Música y Cine – El extraño mundo de David Lynch

El extraño mundo de David Lynch

 

Por Bill Barreto

 

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El cine es un monstruo de infinitos rostros; todos los temores, alegrías y miedos capaces de ser experimentados por el ser humano tienen cabida en él. El origen de esos sueños lúcidos (en ocasiones pesadillas) a los que llamamos películas a menudo está relacionado con la literatura; en números anteriores de Luna Park, sin proponérmelo, pasé revista únicamente a filmes adaptados de novelas: La tumba de las luciérnagas (la otra cara de la animación), Ciudad de Dios: un descenso al infierno y La naranja mecánica: Burgess y Kubrick. Para esta edición invito al lector a explorar una obra exclusiva del universo cinéfilo: Blue Velvet de David Lynch.

Bienvenidos a Lumberton

Un joven universitario está de regreso en su ciudad natal, la pequeña Lumberton, una población maderera que parece sacada de los estereotipos norteamericanos de una sociedad feliz: rosas rojas, vallas blancas y cielos azules; luego de visitar a su padre en el hospital, el joven Jeffrey Beaumont regresa a casa por el camino de siempre, se detiene en un lote baldío a recoger algunas piedras y  juega a lanzarlas lejos, entre el césped encuentra… una oreja. Bienvenidos al extraño mundo de David Lynch.

La aventura visual, impregnada de onirismo e imágenes desconcertantes, es el territorio de este director; el descubrimiento de Jeffrey de la oreja cercenada es una mera excusa para acercarse a ese lado desconocido de su ciudad; el relato policial se vuelve entonces el vehículo más a mano para indagar las vidas de personajes que no pertenecen a la supuesta “sociedad normal” de Lumberton.  Jeffrey se ve atraído por el misterio de la oreja, la tranquila armonía de su vida diaria se ve alterada, una morbosa necesidad de saber despierta en él.

La acción de este filme se articula a través de las dos parejas: Kyle MacLachlan (Jeffrey Beaumont) y Laura Dern (Sandy Williams); Dennis Hopper (Frank Booth) e Isabella Rossellini (Dorothy Vallens), la primera pareja es el rostro “inocente” de Lumberton; la segunda, el rostro oculto, el de las parafilias y las drogas. Jeffrey y Linda se acercaran a este mundo que habita junto al suyo atraídos quizás por esa segunda naturaleza: el deseo.

Como sucede en muchos otros casos los personajes más interesantes del Universo Lynch son aquellos que habitan las sombras: Frank Booth, un narcotraficante sádico y fetichista; Dorothy Vallens, una cantante masoquista. Sin embargo, las sorpresas y los matices en estos personajes los revelan como algo más complejo que una encarnación del bien o del mal, quizás el mejor exponente de esto sea el propio Jeffrey, personaje ambiguo e inconstante, es decir, humano.

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Rosas rojas, vallas blancas y cielos azules

La película arranca con Blue Velvet, canción escrita por Bernie Wayne en los años cincuenta, Blue Velvet/ She wore blue velvet /Bluer than velvet was the night /Softer than satin was the light / From the stars… la misma es cantada dentro de la película por el personaje de Isabella Rosselini (Dorothy Vallens) ésta canción además de dar título al filme es una pieza clave de la obsesión sexual que retiene a Dorothy  junto a Frank, esto claro entre otros secretos.

La ambientación, a cargo de la compañía productora de Dino de Laurentis, nos logra situar en un mundo ambiguo, a medio camino entre el pequeño pueblo y la urbe licenciosa; los continuos planos que en algunos casos parecieran parodiar las películas de detectives, contribuyen a resaltar el ambiente de irrealidad o de conciencia de la propia ficción, que cubre como una capa muy fina, toda la obra; finalmente las referencias a la oreja cercenada y los sueños representados acentúan ese otro plano de la realidad por el cual se mueve la cinta.

El resultado es un filme cuyo mayor placer no radica en el desarrollo de una historia policial, como apunta en un principio, en su lugar toma los ambientes sórdidos, las drogas y la corrupción como puente entre el mundo diurno de lo que pretendemos ser, para el caso de Jeffrey el ser un “muchacho decente”, con aquello que apunta por detrás de nuestro rostro. Con esta obra Lynch sigue la larga tradición, presente en los mejores artistas estadounidenses, de mostrar las sombras ocultas detrás de las casas de vallas blancas; la clave es el contacto entre el mundo de los deberes y el de los deseos, Lynch nos invita a unirnos a Jeffrey y descubrir nuestro lado voyeur.

Enlace:

Para leer más textos de Bil Barreto visiten su blog: Mirada difusa 

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