Reseñas – Las noches de las mil y una noches/Naguib Mahfuz

Las noches de las mil y una noches

Naguib Mahfuz

Plaza & Janes Editores

Octubre 1998

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Supe por primera vez del nobel Naguib Mahfuz (1911-2006) cuando apareció en los periódicos la noticia de su muerte.  Varios meses más tarde llegó a mis manos una de sus obras cumbres, “El callejón de los milagros”, y al cabo de las primeras páginas presentí haber descubierto a un autor fascinante.  No me equivoqué.  Me lo he reafirmado una vez más al final de la lectura de “Las noches de las mil y una noches”, una novela en donde los personajes de la gran colección de historias seculares de la literatura árabe recolectada hasta el siglo XIV, “Las mil y una noches”, han sido recreados en una ciudad islámica del Medievo para dar lugar a otra serie de increíbles aventuras: un recién decapitado que contempla, desde otro cuerpo, su cabeza colgando del marco de la puerta de su casa; un zapatero que levita gracias a los poderes sobrenaturales que le ha conferido el presunto hallazgo del anillo del rey Salomón; o una mujer hace el amor por primera vez en sueños y con un amante desconocido, pero al despertar descubre que las consecuencias del acto han sido reales.

Entre el amor, la locura y la sangre.  Entre la angustia, la fe y la pasión.  Entre el encanto y las dudas.  Así discurren los días y las noches de los personajes de la novela, que comienza a desdoblarse en el momento en que el sultán Schariar decide ponerle fin a la siniestra venganza en que cada noche cobraba la virginidad de una mujer, a la que al amanecer le quitaba la vida.

Mientras el sultán resuelve, gracias a las ingeniosas historias de su esposa Scherezada, cesar el derramamiento de sangre inocente, y hallar el camino a la sabiduría y a la recompensa divina, los habitantes de la ciudad padecen las vicisitudes de las insólitas aventuras que los genios y efrites han urdido para ellos: un ex-jefe de la policía, tras su propia muerte y su reencarnación en el cuerpo de un etíope, cambia de bando y se entrega con entusiasmo a los deberes que le demandan su conciencia y la Guerra Santa, la misma que hoy día engrosa su lista de víctimas en el Medio Oriente.  Así, entretenido en la tarea de castigar a los miembros del régimen corrupto al que anteriormente sirvió con devoción, Gamasa al-Bulti, es testigo, y muchas veces causante, de las muertes de unos y el desafuero de otros oficiales locales que van y vienen en la ciudad.  Y también es el último testigo del fracaso del sultán en su búsqueda por la verdad, esa vanidad inescapable que, según al-Bulti, ni se evita ni se alcanza.

En esta mágica narración las estaciones pasan y se repiten.  Aladino es injustamente acusado de jariyita y la sangre de su cuello endulza la espada de Shabeb Rama, el ejecutor de la pena de muerte.  Sindbad reniega de la vida sedentaria y vuelve a hacerse al mar en busca de mayor fortuna, y el sultán termina abandonando trono, mujer e hijo.  Pero para que los fabulosos pasajes de Mahfuz en esta historia logren despertarnos una tenaz curiosidad, nos bastará con imaginar a una pareja de efrites copulando sobre la rama de un árbol, mientras traman la ignominia de sus próximas víctimas.  Y también a un par de genios sentados sobre la cúpula de una mezquita, lamentando la naturaleza irreconciliable de la razón, la voluntad y el deseo en ese conjunto de seres extraños que habitan la ciudad y el mundo entero.

Vladimir Castillo Ventura

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