Reseñas – El espejo irreverente/ Raúl de la Horra

El espejo irreverente

Raúl de la Horra

Editorial Cultura

2007

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Cultivar la columna periodística es un trabajo arduo, un quehacer de artesano.

El guatemalteco Raúl de la Horra se ha dado a la quijotesca tarea de luchar contra los implacables molinos de la imbecilidad chapina. Pues Guatemala mueve a la risa o al alzhéimer, y De la Horra ha tomado el camino más arduo, para el cual se necesita haber disfrutado de la bahía color bergamota de Vigo, el pan con jamón y la cerveza de Berlín y haber gozado de una realidad más congruente, más benévola, previsible e incluyente, como la europea.

Por esas paradojas de las que está hecha la vida, el argentino Cortázar nació en Bruselas, el francés Ducasse, en Montevideo, y De la Horra, aquí. Aquel niño de padres españoles, educado en la alegría del ajo y una educación aforística-espartana libresca, andaba deseando subirse al barco ebrio y danzar. Y se fue a Europa. Y corrió con la suerte de Rimbaud. Eso de andar haciendo quijotadas es una cuchilla de doble filo, sin duda. Luego de 28 años en un exilio por salud mental, De la Horra regresó como el poeta maldito que es a su Abisinia: Guatemala. Y aquí es cuando la trompeta de Charlie Parker rompe la noche con su lánguida queja.

El espejo irreverente es una recopilación de sus artículos publicados en su columna Follarismos de la penúltima en elPeriódico. Desde su columna-

Rocinante, y cuatro gatos budistas escoltas, el psicólogo De la Horra contempla y se carcajea de la irreverencia de este mundo loco. Sus columnas hablan de todo: crítica constructiva al fanatismo religioso (el pobre tipo que se arrojó a los leones en Ucrania gritando: “si Dios existe, Él me salvará”); el viaje en autobús patafísico infaltable; propuestas lingüístico-patrióticas (envió a la cuna de cretinos en el Legislativo lo de ‘Guatemaya’ por Guatemala, para cambiar esa partícula que nos atormenta el subconsciente y nos nubla el futuro: ‘mala’), los jóvenes y sus payasadas, las estupideces que profieren nuestros políticos, la televisión y los estupefacientes canales nacionales, en fin, la misógina, mediocre, fanática y polvorienta cotidianeidad guatemalteca.

Me acuerdo de Huxley: “¿y si la Tierra es el infierno de otro planeta?” Parafraseando a Hamlet: ¿y si Guatemala es una suerte de potrero de ese infierno?

Sin embargo, De la Horra es un tipo bien sano, que se ríe de sí mismo, una y otra vez, y eso se traduce en su literatura: leer Follarismos es como comerse una caja de mentoles, carcajearse a borbotones como una botella de champán recién destapada y dejar que las burbujas le empapen el rostro.

Mientras Guatemala se hunde más y más en este feudo narcotizado por la barbarie, la imbecilidad  y un tremendismo celiano que ni el mismo Cela pudo haber escrito, El espejo irreverente es una buena opción para la capa de ozono y para lo único que nos queda: la risa.

Diego Santizo

Enlaces: 

Lee una entrevista con el escritor Raúl de la Horra en la Página de Literatura guatemalteca 

Visita el blog de Diego Santizo: Desde Santa María 

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