Entrevista – Arturo Arias: una conversación recuperada

Arturo Arias:

Una conversación recuperada…

Corrían mediados de los 90’s, la firma de la paz estaba en ascuas, la novela Cascabel estaba próxima a publicarse, y Sopa de Caracol se terminaba de cocinar cuando Arturo Arias, Premio Nacional de Literatura 2008, visitó Quetzaltenango.

En una charla realizada en torno a una mesa tapizada con recortes de prensa de los años 40, en el Café La Luna, Daniel Tucux, documenta el contenido de varios temas conversados con el autor de Jaguar en Llamas.  Los cuales hoy  desempolvamos para ustedes.

 

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Por Daniel Tucux

Foto: Vania Vargas

 

Aragón y Mataquescuintla

 

Los orígenes de mi familia paterna están en Quetzaltenango. De aquí partieron para la capital en 1902. Del lado materno, llegaron de Aragón a Guatemala por 1870. Mi bisabuelo empezó a trabajar en el café cuando la producción empezaba a crecer. De su relación con una mujer indígena en Mataquescuintla, viene el mestizaje…

Dentro de la familia no había nadie que ejerciera la literatura. Había profesionales liberales, sicólogos, ingenieros, humanistas pero ningún escritor conocido. Aunque sí había gente que escribía diarios íntimos o polémica en los periódicos.

Desde niño me gustó escribir y siempre quise hacerlo. No sé cuál es el origen. Le agradezco a mi familia que habiendo visto eso me apoyaron desde chico, a pesar de que sentían que me iba a morir de hambre. Aún así me estimularon siempre a seguir por ese camino y eso me permitió, más adelante, irme abriendo espacio poco a poco.

 

Exilio y el compromiso

 

Salí de guate con la decisión de convertirme en un escritor. En 1969 me gané una beca para estudios literarios en Boston, seguí el desarrollo de mi conocimiento literario a partir de entonces.

Mi familia era de origen clase media liberal, había simpatizado con los gobiernos de Arévalo y Árbenz. Desde pequeño, estimularon en mí una vocación patriótica, una vocación de trabajar en aras del desarrollo de Guatemala y buscar una transformación social del país. Eso me llevó, a finales de los años 60, a pensar que en aquel momento y en aquella coyuntura era necesario meterse a colaborar con los grupos que planteaban una transformación social de corte revolucionario. Ya desde los 70 colaboré en la medida de lo posible con varios de ellos y, en consecuencia, cuando vino el período de la violencia, en el año 80, mi nombre apareció en una lista negra acá y yo me fui para México y viví allá del 80 al 87. Fui profesor en la Escuela Nacional de Antropología e Historia y en la UNAM. A partir de allí ha sido por mi cuenta y por mi inserción profesional que opté por residir allá, y por lo económico, pero mis ideas de mejorar socialmente a Guatemala nunca han desaparecido…

Creo que en general los escritores tratan de hablar de la realidad de su tiempo. Sucede que a mi generación, aquí en Guatemala, le tocó una realidad muy especial. Le tocó una crisis político-social de una envergadura pocas veces conocida. A nosotros nos tocó lidiar con esa problemática, y a mí me parecía un deber patriótico tratar de no rechazar mi obligación en esa línea, tanto en lo literario como en lo político. Era una responsabilidad ética, moral y política.

Cultura maya y literatura

 

Hay, en mi obra, una línea de inspiración en elementos de la cultura maya porque soy guatemalteco. Mi interés ha sido el tratar de plasmar la realidad guatemalteca en mi obra literaria, y un alto porcentaje de la realidad guatemalteca es maya, entonces tenemos que incorporarla a nuestra obra desde el ángulo que nos corresponde.

No se trata de ocupar el lugar de escritores mayas, se trata de que uno, desde su posición como ladino, tiene que reconocer la existencia de la cultura maya como parte activa y vital de la nación guatemalteca y reconocer que nuestra nación es multicultural, y en ella, la cultura maya es la raíz más fuerte de todas las culturas, la que nos alimenta y hace que seamos singulares como nación en América Latina y el mundo…

Guatemala es un país de narradores, más que de poetas. Esto tiene que ver con la cultura maya, la tradición oral. Ellos hablan con base en anécdotas; cuentan.

El oficio de escritor

 

El escritor europeo está todo el tiempo leyendo, escribiendo, dando ponencias, investigando, dando cursos en universidades. En cambio, el chapín está viendo cómo sobrevive, porque no se puede vivir de la literatura. Una cosa es el talento nato, pero el mayor porcentaje de la literatura es trabajo. Y eso, aquí en Guatemala va limitando. No tenés acceso a la literatura, en las bibliotecas no hay nada, te quedás aislado del proceso de producción. El escritor debe estar leyendo todo el tiempo a los clásicos y contemporáneos, y escribiendo todos los días, como ejercicio.

***

A más de una década de registradas, estas impresiones, percepciones y concepciones de Arias, no dejan de ser importantes para conocer el pensamiento de un escritor prolífico, que continúa creando personajes con “lenguaje de pájaros, fuga del dormir y lengua alfilereada, nido de palabras flotantes”.
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