Literatura guatemalteca – Roberto Obregón: la ausencia larga

Roberto Obregón: la ausencia larga

Por Carlos González

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“No te salgas,
viejo y dulce animal
te sentirías más triste.
yo me ausentaré
por un minuto, una hora … años, (…)”

 

Un tío llegó a mi casa con una caja llena de libros.  Entre ellos, un libro de Roberto Obregón editado por la “Óscar de León Palacios”: “El adiós y el retorno”.  Yo tenía como 13 años.  Mi madre lo hojeó y me dijo que era un poema escrito al padre del poeta.  No recuerdo si leí parte del libro en ese momento.  Años después, leí “La Flauta de Ágata” en la biblioteca de la Universidad Rafael Landívar.  Por la época en que visité la biblioteca no se podían sacar libros, así que luego de haber leído algunos de los brevísimos poemas, tuve que terminarlo.  Meses después un amigo me contó que estando en Chiquimula se encontró con un libro de Obregón en circunstancias de lo más ajenas, y que no podía dejar de leerlo, que estaba en un bar, pero él sacó un libro de Obregón de la librera y tuvo que mendigar las miserias de una iluminación más propicia a la embriaguez que a la lectura para poder distinguir las letras. “Eso es todo lo que recuerdo” me dijo. Entonces comprendí, de su poesía, la naturaleza austera y la falta de difusión que se le ha dado.

¿Qué es lo que determina la trascendencia o el olvido de un escritor?  Las publicaciones recientes de sus libros son un intento para salvar las cenizas perdidas de un héroe, porque es imposible hablar de su vida sin pensar en la vida de un mártir.  A pesar de no haber militado físicamente, su calidad de escritor que viene de regreso del extranjero, con un doctorado en filosofía (de Moscú, ni más ni menos) para luego ser asesinado por motivos políticos injustificados.  Eso lo sitúa en la posición de militante intelectual con desventaja ante un sistema retrógrado y siniestro.

Obregón era poseedor de un denso bagaje cultural, sin embargo, nunca dejó de identificarse con una estética que apostaba a la utilización de un lenguaje simple, con el que logra fusionar de forma certera valores estéticos de sus predecesores (Asturias, Ricardo Estrada, Francisco Méndez) como el tradicionalismo, la recurrencia a la mención de elementos de la cosmogonía maya; como el maíz y la visión poética del indígena (herencia clara de Asturias).  Combinada con un modernismo que aún tenía atisbos en la creación poética guatemalteca.

“Muchas veces me siento sauce
y cuando todo es crepúsculo
salpico yerbas con sangre de Tolcom.”
Poemas para comenzar la vida

 

Obregón asume la responsabilidad de revitalización de lo tradicional con influencias occidentales.  Un ejemplo de estos valores es la narración introspectiva dentro del poema, la identificación con la frase cotidiana, con lo dogmático.  Muestra de la influencia de las vanguardias de principios de siglo europeas.  También se identifica la influencia de la poesía contemporánea latinoamericana: la antipoesía y la poesía conversacional.

“Piedra fina refinada por la lluvia
Alma sonora con silencio de semilla
Dámela, redonda, abierta, dámela.
Roja y negra, blanca y amarilla.”
Poesía de Barro


“Escuha el aroma del jazmín, Olga.
Qué se me hace
Que la tierra está pensando en ti.”
Poesía de Barro

 

Se podrían identificar de forma difusa dos fases de la creación de Obregón.  En la primera etapa abundan los poemas escritos en forma dialógica, aspecto que es más que un pretexto para incubar un discurso poético introspectivo que llegará a desarrollarse por completo en años posteriores.  También abunda la poesía impresionista, fiel a la experiencia directa de lo cotidiano y manifestada con imágenes sensoriales vistas desde el presente.  Se podría llamar a esta etapa como la etapa “de juventud”, y es de ella de la que más se recuerda al hablar del poeta.  En palabras de Ernesto Loukota, “Obregón fue un poeta que escribía versos sencillos y diáfanos, sin rebuscamientos y comprometidos únicamente con la imagen poética.”  A esta faceta pertenecen los textos: “poemas para comenzar la vida”, “poesía de la ausencia”, (ambos publicados en 1961) y “Poesía de barro.” (Póstumo, 1973)

La metáfora diáfana, con una especie de agilidad que cultivó en la primera etapa, es cambiada por una mucho más reflexiva y con un propósito claro. Deja de tener una significación completa y pasa a formar parte del poema, el cual adquiere un ritmo un tanto más lento.  El tono con que están escritos estos poemas es mucho más crítico y en cierta forma negativo.  El espíritu patriótico y altivo de los primeros poemas es sustituido por un sentimiento de lástima y tristeza hacia la sociedad circundante, (hay que señalar que este espíritu es un hecho generacional de Nuevo Signo, por la identificación que el grupo tuvo con la Revolución de octubre de 1944) criticando las injusticias que se han dado a través de la historia de una forma severa y mordaz, sin perder el aire melancólico que tuvo en su juventud.  Se podría decir que esta modalidad comienza a partir de la publicación de “El aprendiz del profeta” en 1965. (Excepto “la flauta de Ágata” que retorna al estilo de sus primeros poemas) “El aprendiz del profeta” es un libro desencantado, que condena de forma implacable los valores admirados en la primera etapa de su poesía:

“Miradlos.  Se han pasado el tiempo
creciendo sobre la ceniza
de sus propios incendios
(…)
miradlos pastar en la ceniza
de nuestros esqueletos antiguos”

El Aprendiz del Profeta

 

Es interesante observar de este poemario que varios de los textos son reescrituras de “poesía de barro” escrito entre 1962 y 1966, pero publicado de forma póstuma hasta 1973.  Esto indica una inquietante preocupación por la forma, la cual encaja de una forma más precisa con la contemporaneidad europea si se compara con los demás poetas de Nuevo Signo.  El proceso de transformación del estilo del poeta se va gestando casi desde el inicio.   Esto denota la inutilidad de un intento por poner límites a su creación poética.

Una imagen recurrente que se encuentra en el poemario “El Fuego Perdido” es la putrefacción de los bosques.  Otro contraste radical con los primeros poemas, colmados de motivos referentes a la naturaleza y a las bellezas forestales.  En “El fuego Perdido” el bosque es sombrío.  Y su madera es insuficiente para encender una fogata tenue, que se desvanece en medio de la oscuridad.

“No podemos encender la hoguera
mojado está el bosque
podridos están los troncos
no podemos quebrar los colmillos del frío”
El Fuego Perdido

 

Las imágenes de “El Fuego Perdido” también hacen referencia a la naturaleza, pero casi siempre lluviosa.  Húmeda.  Y el poeta comienza a tratar la idea de la muerte de forma directa, la cual había desdeñado en poemarios anteriores o había ignorado:

“Para mí es la muerte cada instante
del año, (…)”
El Fuego Perdido

 

Sin embargo, aún persisten motivos de sus primeros poemas: la infancia, los pájaros que siempre son un aliento en medio de la nada, el sonido del río, etc.

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El desencanto propio de los movimientos contemporáneos occidentales culmina con los poemas publicados en el único volumen antológico de Nuevo Signo: “Las plumas de la serpiente”.  Los textos que el poeta incluye en la antología son completamente violentos, la metáfora es sustituida casi en su totalidad por un lenguaje seco y muy narrativo.  Las críticas se hacen de forma directa y severa, casi a manera de condena.  Se incluye un poema escrito en prosa, y esto lo declara como el poeta del grupo que más se identificaba con la modernidad:


“La puta de la muerte anda ahora con los yanquis.
Que porque ellos tienen más dinero; que porque son los más ricos del mundo, sanguinarios y un montón de cosas más… Pues que se la cojan toda, que se regodeen como gusanos en sus carnes oscuras (…)”
Las plumas de la serpiente (Publicación antológica de Nuevo Signo)

 

El contraste con los primeros poemas es evidente.  El afán de encontrar una calidad estética a través de una metáfora pura es sustituido por el afán transgresor, que busca lo grotesco como signo estético.  Los poetas que se publicaron en la antología fueron los últimos publicados en vida por Obregón.  Ese mismo año fue capturado en la frontera con El Salvador y desaparecido.

Sin duda alguna, existe en su obra una evolución poética que podría considerarse drástica en los años de creación que tuvo.  Obregón es el poeta menos conservador del grupo Nuevo Signo. (En la década de los sesentas)  Obregón, como él mismo se describe de forma indirecta, es el profeta amarrado a sus sueños, que lleva agua, escurriendo, entre las manos, para que el pueblo beba.  Es sin duda alguna un poeta fundamental en la década de los sesentas, a quien es necesario rescatar con una la lectura obligada de sus textos.

“Descansad, sentáos
junto a las brasas apagadas.
yo os traeré agua en mis manos,
…mis manos,
mis pies,
a los grandes sueños
habéis encadenado.”

El aprendiz del profeta

Enlace:

Visita el blog de Carlos González: Pájaros descompuestos 

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