Reportaje – Pana es una fiesta: la historia de Ati y sus Festivalitos

Pana es una fiesta:

la historia de Ati y sus Festivalitos

 

Por Vania Vargas

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Quetzaltenango, Antigua Guatemala y Panajachel se han caracterizado por ser considerados puntos de atracción turística, sin embargo tienen algo más que bellezas naturales, arquitectónicas, escuelas de español, cerveza y hoteles baratos. Estas tres ciudades se han constituido, últimamente, en puntos clave dentro del ámbito artístico y cultural del país, gracias al entusiasmo de mucha gente joven que se ha dado a la tarea de hacer lo que nunca se había hecho: descentralizar el movimiento artístico y cultural, y llevar formación ciudadana, ecológica y cultural más allá del casco metropolitano de la ciudad.

Este es el caso de Lucía Escobar y Juan Miguel Arrivillaga, dos artistas y comunicadores que desde hace algunos años han estado a cargo de la movida artística en Panajachel a través de los Festivalitos y sus derivados, así como desde la Revista Ati, una publicación que podía encontrarse en los bares y cafés de Xela y Pana y que, a estas alturas, ya se está preparando para que pueda ser consultada en la red.

Lucía accedió a conversar vía electrónica acerca del nacimiento de estos proyectos, su desarrollo y los planes. Y este fue el resultado:

 

¿Cómo surge la idea de asentarse en Panajachel?

 

Juan Miguel decide venir un mes después de la tormenta Stan (octubre 2006), yo vengo cuatro meses después, ya cuando el nido está bien armado.

Siempre soñamos con vivir en Panajachel, pero yo lo miraba como algo lejano, como un premio que vendría con la jubilación y con algo de ficha. Pero el Juanmi odiaba Guatemala y la city. Así que me hizo golpe de estado y dijo: yo me voy a vivir a Pana, pongo una revista, ojalá me hagas huevos. Y bueno, me vine, pues era eso o serruchar los bienes y los hijos. Pensé: ¿Por qué no? Es una buena idea, una buena vida, una forma de ayudar y hacer algo.

¿Es así como empieza el proyecto cultural?

Empieza desde años atrás, en Xela, con la Mocha. El proyecto cultural lo hemos llevado encima siempre. Donde hemos vivido, hemos realizado fiestas, conciertos, conversatorios, tertulias, exposiciones. Siempre, a donde vamos, llevamos esta predisposición innata a lo cultural y a la comunicación.

Ati aparece en febrero del 2007. La edición cero fue un tiraje de 500 ejemplares en blanco y negro. Juan Miguel la hizo solo, en un café Internet. El objetivo, era llenar un vacío de información que había en la cuenca de Atitlán, evidenciar los problemas que el Huracán Stan había dejado a flote y hacer una plataforma de expresión.

 

¿Lograron sus objetivos?

Hemos logrado que la revista pague sola su impresión (falta que nos dé de comer), que la gente hable, se comunique, se expresé. Hemos apoyado muchas causas importantes, como el intento de demolición de la Escuela Humberto Corzo Guzmán, en San Pedro la Laguna. Hicimos una campaña fuerte y logramos parar el desalojo. De igual manera apoyamos la permanencia de la escuela de niñez trabajadora en Panajachel. Con los lancheros, logramos que, por nuestra presión, pusieran precios fijos en las lanchas. Y bueno, hemos dado a conocer problemas y soluciones, hemos sido un motor de denuncia en el área, y hemos logrado que mucha gente venga al Lago de Atitlán y se interese por él. Seguimos siendo una edición bimensual que se centra en la Cultura maya, el arte, la ecología y la libertad de expresión. Totalmente gratuita al público que la recibe cada dos meses en Xela, Guate City, San Pedro la Laguna, San Marcos, Santiago Atitlán, Panajachel, y pronto, para quien quiera a través de internet, en http://www.revistaati.com un proyecto que saldrá gracias a estudiantes de la URL, como Ana Cardona, quienes se animaron a comprar el dominio y hacernos ganas con todo el trámite de volver cibernética una revista impresa.

¿Cómo nace el Festivalito?

Aparece como una contraparte de la revista. Es, digamos, la revista en vivo. Muchos de los temas que salen en la revista luego se producen: un concierto, una conferencia del calendario maya, un foro del cine. Realmente es como un complemento pero que involucra más a la población local y la hace disfrutar y ser parte de un movimiento cultural e intelectual. Además es una necesidad personal, familiar, de vivir en un lugar que sea más que un bar gigante frente al lago. Creemos que Panajachel puede ofrecer algo más que chela y hoteles baratos.

Describí una etapa pre Festivalito

Uf… ¿con todo y el divorcio incluido?… Jaja. Bueno, se contacta a los artistas, se les pide que vengan de gratis a cambio de hospedaje y comida, se les pide sus requerimientos técnicos. Ya en Panajchel, se busca el lugar ideal para presentar la obra, se trata de conseguir apoyo de la sede, que no siempre da, y luego se buscan los requerimientos (hotel y comida por canje de anuncio en la revista), se hace el calendario, se busca financiamiento para propaganda, volantes, invitaciones, etc. Todo eso tiene que estar cuadrado casi dos meses antes porque toda la propaganda principal de los festivalitos sale en la contraportada de la revista.

Semanas antes del evento se manda invitaciones a la prensa, boletines, se verifica que se haya conseguido todos los requerimientos, se llama a los artistas, se visita el local, etc. y bueno así…

¿Qué es lo más difícil de montar una actividad de ese tamaño?

Para mí sería facilísimo y hasta divertido sólo si contará con los recursos financieros mínimos para hacerlo. Pero todo el trabajo es voluntariado y eso dificulta todo. A veces me urge concretar una ayuda, hablar con un artista, buscar un proveedor de equipo y no tengo para tarjeta de teléfono, y debo esperar un doble saldo para llamar. Entonces lo que tendría que ser re fácil se convierte en complicado. También dificulta que los empresarios (principalmente restauranteros y hoteleros) quieran obtener dinero, un beneficio económico constante de todo. Y entonces difícilmente aportan al arte, no se dan cuenta que esto trae muchísimos beneficios.

¿Qué es lo más satisfactorio?

Pues ya en el brindis de inauguración, cuando ves a las vendedoras de típico sentadas a media Santander viendo Donde Acaban los Caminos, dejando por un lado su realidad para vivir la fantasía, y que luego encima les des la sorpresa de que ahí están los actores, y que Giacomo Buonafina o Díaz Gomar pueden, luego, contarles cómo fue la filmación. O ver a Marina Palencia (de las Estrellas de la línea) haciendo un duelo de “rockstars” con Michel Peraza a las 4 de la mañana.  Poder compartir el arte y la cultura con la gente, y compartir con los artistas la suerte de vivir en un lago maravilloso. Para mí todo eso es lo que me da ganas de seguir haciéndolo, aunque sea casi un kamikaze contra mi estado financiero.

Aún así, ya van cuatro Festivales de Cine bajo la luna, ocho Festivalitos de temas variados y un Festivalote.

Tenemos miles de ideas y sueños pero lo que más nos cuesta es volverlos proyectos… escribirlos y pedir financiamiento. Creo que el día que logremos escribir proyectos ya no nos dará tiempo de hacerlos realidad… jajaja.

El proyecto continua. De acuerdo con Lucía, el próximo primero de mayo se llevará a cabo un nuevo Festivalote que incluirá un concierto de Bohemia Suburbana y otras bandas, un escenario de arte maya con Sotzil y el Juego de pelota, hip hop en tzutujil, otra vez la estación de poesía y de nuevo la Santander peatonal con escenarios y actividades. Ojalá que su esfuerzo tenga eco y esta vez haya más manos y bolsillos listos para apoyar.

Enlaces:

Visita los primeros pasos de la edición electrónica de Revista Ati

Y el blog de Lucía Escobar: Las otras luchas

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