Reseñas – La amigdalitis de tarzán/Alfredo Bryce Echenique

La Amigdalitis de Tarzán

Alfredo Bryce Echenique

Alfaguara

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El amor es absurdo. Lo es porque nace de otro sinsentido: el ser, sus aspiraciones. El único antídoto es el humor. El sarcasmo, en el mejor de los casos. Alfredo Bryce Echenique, logró en esta novela breve y epistolar, disfrazar su voz narrativa como el fantasma que se ríe a carcajadas de dos amantes, que como tales, carecen de razón. Apelo a la disyuntiva entre sentimientos y lógica para explicarlo. Acá los detalles: los personajes principales, llámense Fernanda María de la Trinidad del Monte de los Montes y Juan Manuel Carpio. Mientras que la primera es una salvadoreña acomodada cuya educación se le facilitó en Suiza, el segundo es un cantautor peruano que vaga por París paseando sin ningún pudor su fealdad. Póngase especial atención a lo rimbombante de los nombres. Desde allí comienza la sorna. Luego, la acción: Fernanda María viaja a París donde coincide en una fiesta con Juan Manuel, recién abandonado por su mujer, esa a quien dedicó canciones sin recibir nada a cambio. Peruano y Salvadoreña, parisinos, se entretienen en la fiesta y se gustan. Comienzan un romance intenso y breve, como deben ser los buenos amoríos. Concluye el affaire con un episodio fatídico de reclamos y celos. Lo común, dígase. Luego, sobreviene un período de silencio entre ambos, de distancias. Hasta que un buen día, y acá viene la genialidad, en un semáforo de esquina situado en la capital francesa, se detiene a la luz roja un alfa romeo verde botella conducido por Fernanda María, distraída por quién sabe qué cosas, de manera que ignora que a su lado, de común transeúnte está nada menos que Juan Manuel, quien no atina a llamar su atención y decirle que la ama y todas esas cosas que como lector, supongo debería haber dicho, en vez de solo dejarla ir. Es uno de esos momentos cruciales que marcan diferencias entre los fracasados y los normales. Un fracasado, como Juan Manuel, no hace nada. Solo atina a quedarse inmóvil. Esa es la primera lectura del personaje. Luego uno se da cuenta de que de fracasado no tiene nada sino más bien de platónico, que en términos concretos, puede confundirse con lo mismo. Se concluye esto, cuando después del desencuentro, los amantes asesinan su romance físico. Y solo coinciden de nuevo, tres años después,  con el obstáculo de una Fernanda María casada y Juan Manuel soltero. Así que la tragedia da inicio y con ella, a la brevedad, lo epistolar de la novela. Los amantes luego de un tiempo, se comunican con cartas intensas, donde se narran la vida queriéndose hacer partícipes uno al otro de los detalles. Como si eso los tuviera cerca. Como si eso hiciese olvidar que Fernanda María está en América y Juan Manuel no. Y siguen las cartas y los años, y los amantes se tocan solo en las líneas escritas con sus manos. Hasta que el lector termina por entender en lo humorístico de las misivas, lo romántico, lo absurdo, quién es Tarzán y cuál es su amigdalitis. Una tarea que provoca, al final, una profunda reflexión sobre las las relaciones amorosas. Pero sobre todo, deja heredada una sonrisa profunda y breve al lector. Como suelen hacerlo las buenas novelas.

Julio Roberto Prado

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Visita el blog de Julio Prado: Noticias para Dios que se fue sin despedirse

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