Reseñas – Los viajes de Gulliver/ Jonathan Swift

Viajes de Gulliver

Jonathan Swift

Biblioteca básica Salvat

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Ridículamente orillada al papel de cuento infantil, recortada únicamente a dos de sus partes (denominadas, “En el país de los enanos” y “En el país de los gigantes”, respectivamente Viaje a Liliput y Viaje a Brobdingnag) y, en ningún caso reconocida como lo que realmente es, una novela tal cual; y más importante, una obra extremadamente inteligente, se le ha robado a esta narración magistral lo que es más importante en ella: la sátira.

Swift se mofa del ser humano, criatura tan autosuficiente, tan arrogante, tan absurda a fin de cuentas. Y específicamente se burla de la sociedad británica del siglo XVIII, de su forma de vida, de su política, de cómo se ve a sí misma.

Nos muestra al colonialista como se siente reflejado: de repente un gigante, de repente un enano, de repente un hombre sensato, de repente una bestia peor que cualquier animal: un yahoo.

Esto y más (porque cada quien habrá de interpretarlo a su manera) son los Viajes de Gulliver.

La obra se divide en:

·    Primera Parte: Viaje a Liliput

·    Segunda Parte: Viaje a Brobdingnag

·    Tercera Parte: Viaje a Lupata, a los Balnibarbas, a Glubbdubdrib, a Luggnagg y al Japón

·    Cuarta Parte: Viaje al país de los Houyhnhnms

A mi criterio, la más interesante de todas es la cuarta parte, la cual corresponde al país de los Houyhnhnms, los sensatos caballos que conviven con los irracionales e insensibles yahoos, similares a un estadio salvaje del género humano. Dicen los Houyhnhnms “nadie puede desobedecer a la razón sin prescindir de su derecho a considerarse una criatura racional”.

La mayoría de obras que me gustan comparten el hecho de conservar su vigencia. ¿Acaso lo que escribió Swift sobre la relatividad de la grandeza del ser humano, sobre su humanidad en sí, ha perdido un ápice de actualidad?

¿Cuál es la conclusión final acerca del buen doctor inglés y su especie a la que llega el rey de Brobdingnag? “Asombrábale que un impotente y vil gusano como yo era (estas fueron sus propias expresiones) pudiese mantener tan inhumanas ideas de modo tan familiar, al punto de parecer inconmovido por las escenas de sangre y desolación que había pintado como efectos comunes de aquellas destructivas máquinas, que algún mal genio, enemigo del género humano (decía), debió de haber inventado por primera vez.”

Julio E. Pellecer S.

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