Literatura guatemalteca – Asturias y nuestra parva curiosidad

Asturias y nuestra parva curiosidad

 

Por Sergio de León Sandoval

 

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La selección de futbol lleva toda la vida intentando clasificarse para el Mundial y cada cuatro años los guatemaltecos le siguen los pasos con fervor, con la esperanza de gozar con el privilegio de pisar el campo y medirse con los grandes; igual se volcaron impetuosos cuando se trató de impulsar la victoria de un cantante en un concurso latinoamericano hace un par de años, aunque hoy pocos recuerden al artífice de esa efímera hazaña. Quiero nombrar a otros connacionales que han alcanzado el pedestal de la fama por sus proezas y en mi mente aparecen Ricardo Arjona, Rigoberta Menchú… la lista se queda corta.

Lo que quiero es destacar que son pocos los guatemaltecos cuya trayectoria, construida con esfuerzo propio, ha logrado prestigio y reconocimiento mundial y, a mi parecer, uno de los triunfos más valiosos de todos los tiempos lo obtuvo Miguel Ángel Asturias cuando, en 1967, fue galardonado con el Nobel de Literatura. Ese premio se ha venido entregando casi ininterrumpidamente cada año desde el inicio del siglo XX. Del centenar de ganadores solo una docena escribió su obra en español, y, entre esos pocos, apenas un puñado son latinoamericanos.

Gabriel García Márquez, Pablo Neruda, Octavio Paz, Gabriela Mistral y punto. Estos son todos los literatos de nuestra región, aparte de Asturias, que hasta ahora obtuvieron el que muchos consideran como el más importante reconocimiento literario a nivel mundial. Sin embargo, para los guatemaltecos eso parece no significar mucho.

En general, la formación que a través del sistema educativo adquirimos de Asturias se limita en leer –con el agravio de la obligatoriedad–  uno de sus libros en primero o segundo básico, enterarnos en algún momento de nuestra vida, probablemente por casualidad, que el centro cultural que conforma el Teatro Nacional está bautizado en su honor, y, quizás, si la vimos y la logramos identificar, supimos de una estatua suya que se erige en La Reforma, que por cierto tiene apenas unos 10 años y fue vandalizada al poco tiempo de su instalación, cuando le robaron unas partes. De lo que estoy seguro es que bajo ninguna de esas circunstancias, el común de nosotros conoce y entiende a profundidad los méritos del laureado escritor. Igual leímos los libros de Virgilio Rodríguez Macal y no se ganó ningún Nobel, fuimos al teatro sin que su nombre marcara una diferencia en nuestras vidas o transitamos bajo la sombra de los árboles de La Reforma sin enterarnos de la escultura del llamado Moyas.

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No es falta de información, pues tratándose de un escritor para alcanzar un entendimiento, al menos en el ámbito de las letras, basta con abarcar su obra. Tampoco es falta de interés académico, pues como el escritor, columnista e investigador Mario Roberto Morales, quien por cierto ganó en 2007 el Premio Nacional de Literatura que lleva el nombre de Miguel Ángel Asturias, al enterarse a través de un intermediario sobre la disposición de abrir en Luna Park este espacio para estudiar y reflexionar sobre la vida y trabajo del Nobel, comentó que “si un autor latinoamericano ha sido estudiado ese es Asturias. El corpus crítico sobre su obra es abundante. Los que no lo conocen son los chapines”. Presumo entonces que la ignorancia se trata de mero desinterés a nivel personal en cada uno de nosotros, primero, y a nivel político después; además de existir espacios limitados para hacerlo. Los medios de comunicación tradicionales siguen otra agenda y cada vez tienen menos elementos noticiosos en el legado de un escritor que lleva más de 30 años muerto, y cuyos últimos trabajos artísticos se remontan a un par de años antes de su muerte en 1974. Entiendo en parte el desinterés, en este país tan azotado por nefastas manifestaciones humanas la cotidianidad transcurre, para la mayoría, primero con el afán de ganar suficiente, por lo menos para las tortillas; después con el de sobrevivir, porque al menor descuido puede uno terminar siendo víctima de alguna de las variadas modalidades de violencia que se registran a diario; y, por último, porque a diferencia de otros países que le dan un lugar a las celebridades y los personajes prominentes en cualquier ámbito, nuestra cultura nos condiciona a rendirle culto a las estrellas de la farándula mexicana, gringa y quizás europea.

Mi interés por crear este espacio surgió con un ejemplar que adquirí hace ya no sé cuantos años en una visita a la feria del libro en el Parque de la Industria. En uno de los estantes estaba un tomo de la colección Archivos a precio de oferta y capturó mi atención, pues se llama “Miguel Ángel Asturias, Periodismo y creación literaria”. Trabajo como periodista así que el título definitivamente despertó mi curiosidad y lo compré. El libro pasó inadvertido en mi raquítica biblioteca una cantidad de años, después lo acarreé hasta Colombia en donde siguió igual, y un par de años más tarde lo traje conmigo a México, en donde finalmente lo rescaté del olvido. Creo que el Destino depositó el libro en mis manos cuando consideró que mi mente o mi espíritu le sacarían el mejor provecho, y fue a finales de 2008 cuando empecé a leerlo. Unos meses antes leí, por segunda ocasión, “Hombres de Maíz” y después, conforme exploraba los artículos de prensa que desde París enviaba Asturias al desaparecido diario El Imparcial y otras publicaciones en América Latina, fue un deleite encontrar la semilla de la genialidad en el manejo del lenguaje que alcanzó su esplendor en esa y otras novelas. Leer sus columnas también me permitió descubrir algunos de los elementos con los cuales modeló su ideología, apreciar cierta evolución en su sensibilidad a lo largo de casi una década y la pertinencia en el abordaje de los temas más intrincados de la realidad de nuestro país.

Lo más sorpresivo fue percatarme cómo una gran cantidad de sus escritos periodísticos, de sus denuncias y análisis parecen seguir vigentes en estos días. Es decir, si aparecieran mañana en Prensa Libre o El Periódico, uno pensaría que fueron escritos para analizar la situación agraria del país,  lo cual me hace inferir que nuestra sociedad está estancada de manera patológica o que la conciencia y profunda comprensión que desarrolló Asturias sobre los problemas del país le permitió proyectar su magnitud y duración en el tiempo, y por eso parece haber actuado como oráculo para predecir el abatimiento que pesaría sobre el país, de no enmendarse las injusticias históricas.

Mi intención es entonces exponer aquí todas las facetas posibles del Nobel para examinar no sólo su creación artística, sino también sus aspectos como humano, estudiante, político, diplomático y periodista. Suscitar debates sobre su obra y su pensamiento. Permitirnos analizar el contorno social, político e intelectual que lo influyó e hizo de él alguien con cierto ideal de país, pero a la vez detectar en qué falló y los vacíos que hasta ahora imposibilitaron una transformación de la sociedad guatemalteca acorde a las aspiraciones asturianas y de otros intelectuales de su tiempo.

Me gustaría despertar, en muchos, algo de interés que nos sirva para encontrar nuevas riquezas heredadas por Asturias, que lo veamos en toda su dimensión. Ojalá descubramos consejos entre lo que nos legó, y este espacio contagie la curiosidad de innumerables lectores. Ojalá se adhieran todos los que tengan una opinión, una nueva perspectiva de análisis o descubran una nueva arista sobre este escritor. A ver si Miguel Ángel Asturias nos permite tener un rasgo profundo de identidad como guatemaltecos, y nos enorgullezcamos de decir que es de nuestro país y por eso fue capaz de describirnos y exponernos con una honestidad que hasta lastima, pero que se le agradece.

Enlaces:

– Puedes comentar o comunicarte directamente con Sergio de León a su correo: sergiodls@hotmail.com

– La imagen de la escultura de Max Leiva fue tomada de este interesante sitio: Mecenas un espacio para el arte iberoamericano contemporáneo. Visítenlo.

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