Literatura guatemalteca – José Batres Montufar: el poeta bicentenario

José Batres Montufar: el poeta bicentenario

 

Por Olga Custodio

y Vania Vargas

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El continente americano celebra en 2009 la vida literaria de tres de sus grandes escritores. Norteamérica conmemoró en enero el bicentenario del maestro del relato, Edgar Allan Poe; Sudamérica celebrará en julio el centenario del demiurgo de Santa María, Juan Carlos Onetti, y Centroamérica, específicamente, Guatemala y El Salvador, conmemoran, el 18 de marzo, los 200 años de una de las figuras más destacadas del romanticismo, José Batres Montufar, un escritor que en sólo 35 años logró dejar un legado que trascendió el tiempo y la destrucción parcial de su obra, propiciada por la incomprensión de una sociedad regida por la doble moral.

Si me metiese a sombrerero, los niños nacerían sin cabeza…

Nació en El Salvador, hijo de padres guatemaltecos. Por influencia paterna fue militar, participó en varias batallas, se graduó de ingeniero, fue matemático, músico, lector de los cronistas coloniales y hombre que llegó a dominar el ejercicio de la escritura, así como el inglés, el francés y el latín.

Su vida, breve, estuvo marcada por la tragedia: pasó una temporada en prisión en El Salvador, tras caer durante una batalla; regresó a Guatemala para enterarse de que su familia había caído en la miseria. El día que se graduó de ingeniero, los honorarios de su profesión bajaron un cincuenta por ciento; perdió a su hermano menor, víctima de la malaria, durante un viaje de trabajo a Nicaragua; tenía fama de ser feo, y se cuenta que se había comprometido con una mujer que fue obligada, por su madre, a casarse con otro. Con todo en contra se convirtió en una de las figuras más relevantes del Romanticismo.

La rebeldía contra las normas, manifestada en la sátira, el lirismo, el patriotismo, la alusión a la muerte y al paisaje matizaron su obra, en la que destacan los textos satíricos de sus Tradiciones de Guatemala, el poema “San Juan” en el que alude a la naturaleza y a la muerte de su hermano, y el famoso poema “Yo pienso en ti”, en el que, según algunos estudiosos, se funden las ideas del romanticismo pues parece haber sido dedicado a Guatemala, su amada y la muerte.

Pepe y Pepita

El intercambio de conocimientos de francés e inglés llevó a José Batres Montufar a relacionarse con Miguel García Granados. Allí conoció a María Josefa García Granados, su hermana, y una de las primeras mujeres periodistas de Guatemala, cuyos escritos literarios estaban matizados por el lirismo característico del romanticismo, pero que, a partir de la relación que mantuvo con Batres, se convirtieron en manifiestos satíricos en contra de las costumbres y los personajes de la política de la época.

El vínculo entre estos escritores fue tan fuerte que, al poco tiempo de la muerte del poeta, Pepita García Granados dejó de escribir. Cuentan que tomó la decisión luego de que Pepe Batres se le apareciera para cumplir una promesa que habían hecho en vida: el que muriera primero debía regresar para avisarle al otro si existía el infierno. ¡Sí hay infierno, Pepa! fue el mensaje.

Por encima del tiempo, la persecución, y la censura, practicada incluso por la propia familia del poeta, que se encargó de destruir la mayor parte de su obra, ambos escritores han logrado llegar hasta hoy. Es tarea nuestra hacer que permanezcan a través de la lectura y análisis de su obra.

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Estética básica del romanticismo de Batres

José Batres Montufar es, verdaderamente, uno de los exponentes más minuciosos, puntuales y exactos del romanticismo. Con esto quiero decir que el poeta guatemalteco comprende y expresa a cabalidad el justo espíritu de este movimiento cultural. Para comprenderlo, más profundamente, presento a continuación algunas de las ideas estéticas que se conformaron desde la atmósfera filosófica del momento y permitieron el surgimiento de grandes obras, así como lo es Yo pienso en ti.

En primer lugar, el énfasis en la autocontemplación, es decir, el yo subjetivo que se cuestiona sobre la vida. Debe recordarse que, cuando se trata del romanticismo literario, se hace la diferencia entre el subjetivismo psicológico y el filosófico-literario. Para los escritores románticos la sublimación del yo obedece a la búsqueda del “ser subjetivo” de “sí mismo”, pero no para permanecer en contemplación de ese “sí mismo”, sino para encontrar el “ser objetivo”, a través de la lucha dialéctica con el “ser subjetivo”. Así, el yo subjetivo trasciende en ese anhelo por lo objetivo. Y aún después, ese “ser objetivo” se vuelve a “sí mismo”, nuevamente, para descubrir el “ser absoluto”. Como puede verse, estas posturas están lejos de los principios de la psicología.

Así, Batres Montufar, en su Yo pienso en ti, se vuelve a sí mismo, a su emoción, sentimientos, etc., pero no para buscarse sólo a “sí mismo”, sino que en el descubrimiento de sus propias emociones, ese poema describe la búsqueda del “ser objetivo” (el “otro” filosófico-literario con el que encarna diálogo en el poema) y finalmente el de-velamiento o des-cubrimiento de un ser absoluto, al que se ha tratado de dar interpretación en la figura de la muerte, la patria, el ser amado, Dios, etc.

Otra idea estética importante que puede descubrirse en la poesía de Batres es su preocupación por la belleza ideal. En el siglo XIX, la belleza se sublima en los principios morales, cristianos, la naturaleza, etc. Batres sigue también esta postura en algunos poemas sobre paisajes y lugares. Pero, la idealización que el autor hace de la belleza se muestra más evidente en los contrastes que maneja. Presenta, en poemas como El reloj y otros cuadros de costumbres, personajes “grotescos” o “inmorales”, que rompen con el molde de lo armonioso y consistente. Entonces, una vez en el juego dialéctico, puede descubrirse lo bello en oposición a lo feo y el bien (moral) en oposición al mal (transgresión). El autor no reniega de la naturaleza pecaminosa del hombre o de su conducción distorsionada en la sociedad, más bien, muestra el “cuadro completo” del ser humano. Esto, porque según las ideas estéticas de la época, se pensaba que el arte era expresión de la sociedad, las costumbres y la moral social.

Para Schiller, el poeta busca el infinito en el finito y así se vuelve infinito. Este es el fundamento de las contradicciones presentadas por los autores de la época, llevada a un extremo literario en la figura de la ironía. Batres también muestra esta contradicción latente entre lo real y lo ideal, y por ello, se empeña en buscar lo infinito a través de lo finito en su poesía. Por ejemplo, el anhelo del Absoluto, sublimado en el amor al otro romántico.

La belleza de estos poemas reside en la identificación de estos contrarios en un infinito (Absoluto), representado a través de en un finito (poesía, emoción subjetiva, realidad, etc.).

Así, vale la pena recordar el aporte de este poeta a la comprensión del hombre, de esta búsqueda por lo Absoluto idealizado, representada, literariamente, en muchos de sus poemas. Como dijo Schiller: El yo y el no-yo son dos caras de la misma unidad, que van revelándose en lo infinito, fue a lo que tanto aspiró Batres en su obra.

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