Reseñas – El principito/ Antoine de Saint-Exupéry

El principito

Antoine de Saint-Exupéry

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En el principito, el autor inicia haciendo una dedicatoria a León Werth, quien fuera su mejor amigo de la infancia y quien se encuentra, en aquel momento, prisionero en Francia.  Es imprescindible hacer la siguiente mención para poder profundizar en el libro mismo, “…quiero dedicar este libro al niño que fue alguna vez esta persona mayor.  Todas las personas mayores fueron antes niños, pero pocas de ellas lo recuerdan.  Corrijo entonces mi dedicatoria: A León Werth, Cuando era niño”.

El principito,  que es proveniente de un pequeño y deshabitado  planeta en el que vivía en armonía consigo mismo y la monotonía de sus tareas, se enamora un día de una flor. La flor le exige atención especial y nunca conforme con la que el principito le pueda dar, lo colma de reproches.  Al dar por perdida la armonía de su vida y ante la imposibilidad de ser indiferente a su flor, decide partir de su planeta y dejar que su flor soporte por si sola dos o tres orugas en sus hojas, para que pueda un día llegar a conocer las mariposas.  Es así como inicia su poética partida, viajando por distintos mundos tan pequeños como el suyo, pero habitados por adultos que en la soledad de sus planetas han perdido la capacidad de vivir en armonía consigo mismos, desarrollando diferentes complejos que el Principito nunca logra entender. Y, ante el temor de verse un día como ellos, decide siempre viajar a otro planeta más lejano.

Es así es como, después de su travesía, llega a la tierra, específicamente al desierto del Sahara, en donde se encuentra con un avión en el que el piloto es su único tripulante, y quien se encuentra dormido tras haber aterrizado de emergencia en la inmensidad y la soledad del desierto.  El principito ve, en el piloto aviador, al niño que a la corta edad de seis años se enfrenta a la inquisitiva incomprensión por parte de los “adultos”, y, como consecuencia de ello, el niño  decide dejar a un lado el sueño de ser pintor y opta por una carrera que pueda llegar a ser del agrado y la admiración de los adultos.  Es por ello que se convierte en un piloto aviador que, aunque se ha ganado ya el respeto y la admiración de los adultos, sigue recordando con nostalgia los dibujos de su niñez, con la esperanza de encontrar a alguien que un día pudiese llegar a comprenderlos.

El Principito, en su afán por entender las discrepancias entre el mundo de los niños y de los adultos, ayuda al piloto a redescubrirse a sí mismo y a recuperar la identidad que un día perdió con la intervención de los adultos y sus complejos.  Es así como el Principito, comparte con el piloto el mejor y el más sencillo de los secretos; “solo se ve con el corazón, lo esencial es invisible para los ojos”.

Miguel Ángel Guzmán

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