Literatura guatemalteca – César Brañas: divagaciones en torno al crítico

César Brañas: divagaciones en torno al crítico

Por Julio Reyes Gordillo

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Dice Rolando Castellanos en César Brañas o el Esplendor de la Crítica literaria, que “César Brañas concibió el universo en las cuatro paredes de una biblioteca… no había nada ajeno a su curiosidad literaria: una breve nota sobre la ciudad, un obituario de un escritor olvidado, el estudio profundo sobre los clásicos guatemaltecos. Los estudios que publica en El Imparcial en el período de 1930-1964 ejemplifican un particular estilo de hacer crítica literaria”.

Haciendo eco a lo anterior y a unas líneas de Marco Vinicio Mejía, leídas en “Miguel Ángel Asturias, Raíz y Destino”, donde dice que las facetas poco o casi nada estudiadas de Asturias y César Brañas son el ensayo, le tomé la palabra para investigar y buscar todos o casi todos los ensayos que escribiera Brañas acerca de crítica literaria.

Brañas no solo traía de forma innata su inclinación hacia lo literario, el ambiente también fue propicio para que se desarrollara mejor; amén de que su padre, Don Antonio Brañas, le indujo, en parte, por este camino. Ya que el mismo Brañas así lo reconoce cuando dice que a los 17 años lo acompañaba a la capital para escuchar conferencias de grandes hombres de letras y artes que venían a Guatemala en las primeras décadas del siglo XX, cuando gobernaba Estrada Cabrera. Época en la que el país fue visitado por muchas ilustres figuras del ámbito artístico y literario; sin saber, dice él, que esto era de su agrado. Esta confesión aparece en el ensayo referente a Eduardo Zamacois.

Como decía anteriormente, Brañas ya traía lo de literato desde nacimiento, es por eso que desde temprana edad empezó a escribir ensayos relacionados con este tema. A los 28 años ya tenía base y fundamento para escribir uno de sus ensayos mejor logrados y que sustenta a toda una generación de escritores, la de 1920. Confines y problemas de la generación del 920, lo tituló. Allí hace una exposición amplia acerca de dónde inicia y termina esta generación, sus integrantes, algunos trabajos realizados por ellos, así como los problemas y vicisitudes que sufrió esta generación. Casi con el mismo fin, años después, en 1964, escribió su ensayo: Cuando quebraba albores la generación del 910, donde también hace una semblanza de esta generación, y sus integrantes más sobresalientes.

Durante los casi 54 años que incursionó en el Imparcial, donde dio vida y floreció su página literaria, plasmó su conocimiento, su defensa, su señalamiento, su ensalzamiento de varios poetas. No en artículos de treinta o cuarenta líneas, sino en varias entregas, como apuntes para una biografía, como se tituló alguno de estos ensayos, o cuadernos de notas.

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Textos que él consideraba mal hechos o hechos a medias, como lo menciona en uno de los capítulos de su obra póstuma Depresión y Resentimiento, encontrada por David Vela, tiempo después de su muerte, y en donde dice: “… me he dejado de llevar por la corriente de la  vida y sólo en lejanas y contadas circunstancias puse ilusión en mi trabajo, devenido rutina e intervalado de largas lagunas en la producción literaria a la que haya impuesto mi firma, pues la inmensa mayoría de mis escritos ha sido anónima, de servicio periodístico, por su mismo destino raramente rescatables algunos que otros. ¡Si se los pudiera rescatar! Pero ¿quién rescata del turbión barquitos de papel?… Encuentro sin sustancia mis prosas y desflorecidos mis versos, a poco de escritos, y no sé razonar cuál es su debilidad esencial, ni se me ocurren formas de enmendarla, para lo cual me falta decisión y constancia. Hay demasiado de improvisación en  mis escritos, me digo y carezco de aliento para depurarlos, para acendrar la dosis de pensamiento que lleven, y lo mismo para prolongar la tensión y la extensión de la obra intuida o iniciada, bosquejada o frangollada. Así se me quedaron en bocetos informes, en apuntes después indescifrables, irreconstruible la impresión primeriza, proyectos de cuentos o novelas (línea a tiempo desechada), principios de poemas, ideas para ensayos, sugestiones de asuntos que tratar, y lo propio a tiempo arrepentidos conatos de traducción… otro tanto, la comprobación de mi incapacidad para la descripción apropiada, para comunicar animación a los escritos, luminosidad o gracia a las ideas y expresiones, novedad a metáforas e imágenes, tan morosas a mi fantasía, una fantasía de corto y tardo vuelo, aherrojada, de ordinario, a un realismo superficial, que me desazona aun cuando a ratos llegue a figurárseme como una modesta cualidad… Una modesta cualidad, de fijo mal aprovechada”.

Considero que se calificaba así, debido a que nunca quiso vanagloriarse ni que lo vanagloriaran. Porque a pocos hombres de letras se le ha conocido que puedan expresar y tener un conocimiento tan profundo, no de uno, sino de varios de sus colegas literatos.

El caso es que dentro de los diferentes apuntes para una biografía que este bardo escribió, se han podido localizar aproximadamente 30 ensayos. De los cuales 6 podrían formar por sí solos un pequeño libro, un libro duende, como le llama él a los libros pequeños, en un artículo publicado en el Imparcial. Pues de todos estos ensayos, se puede observar que Brañas conoce al personaje, si no en persona, sí por sus obras. Hace un relato ameno y comprensible de la vida de escritores guatemaltecos o extranjeros que fincaron su vida en esta tierra, con tal propiedad y tan bien relacionado con el momento histórico en que vivió, que no hay manera de perderse.

Pero, volviendo a Brañas, pregunto ¿de dónde sacó tanto bagaje para escribir tan interesante y bien documentada información? Porque como bien dice él mismo y lo mencionan otros como Augusto Monterroso, no había muchos libros en aquellos tiempos, más que los Clásicos, y Brañas da a conocer a muchos de sus contemporáneos.

Pero es que su interés por conocer y escudriñar lo que le apasionaba no tenía límites, y si no era por libros, era por artículos que encontraba en revistas que circulaban en ese tiempo, o por tener el contacto directo con los personajes, contacto que se dio, como ya lo dije, por medio de su página literaria de El Imparcial.

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¿De quién y cuánto escribió? Para muestra un botón, los que forman un libro propio y han pasado por mis manos son:

  • Itinerario de Ramón Aceña Durán
  • Rafael Arévalo Martínez, en su tiempo y su poesía
  • José Rodríguez Cerna o el esplendor de la Crónica  Literaria
  • Tras las huellas de Juan Dieguez Olaverri
  • Flavio Guillén, Maestro Cordial
  • Antonio Larrazabal, un guatemalteco en la historia

De los otros, que por su extensión no llegarían a formar un libro por sí solos, se podrían mencionar:

  • Aproximación a Pablo Neruda, arcángel poético
  • Máximo Soto Hall, en la distancia y en la muerte
  • María Josefa García Granados
  • Efrén Rebolledo, Enamorado de Guatemala
  • El Diario de un amigo difícil de Guatemala, Federico Gamboa
  • Poetas en entredicho: Mencos y sus sonetos clásicos
  • Julio Camba desde lejos
  • Delirios, de Felipe Silva
  • Notas para una imagen de Virgilio Rodríguez Beteta
  • Zamacois en Guatemala

Y la lista no termina…

Por otro lado, hay muchos ensayos dispersos en diferentes revistas, que ha sido difícil ubicar y que por referencias se mencionan en otras publicaciones; pero a la hora de quererlas localizar, o no aparecen o su publicación está agotada. Y otros que ya forman parte de un libro ya sean como prólogo o como un capítulo del libro:

  • Hostos después de la alabanza
  • José Milla y Vidaurre, costumbrista

En varios de sus ensayos, Brañas hace referencia a que no hay una recopilación de todo el trabajo del escritor estudiado, o si hay algún libro publicado, ya se agotó su edición. En otros no se ha podido obtener datos biográficos, porque nadie se tomó la molestia de hacer anotaciones o porque las pocas que hay son muy escuetas, por lo que se ha tomado como referencia escritos de algún allegado o escritos de la generación para hacer la relación del escritor.

Y para terminar este buceo en las divagaciones en torno al escritor, hay que agregar que otros ensayos que validan aún más su capacidad literaria son varios artículos sobre el escritor en general, y cito a continuación: Divagaciones en torno del escritor, en varias entregas, publicadas en 1947; Leve indagación de la gloria literaria, publicado en 1962; Ámbito y problemas del escritor guatemalteco, publicado en febrero de 1964.

Entonces, como se podrá ver, la obra literaria de Brañas, en este tópico es bastante completa, recopilarla y darla a conocer sería importante, y a partir de allí alguien podría emitir un juicio más sobre la capacidad tan grande de César Brañas, como escritor y ensayista.

Enlaces:

Para comunicarse directamente con el autor de este ensayo pueden escribir a:                         jreyes_gordillo@hotmail.com

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