Cine y Música – ¿De dónde parten los sueños? Cine surrealista: Un perro andaluz

¿De dónde parten los sueños?

Cine surrealista: Un perro andaluz

 

Por Diana Vásquez

 

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Un tipo entra a una habitación, en la cama permanece acostado un sujeto ataviado por una indumentaria extraña. El que entra hace levantar al sujeto y lanza por la ventana los accesorios que éste lleva puesto y después lo castiga, a manera de escuela, obligándolo a que vea a la pared. Al momento de voltearse, el tipo que ha entrado es el mismo sujeto que ahora ve a la pared. Tenemos dos tipos en la escena, con el mismo rostro, solo que uno viste un traje oscuro y el otro lleva uno blanco.

Lo anterior es una escena de Un perro andaluz, un filme de los españoles Luis Buñuel y Salvador Dalí. Con eso podríamos quizás intuir de qué va esto, pero todo lo que ahora podamos suponer no llegará nunca a nada. Simple, estamos hablando de cine surrealista.

Un perro andaluz (Un chien andalou), de 1929, es el referente para esta corriente tan atormentada, incomprendida y genial, pero para conocer de ésta debemos primero detenernos un poco en la historia y en los personajes que están detrás de esta pieza angular del cine.

 

A manera de resumen…

 

Luis Buñuel Portolés (Calanda, Teruel, Aragón, España, 22 de febrero de 1900 – Ciudad de México, México, 29 de julio de 1983) fue un director de cine español naturalizado mexicano. La gran mayoría de su obra fue realizada en México y Francia, y es considerado uno de los más importantes y originales directores de la historia del cine, magistral.

En Madrid, su época universitaria coincide con la recién fundada Residencia de Estudiantes, fundada por la Institución Libre de Enseñanza, donde permanecería siete años y en la cual entablaría amistad con unos curiosos, pintorescos e irreverentes  personajes: Salvador Dalí, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Pepín Bello y Juan Ramón Jiménez. A saltos agigantados, como sus ideas, viajaría a París, la urbe de la cultura, y conocería las irracionales y válidas teorías de André Breton, quien dejaría huella para la posteridad.

 

Dime con quién andas…

 

Salvador Dalí, pues bueno es… el que pintó aquellos tan delirantes relojes derretidos, o ese que me encanta: Niño geopolítico observando el nacimiento del hombre nuevo; tienen que verlo. Un niño, junto a su madre (supongo), ve que un huevo gigante,  similar al planeta tierra, se rasga por el centro, de donde emerge un brazo y parte del costado derecho de un hombre que lucha por salir de su enredada y viscosa situación,  mientras un hilo de sangre (también supongo) forma una pequeña posa en el suelo… simplemente impresionante.

Bueno, datos biográficos: Salvador Felipe Jacinto Dalí i Domènech (Figueras, Gerona, 11 de mayo de 1904 — Figueras,  23 de enero de 1989) fue  Marqués de Dalí de Púbol, pintor, escultor, diseñador, escritor, cineasta y, además, loco, visionario, revoltoso, ensimismado en su propia genialidad.

 

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Punto y aparte. Cine por favor

 

Pues ya, hemos llegado a la parte fundamental, pero ¿qué demonios es el surrealismo? Ese francés André Bretón inspiraría a numerosos artistas con  su extraño mensaje que los haría crear un conjunto de obras desconcertantes, llenas de fuerza, las cuales  transformarían las posturas y conductas tradicionales.

El Surrealismo nació de manera oficial en 1924, con la publicación de Manifiestos del Surrealismo, de nuestro escritor francés Bretón. Este movimiento no solo abarcaría la pintura sino también la literatura, el cine, la fotografía, y nació estrechamente ligado al movimiento Dadaísta,  “que después de la Primera Guerra Mundial, con una decidida orientación nihilista, significó una abierta manifestación contra toda forma de arte tradicional, hasta el rechazo de todo arte producido por formas convencionales”. En este quiebre,  la ruptura con el pasado se entrelaza con el Surrealismo. “La diferencia está en que este último sustituyó el nihilismo dadaísta por una experimentación científica con ayuda de la filosofía y la psicología”.

El Surrealismo fue definido por Bretón como “automatismo psíquico puro, por el cual se propone expresar verbalmente, por escrito, o bien de otra manera, el funcionamiento real del pensamiento, en ausencia de todo control ejercido por la razón fuera de cualquier preocupación estética o moral”, era un buen sustituto del romanticismo con un mayor sentido del absurdo y de la burla. No importaba cómo se expresara, reconocía por excelencia lo espontáneo, lo que fluye mediante la fuerza indómita de la creación artística sin conocer freno, un caballo desbocado que toca el cielo. “Para producir coherencia a partir de lo incoherente y una lógica aparentemente necesaria a partir de lo ilógico o de lo imposible”.

Este movimiento que nos compete presenta  “actitudes destructivas, el sentido general de su rebelión y métodos provocadores. Lo destructivo está acompañado por una parte constructiva”. Su guerra es contra la libertad que tiene dos caretas: la de la libertad individual y la de la libertad social.  Pretende llegar a crear las condiciones de la libertad material y espiritual del hombre. “La cuestión fundamental es devolverle al hombre su potencia que siglos de perjuicios, humillaciones e inhibiciones han cohibido”. Lo individual será entonces lo que debe desprenderse, romper, mutilar esas ataduras invisibles que nos prohíben las sensaciones reales por placenteras y crudas que sean.

Estos locos defensores de la libertad provocaban y ocasionaban duros golpes contra espejos con imágenes de individuos autocensurados y perturbados, “la propia autocensura se encarga de limitar la capacidad de creación del individuo al no ser capaz de romper sus ataduras y dejar que la imaginación vague sin lazos ni trabas de clase alguna”. El artista-creador-dios debe exaltar lo irracional, la locura, el sueño…

Esos mundos oscuros que duermen mientras caminamos deben ser traídos a esta realidad sin sentido, y quizás, solo quizás, puedan justificar a estos seres humanos tan terribles y tiernos, a los que tanto nos cuesta aceptar  tal cual son.

Automatismo y  los sueños

 

Para terminar con estas teorías que talvez puedan (quiera Dios) aún estremecer o asquear a los más insanos (es decir los esclavos de su propia moral), El  automatismo “significaba el mecanismo por el que las ideas y las asociaciones de imágenes surgían al exterior a través de la palabra, la escritura o la imagen de manera rápida, espontánea, fluida, sin hacer caso para nada de la coherencia y del sentido”. Por esto aparecen diferentes técnicas en las artes visuales como el collage, los fotomontajes y el frottage (procedimiento por el cual se pasa un lápiz por el lienzo extendido sobre una superficie rugosa), cuyo resultado era un conjunto de imágenes yuxtapuestas, faltas de sentido.

Debían plasmarse esas imágenes incoherentes rescatadas de nuestras pesadillas, “que podían proceder de sueños diferentes o  recordarnos tan solo ciertas características de los mismos”. Esa complejidad hacía rica la gama de recursos y materiales para la creación artística, fusionar esas sensaciones y rozar la locura ¿no sería algo divino?

 

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Un clásico del cine surrealista

 

“Adoro los sueños, aunque mis sueños sean pesadillas y esas sean la más de las veces, están sembrado de obstáculos que conozco y reconozco, pero me es igual. Esta locura por los sueños, por el placer de soñar, que nunca he tratado de explicar, es una de las inclinaciones profundas que me han acercado al surrealismo. Un perro andaluz nació en la convergencia de uno de mis sueños con un sueño de Dalí”. Luis Buñuel.

Un perro andaluz parte de la no explicable realidad. El argumento es nulo, pues no importa. La sucesión de imágenes y el proceso involutivo de la obra ofrece mil perspectivas al espectador, y de alguna manera esos sueños mezclados entre luces y sombras nos reflejan, nos asustan, nos conmueven, nos impresionan, nos repelen o nos acercan. Mantiene el movimiento, la interacción de esas pesadillas que se comunican con nuestras pesadillas.

Escenas donde un tipo que le corta el ojo a una mujer; pianos y asnos muertos que  se convierten en clérigos; manos con agujeros de donde salen hormigas; un hombre andrógino que encuentra una mano tirada sobre la calle y que después es atropellado… un sinsentido tal… surrealismo visto a través de la lente y la visión de dos mentes adelantadas a su tiempo.

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