Literatura guatemalteca – Week-end en Guatemala, alias PBSUCCESS

Week-end en Guatemala, alias “PBSUCCESS”

 

Por Sergio de León Sandoval

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Encontré a un valiente, aguerrido, seguramente furioso y profundamente herido Miguel Ángel Asturias al leer una de sus obras con mayor valor histórico. Week-end en Guatemala es un libro de relatos solo quizás porque fue el único canal que tuvo a su disposición en ese momento para exponer todas las historias que presenció, escuchó o se comentaron después de que en Guatemala fue derrocado el presidente Jacobo Árbenz Guzmán a través de un golpe de estado financiado por la Casa Blanca y ejecutado por la CIA.

No es que al leerlo haya descubierto cosas que no sabía, sin embargo, los datos fríos que aprendí o de los que me enteré al hurgar los documentos que más o menos hace una década desclasificó el gobierno estadounidense sobre su atroz intervención en el derrocamiento de Árbenz adquirieron matices y se encarnaron en historias de personajes que padecieron de una u otra manera lo sucedido en esos días aciagos.

En Week-end en Guatemala veo a Asturias ansioso por desahogarse, contar las cosas que acababa de atestiguar, por saciar esa necesidad de hablar, de aplacar el enojo y la ira que lo consumía –el manuscrito está fechado en el verano de 1955, unos meses después de la caída del gobierno revolucionario– y quizás en ese afán descuidó su prosa y escribió acezante y a trompicones como si tuviera que llegar pronto a un destino incierto. No es que haya olvidado la belleza estética que caracteriza su obra, sin embargo, la denuncia pesa más en este libro, que no dudo en considerar un gran reportaje que desgrana una serie de crónicas, vivencias de cómo golpeó a los guatemaltecos el golpe fraguado por la agencia de inteligencia estadounidense.

Desde el comienzo y a lo largo de la obra, Asturias perfila una sociedad polarizada, lastre del que no nos hemos deshecho y que parece empeorar en nuestros días, y de cómo cada cual velando por sus intereses personales o de su grupo adopta una posición defensiva, desconfiada y radical ante “los otros”. Uno a uno los relatos de los diferentes personajes van configurando el plan que fraguó la CIA y la United Fruit Company con apoyo de un grupo de terratenientes afectados por la reforma agraria arbencista, que en los archivos secretos de Washington se conoció como la operación PBSUCCESS.

En el primer cuento el Nóbel desarrolla la experiencia de uno de los agentes extranjeros participantes en la operación al que se le encomienda la tarea de ir a recoger un cargamento de armas que sería lanzado por un avión en las costas del país y la misteriosa manera en que el arsenal queda esparcido en la carretera a lo largo del camino de regreso hasta el punto en donde debía entregarlo. El misterio aquí es descubrir cómo se abrió la compuerta trasera del camión y las pesadas cajas con el material bélico fueron a dar a la carretera.

-Esa es la incógnita, y vamos a tratar de resolverla, sargento. Dice usted, y su declaración fue grabada en cinta magnética, lo que me ha permitido escucharla varias veces, que en el momento del accidente alcanzó con el rabo del  ojo, el cuerpo de una persona lanzada al aire con los brazos abiertos y que al detener el camión, más adelante, y volver a prestarle auxilio, esa persona había desaparecido.

Luego, el escritor cuenta cuando un guía de turistas de origen guatemalteco pero nacionalizado en Estados Unidos decide intencionalmente desbarrancar a toda velocidad un autobús lleno de pasajeros norteamericanos para vengarse del rencor que guardó después de haber visto cómo aviones estadounidenses bombardearon poblados que quedaron devastados y que luego  un ejército de mercenarios organizado por la CIA se encargó de ejecutar a sangre fría a cuanta personas y civil desarmado se cruzara por su camino.

– ¡Ah canallas!… –se trituró los dientes– ¿asesino yo? y a los air-bomberman y a los pilotos que atacaron con altos explosivos poblaciones indefensas en esta tierra que ahora recorren como propia ametrallando niños y mujeres ¿cómo se les llama?… ¿asesinos?… ¡No!… ¡Los air-bomberman siguen siendo air-bomberman condecorados y los pilotos, pilotos!…

Ocelotle 33 es una radiografía de la traición. Es el relato en el que denuncia cómo los oficiales del ejército nacional se vendieron y terminaron apoyando la invasión. Es una muestra de cómo, en la quizás única oportunidad en que ha tenido una razón válida de existir, el ejército de Guatemala fue sencillamente un fiasco y sus oficiales demostraron la vileza de su estirpe. Confieso que en este párrafo no puedo ser neutral y lo escribo indignado. Asturias describe la dramática situación de una mujer cuyo marido la abandonó para apoyar al “ejército contrarrevolucionario” –infestado de mercenarios extranjeros—que invadió Guatemala desde el oriente y que es capturado por los militares. A pesar del conflicto moral que le provoca la determinación de su pareja que considera una traición al país, la mujer decide renunciar a su dignidad y entrega su cuerpo a un comandante militar con tal de que interceda por su esposo. El uniformado al final devela que era parte de la conspiración contra el gobierno.

–¡No –gritó–, no se pueden abrazar! El Coronel me exigió que fuera suya a cambio de tu libertad, y yo me entregué por ti, por ti, Chus, por tus hijos, por tu vida…

En La Galla y Bueyón está plasmada la historia de los bombardeos. La primera vistos por los ojos de una mujer, heredera de una pulpería y de una hacienda, cuyo padre –un temido terrateniente que “le pegaba a los indios hasta dejarlos sin resuello”– había muerto durante un alzamiento indígena y por lo cual guardaba un agrio resentimiento por los indígenas que la lleva a celebrar las acciones bélicas contra el país y se involucra en la conspiración para aniquilar a los indígenas beneficiados con la repartición de tierras a los que señala como comunistas. Por el otro lado, Bueyón es un hombre que recibió una parcela en donde con su esposa siembran un huerto y árboles frutales de los que esperan tener su sustento y quien prácticamente se vaporizó frente los ojos de su mujer cuando un un explosivo hizo volar el paraje en el que estaba.

A continuación, se revela la estrategia de propaganda urdida para deslegitimar y desacreditar al gobierno de Árbenz. Ideada por el afamado publicista neoyorquino Jerome McFee, la campaña consistía básicamente en fotografiar la mayor cantidad de “corpses” o cadáveres que fuera posible, y es así como todas las víctimas y cuerpos de los inmolados en los bombardeos o masacrados fueron ultrajados y paradójicamente mostrados como víctimas del comunismo cuya sombra amenazante se cernía sobre el territorio guatemalteco. Digo ultrajados porque, según el relato, fueron exhumados y exhibidos ante fotógrafos oficiales que llegaron a los pueblos a captar imágenes que después le dieron la vuelta al mundo exhibiendo crueldades y perversiones atribuidas a los comunistas contra “la gente de bien”.

Luego, en “Los agrarios” se desdobla la trama de los terratenientes confabulando con los gringos para la invasión. De cómo las familias hacendadas se prestaron para esconder armas que eran lanzadas desde aviones, recibir agentes, a informar la localización de grupos de campesinos organizados por haber recibido tierras, complicidad sin la cual las fuerzas invasoras y el ejército de liberación no habría tenido el éxito que tuvo.

Y por último, se agradece que se trate de un libro en cuyo final Asturias desquitó su rabia y volcó sus deseos, pues configura un personaje siniestro, egoísta y temeroso a través del cual nos muestra las peores debilidades que muchos padecemos aunque como guatemaltecos rehuyamos y evitemos confrontarnos para admitir que en muchos casos actuamos a conveniencia y traición como lo hizo Tamagás, quien se dedica al alquiler de disfraces y quien esconde un crimen, la violación de una indiecita que se quedó dormida en su tienda y a la que mata al satisfacer su lujuria, para lo cual inventa una fantasiosa coartada según la cual Carne Cruda, un disfraz del demonio al que prácticamente le rinde culto por haberlo salvado del desprestigio, pero la violación fue atestiguada por su vecino, un inmigrante calabrés que aprovecha para chantajearlo y le exige que le entregue las listas de personas denunciadas ante el comité anticomunista –una organización macabra que evoca al nefasto KKK por ser presidida por un personaje enmascarado que no habla y comunica sus instrucciones solo mediante señas—y quien al final planifica un atentado dinamitero para hacer volar a Tamagás y a los miembros del comité anticomunista en una ceremonia en la que simbólicamente será quemado en una hoguera el disfraz de Carne Cruda como símbolo del comunismo y a la que está invitado el “Presidente Libereitor” y otras autoridades del gobierno contrarrevolucionario.

Week-end en Guatemala es una magnifica obra con un inmenso valor histórico cuya lectura debiera ser parte de la currícula de nivel medio de los guatemaltecos. Lamentablemente, debieron pasar décadas de mentiras descaradas para que surgieran evidencias que corroboraran lo que Asturias contó desde un principio.

Enlaces:

sergiodls@hotmail.com

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