guerras fratricidas y presentes guerras simbólicas y lingüísticas de contingencia étnica-económico-social.

17-cine-2

+ Una road movie con un tipo de acción silente, otra vez opresiva, donde la lengua española asume una forma enrevesada, tullida, deforme y críptica. Esa es la única música del filme, por eso es esperable que ciertas audiencias se desesperen: necesitamos la música, algo para llenar el vacío, un poco de alegría latina, algún mínimo humor musical, un matiz. Julio Hernández asume riesgos incalculables con su película, no quiere quedar bien con el gran público (obvio, es lo mínimo que se espera de un cineasta alternativo, claro) pero tampoco con el pequeño público outsider, consumidor del básico y dinámico cine latinoamericano. Se elabora, a partir del silencio, un cine de autor, explorando un aspecto rara vez visitado por los cineastas del hemisferio, sin apelar a ninguna cursilería o golpe de efecto.

+ De factura técnica impecable, cada detalle sonoro y de iluminación, corresponde a la grafía de un símbolo poético, trazando con minuciosidad cada uno de los rincones emocionales y culturales que Gasolina pretende mostrar, sin concesiones. La forma en que el director hace “actuar” a todos sus personajes debería sentar cátedra. El 90% del elenco no es “actor” profesional, Julio Hernández más bien explora, a la manera del “teatro pánico ”, las distintas rutas del enigma personal de cada uno de sus “actores”, haciendo florecer la tragedia interior ante las cámaras. Es una ficción simulando ser un documental anómalo, un documento atravesado por la violencia lírica de una ficción en llamas. En esto, su correspondiente más cercano, la referencia más inmediata que viene a mi cabeza sería Elephant, de Gus Van Sant.

17-cine-cordon

+ Hernández Cordón reconoce que lo que en Guatemala es realista en cualquier otro lugar se transformaría en pastiche, kitsch. Existen dos o tres escenas de un humor agrio y “apastelado” (pienso en la persecución en la sala de juegos de video o “maquinitas” o cuando Raymundo escapa del papá de Nano) que me recordaron los pasajes más rotundamente reales de mi adolescencia, de la juventud de todos los que crecimos en los terribles años 90’s: escenario de horrendas guerras urbanas y suburbanas. La sexualidad también aflora como un silencio perturbador en este filme, todos estos adolescentes se relacionan con el sexo de una forma fría y fetichizada, restándole al mismo tiempo cualquier importancia, a pesar de la omnipresencia de éste en sus vidas. Anita aparece como una perversa anti-Lolita, desprovista de cualquier sensualidad, apenas operando como un oscuro y sádico objeto del deseo; ella canaliza las frustraciones de los protagonistas y materializa una ingenuidad lamentable, desmovilizadora de toda posibilidad de placer efectivo.

+ Las mujeres en Gasolina simbolizan una alteridad devastada y en ruinas. Desde la impotente y angustiada madre de Ray, hasta la paranoica y delirante madre de Anita, lo femenino cumple un papel de ruido de fondo, de balbuceo del fracaso de toda tentativa por proteger a la comunidad. De la misma forma, la hermana de Nano, embarazada prematuramente por Raymundo, aparece únicamente como moneda de cambio discursivo, como carga y fatalidad.

+ Existe una (para)militarización fantasmal de la vida, de todas las expresiones vitales y sociales. En cada uno de los personajes puede emerger un capataz, un torturador o una víctima, sin mediar aviso. Si los adolescentes de Y tu mamá también (que sería una película justamente en las antípodas) son alegres, locochones, pícaros, festivos y más o menos en control de su personalidad, los de Gasolina, Gerardo (severamente afectado por el asma, signo de cansancio y encierro), Nano y Raymundo son apáticos, frustrados, decadentes y con una psique totalmente violentada, próxima al crimen o a la locura. Esto último se revela de manera atroz al finalizar el viaje, que justamente no va a dar a una paradisíaca playa del caribe, sino a una desoladora plasta de arenas negras, con un buque carguero del Pacífico como fondo y con los cerdos comiendo el desperdicio de una forma no-occidental de experimentar el mar. Los puertos de nuestro país como imagen de lo más profundo y bestial de la condición humana.

+ La fría crueldad con la que enfrentan al Otro habitante del escenario urbano, el indígena, es de orden casi metafísico, el odio político y racial transformado en gestualidad, juegos perversos y un performance macabro. Visualizada desde el punto de mira de los protagonistas, mestizos rabiosos, el “indio” como alteridad aparece desvanecido de mínima identidad o dignidad alguna. Es un estorbo para el ansiado viaje en Airbus hacia la Felicidad, cuya pobre representación sería simplemente pilotar aprisionado en una cabina del Concorde de nuestro delirio. En Gasolina los protagonistas no sueñan con ningún lugar específico para escapar de la pesadilla nacional, su único destino es volar, el viaje a ninguna parte.

+ Gasolina es más que “un retrato sincero de Guatemala” y “un grito de auxilio”, como ha dicho su director, y se establece como un gesto y una metáfora potente sobre las posibilidades de hacer cine y, más aún, de hacer arte en el mundo. A lo mejor Julio no está del todo consciente de la valentía que encarna este episodio de nuestra historia visual, el derroche de talento y sensibilidad que ha demostrado a través de una verdadera pieza de arte: si el arte no nos ayuda a curarnos, entonces no es arte, diría Jodorowsky . No son gratuitos los múltiples premios (siendo el más importante el Horizontes Latinos , del Festival de San Sebastián), al contrario, son nada más que el mínimo reconocimiento para un artista y sus numerosos aliados (casi todos los artistas de nuestra generación en Guatemala), para un patojo sencillo y humilde que se fue a España a robarse el show y que, finalmente, con la coherencia radical que lo caracteriza, decidió no pasearse por la alfombra roja. Sí, Julio , valió la pena ser necio, seguir tus corazonadas…

+ Gasolina es un poema sin metáforas, una escultura sin cuerpo, una canción sin letra, una película sin música y sin actores, una “humanofonía”.

+ Aquí se puede ver una entrevista muy interesante a Julio Hernández, en España.

GASOLINA

Fecha de Estreno en Guatemala: Octubre 31, 2008

Director: Julio Hernández Cordón

Escritor: Julio Hernández Cordón

Duración: 70 minutos

Tagline: gasolina o el incendio de la posguerra

Imágenes: Archivo

Otros enlaces: 

Visita el blod de Alan Mills: Revólver 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s