Letras extranjeras – Opiniones de un payaso / Heinrich Böll

Opiniones de un payaso

Heinrich Böll

Seix Barral

 

26-extranjera-payaso

Un payaso maquillado con cuidado, acostado en una cama sucia, la rodilla hinchada y un marco en el bolsillo de la chaqueta insuficiente. Un listín de números a los cuales telefonear para pedir dinero, comida, entretención metafísica. El recuerdo punzante de Marie, la mujer que lo abandonó por un católico. Una lata de pepinillos acres, pozos de café, coñac, cigarrillos, periódicos vespertinos, cáscaras de huevo, una bañera llena de agua tibia.

Hablo de Opiniones de un payaso, del alemán Heinrich Böll. Su obra se nutre de una prosa precisa, por momentos lacónica, en que se advierte, sin saber en qué orden, paciencia narrativa, melancolía y campo de concentración. Por un lado, Por otro, está esa figura poderosa del payaso de la que aún no se ha dicho nada, ese bufón de la corte que parece salido de festival de Renacimiento, el clown, quiero decir. Quién no ha sentido una suerte de intranquilidad metafísica en la pantomima de ese ser oscuro, en esa risa que parece llegarnos a la inteligencia pura sin mediaciones ni atalayas conceptuales.

Es sabido que cualquier novelita aparecida después de la década de 1950 es, para tranquilidad del público, encajonada en esa cosa incómoda llamada literatura de la posguerra. Sueños húmedos de profesores de literatura. Verán, es esa necesidad burocrática por ordenar, regular, reducir. Pese a Auschwitz, pese al fracaso, la melancolía y la jaqueca continúan, sensaciones tan familiares como el pensamiento en la muerte.

El trabajo del payaso no consiste, como se suele creer, en entretener a un público privado e indolente a fuerza de una jornada laboral diaria. El payaso es un recolector de momentos.

¿Quién si no el payaso para mostrar los débiles resortes epistemológicos de esa ceremonia ontológica que llamamos vida? No hay revancha, Hamlet, no hay heroicos Arjuna ni Gilgamesh, no hay ni mierda. Solo la catedralicia esfinge del contrasentido, la navaja que nos sugiere un corte limpio, de través, frente al espejo. Debajo de la máscara no está la calavera, Shakespeare, está, sonriente, el payaso.

Diego Santizo

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Visiten el blog de Diego Santizo: Desde Santa María

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