Literatura guatemalteca – Crónicas de supervivencia: la producción literaria en Guatemala

Crónicas de supervivencia:

La producción literaria en Guatemala

 

Por Vania Vargas

 

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El elevado porcentaje de analfabetismo en Guatemala, dividido casi equitativamente entre los que no saben leer y los que saben pero prefieren no hacerlo, por cualquiera de las causas que afectan a este malhadado país, no ha provocado el cese de la producción literaria que, si bien apuesta por las reediciones de los clásicos de estudio, no deja de lado a los escritores contemporáneos que, gracias al espaldarazo de un consejo editorial, o valiéndose de sus propios medios económicos, así como de las ventajas que ofrece la Internet, mantienen activa la producción literaria del país.

En una ciudad en la que la literatura es casi un lujo, no es de extrañar que su producción editorial responda a un porcentaje minoritario en relación con la de libros de texto e investigación de diversas disciplinas que llenan el mercado.

Es el caso de la Tipografía Nacional, que, en el año, se dedica a la edición de un estimado de 50 títulos, en tirajes de hasta 200 mil ejemplares por encargo del Ministerio de Educación. Pero que este año emprendió una tarea de rescate mediante la reedición de textos fundamentales para la historia de la Literatura guatemalteca, tales como el libro “Poemas”, de José Bergaño y Villegas, cuya primera edición es de 1808; o el libro de cuentos de Arqueles Vela, titulado “El café de nadie”, así como la reunión de cuentos de Rafael Arévalo Martínez, entre otros autores no menos importantes, como Carlos Samayoa Chinchilla, Alfredo Ballsels Rivera , Fray Bartolomé de las Casas o Aurora Cáceres, la primera esposa de Enrique Gómez Carrillo, quien aporta interesantes datos acerca de una etapa de la vida del Príncipe de los Cronistas.

Dante Liano y Luis Eduardo Rivera, dos escritores guatemaltecos de finales de los años 70, que actualmente viven en el extranjero, también encontraron un espacio dentro de la producción de esta editorial estatal, que lanzó un amplio tiraje, y bastante económico, de los “Cuentos completos” de Liano, y la “Poesía pre póstuma” de Rivera.

Cuestiónes de fe

A Gerardo Guinea Diez, editor propietario de Magna Terra, nunca lo ha desvelado el hecho de que las ediciones que produce sean comerciales o no. Imagino que ser escritor en Guatemala, como ser editor, es casi una cuestión de fe.

Varias instituciones, sin embargo, son las que mantienen su movimiento editorial. Este año estuvo a cargo de la edición de unos 70 libros de diversas disciplinas, que no dejaron de lado a lo que él denomina su “fondo editorial” del que salió “Ir perdiendo” un libro de cuentos de Gloria Hernández, así cómo la antología poética de Francisco Morales Santos, titulada “Asalto al cielo”.

De este mismo “fondo” se espera que en 2009 aparezcan los cinco “diarios” de César Brañas, recopilados por Alexander Sequén-Monches; “Días amarillos” una novela de Javier Payeras; otra de Víctor Muñoz, un poemario de Paolo Guinea; un libro de Ramírez Amaya; una recopilación de entrevistas literarias de José Luis Perdomo, así como un libro de ensayos de Luis Aceituno, entre otros.

Una apuesta por las letras centroamericanas

El año 2008 fue un período de trabajo intenso para Raúl Figueroa Sarti, quien, además de ser editor de F y G , estuvo a la cabeza de la Feria Internacional del Libro (FILGUA). Un acontecimiento que congregó durante varios días, en un mismo lugar, a los libros y las editoriales de Guatemala y otros países de América, tales como Argentina, Brasil y Nicaragua, entre otros, y se convirtió en un verdadero punto de reunión del arte y las letras.

Si bien en F y G la literatura guatemalteca estuvo representada, este año, por los libros de Rafael Cuevas Molina y Eduardo Villatoro, su porcentaje de producción literaria se dedicó mayoritariamente a la edición de escritores centroamericanos, como Jorge Galán, Vanesa Nuñez-Handal y Rafael Menjívar Ochoa.

Una tarea a la que también se dedica, en la actualidad, la colección Mar de tinta de Editorial Piedrasanta, que, además, acaba de presentar otro aporte a las letras guatemaltecas con la edición de “Los episodios del vagón de carga” de Manuel José Arce.

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Entre los que se dedican exclusivamente a la literatura guatemalteca, aparece Editorial Cultura , un espacio que, de acuerdo con su director, Francisco Morales Santos, ha venido marcando la diferencia en el ámbito nacional, mediante la atención a la literatura infantil y el equilibrio entre el rescate de los clásicos y la presentación de poetas, narradores y ensayistas jóvenes guatemaltecos, sin distinciones, una vez prevalezca la calidad de la obra.

Este equilibrio se manifestó durante 2008 con la publicación de escritores jóvenes como Javier Payeras, Byron Quiñónez, Leonel Juracán, Olga Custodio, Julio Calvo y Jessica Masaya Portocarrero, frente a la edición de otras generaciones a las que corresponden Gerardo Guinea Diez, Patricia Cortez y Rodolfo Arévalo, o las reediciones de José María López Valdizán, Enrique Gómez Carrillo, Manuel José Arce, Enrique Juárez Toledo, Isabel de los Ángeles Ruano, Vicenta Laparra de la Cerda y Arturo Arias, entre otros.

Sin embargo, apostar únicamente por la literatura, y en especial por la literatura nacional es un riesgo que pocos se atreven a tomar. Eso lo sabe muy bien Ulysses Cifuentes, de Editorial Palo de Hormigo , que, a pesar de la crisis económica mundial que caracterizó a este año, asegura haber dedicado el 95 por ciento de su producción a la narrativa y la poesía, con la firma de autores como Eduardo Juárez, Otto Wilhelm, Johanna Godoy, Edgardo Barreda, Héctor Hugo Chacón, Rodrigo Lemus y Aída Niederhitmann.

Este es el caso, también, de Letra Negra. Una editorial que si bien tiene su sello ARMAR editores, para la publicación de Ciencias Sociales, publicó una antología de cuento dominicanos, en coedición con Febrilibro; una novela neo-histórica, sobre la quema de la Embajada de España en Guatemala, de Marvin de los Reyes; una novela testimonial de Iván Díaz; la colección de cuentos posmodernos de Rodolfo Monterroso; y los microrrelatos titulados “Comerciales para mi muerte” de su editor Armando Rivera.

La difusión y los espacios

Pero, ¿qué pasa con la producción?, ¿a dónde va a parar? ¿cómo es la recepción del lector? Ante todas estas interrogantes, los editores coinciden en señalar que los espacios de difusión de la literatura son cada vez más, sin embargo siguen siendo insuficientes.

“Ahora una edición de 500 o 1000 ejemplares puede agotarse en un año. Hace diez años las ediciones se agotaban cuando se nos terminaban los amigos para regalarles un libro”. Asegura Gerardo Guinea. Lo cual confirma la opinión de Ulysses Cifuentes respecto al creciente interés del guatemalteco por leer a sus connacionales.

Esos espacios de difusión en constante crecimiento a los que se refieren los editores son los mismos espacios de los que se valen los escritores que, ya sea por razones económicas, por la inaccesibilidad a la aprobación de un consejo editorial, o para aprovechar las ventajas de experimentación y expansión de otros medios, han optado por otras vías.

Las ediciones de autor, es una de ellas. Y una de las más frecuentes entre los escritores que viven en los departamentos de Guatemala.

Quetzaltenango es un buen ejemplo de este tipo de producción. Escritores como Robin Rossell, Carlos Humberto López Loarca o los miembros del grupo “Los Quijotes”, recurren constantemente a su bolsillo y a los talleres regionales para imprimir su propia obra. Otro es el caso del poeta Héctor Rodas Andrade, que se dedica a producir una obra casi artesanal, que él mismo se encarga de imprimir, armar y distribuir.

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El Internet es, ahora, otra herramienta aprovechada para la difusión de la literatura, no solo por escritores inéditos, sino además por algunos ya consagrados, como el caso de Maurice Echeverría, quien este año creó su propio sello editorial en línea, en un formato de blog, en el que ha publicado, a la fecha cuatro títulos: “Plegarias mutantes ”, “La glándula infinita ”, “Los poemas de Saffron Lane ”; y “Es sólo sangre ”.

O bien la editorial Libros Mínimos , que ha reeditado, en línea, algunas ediciones de la desaparecida Editorial X, y la producción de varios poetas, críticos y narradores de la posguerra guatemalteca.

Y por último, los blogs continúan siendo un espacio de difusión y discusión que quiebran con el canon editorial y están marcando la producción de toda una generación que responde a su tiempo. Tal es el caso del blog antología Te prometo anarquía , de Rafa Romero , así como sus blogs personales, o los de los noveles Julio Prado , Oswaldo Hernández , Carlos González , Diego Santizo , Julio Pellecer , Luis Fernando Castillo , Gabriel Arana , Bill Barreto , Martín Díaz , Wingston González , la gente de Nada Editores , y toda una lista de escritores jóvenes de sobra conocidos, y otros poco conocidos, de quienes se hablará más adelante.

Queda a discusión, sin duda, la calidad de mucho material propiciado por esta apertura. Sin embargo, coincido con Guinea Diez, al afirmar que cada autor irá abriéndose paso y sólo el tiempo y los lectores decidirán su suerte.

Otros enlaces: 

Visita el blog de Vania Vargas: el Paracaídas

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