Letras guatemaltecas – Los jueces/ Arnoldo Galvez Suárez

Los jueces

 

Arnoldo Gálvez Suárez

Letra Negra, 2009

 

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Las 146 páginas de Los jueces, novela de Arnoldo Gálvez Suárez ganadora del premio de novela “Mario Monteforte Toledo” 2008, contienen una alegoría, un estudio sociológico, un cuestionamiento de la justicia y una anticipación de los hechos que pueden estar ocurriendo ahora mismo.

La historia ocurre en una Colonia que se subdivide en tres sectores: A, B y C. Los fundadores residen en A, los afines a ellos se instalan en B, y muy lejos, ganándole terreno al barranco, existe C. Los pobladores de A y B quisieran eliminar a los numerosos habitantes de C, en quienes ven a los culpables de la intranquilidad, la drogadicción y la delincuencia que afectan al área. Hablan, planean, se exaltan, pero nada hacen. Temen a la reacción y a los machetes que guardan en C.

En la Colonia habitan personajes como la Muchacha, la Señora Vendedora de Huevos y el Hombre de las Serpientes. Un Energúmeno merodea en los alrededores. En ellos veo a la joven que resalta sus líneas a pantalón apretado, la madre sola que se faja por sostener el hogar, el vecino misterioso del que poco se sabe y mucho se inventa, y el pegamentero que acosa por una moneda. Los cuatro, a merced de la imaginación de Arnoldo, coincidirán en la discusión acerca de la justicia (ocurre un delito y un Círculo de personas discute el castigo a aplicar) que plantea la novela.

La justicia, con sus trámites, sus procedimientos y sus discusiones acerca de la interpretación de cualquier artículo de la Ley, impide que ocurra una reparación inmediata del crimen cometido. La policía llega para constatar la muerte de la víctima o engrilletar a quien disparó en defensa propia. Luego se escandalizan las autoridades cuando la gente se desespera y organiza batidas de caza por su cuenta. Arnoldo expone los pareceres de varios de los pobladores de la Colonia ante la posibilidad de aplicar un castigo ejemplar, de esos que escarmientan y lanzan advertencias. Nadie sale bien librado: ni el Presidente del Comité de Vecinos, que no desea ensuciarse las mangas del saco, y tampoco el Hombre de las Serpientes, que vuelve a fallar en obtener la aceptación de los demás.

El lector termina preguntándose si algún día la justicia se aplicará en forma inmediata, evitando el papeleo y los tribunales. También se inquieta al constatar que la balcanización del país evoluciona a pequeños enclaves que un día de tantos emitirán sus propias leyes, acuñarán su moneda, vigilarán el paso de forasteros y emitirán sus pasaportes. Ninguna consideración humanística es válida ahora que cualquiera está expuesto a llevarse tremendo susto en la casa o en la calle.

La novela de anticipación, siempre relacionada con historias que tal vez ocurran dentro de  varios siglos, puede dibujar situaciones más cercanas. Lo que Arnoldo escribió en Los jueces se está gestando, ocurre ahora mismo, o pertenece a las memorias que intentan rasparse con ayuda de un lavado de conciencia.

Eddy Roma

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