Reseñas – Pregúntale al polvo/ John Fante

Pregúntale al polvo

John Fante

Compactos Anagrama

España, 2007

16-resenas-fante

Tomar la literatura como una obsesión, como un refugio, un arma, una revancha, como única certeza.

Vivir escribiendo un relato mental todo el tiempo. Ser protagonista, narrador, deconstructor de una realidad que se quiebra en las decenas de posibilidades que dicta la imaginación.

Eso hace Arturo Bandini con sus 20 años y un cuartucho alquilado del que se conoce la ventana, la cama iluminada de manera intermitente por las luces rojas y verdes de un rótulo callejero, el ropero, el cerrojo fácil y la máquina de escribir que absorbe las horas que no pasa moviéndose en un mundo de seres noctámbulos, hambrientos, que reptan por calles, bares y edificios de la ciudad de Los Ángeles de los años 30. Una atmósfera de abandono en la que busca con insistencia la idea que se le escapa, que lo hace llenar y romper cuartillas con el mismo impulso y con la misma decepción con la que se lanza diariamente hacia las experiencias que le presenta la vida, tan necesaria para escribir, pero que para él no pasa de ser una gran imposibilidad, una fuente permanente de insatisfacción.

Bandini no sabe vivir. Actúa sin rumbo, se arrepiente, se reprime en el nombre del dios de su madre, que lo llena de culpas y temores que lo paralizan. Un dios al que ama y odia al mismo tiempo como a Camila, la camarera mexicana con la que se ve envuelto en un juego cruel de amantes desencontrados que buscan en otros cuerpos el amor que se les escapa.

Para sobrevivir, para vengarse, para calmar la angustia, para ganarse unos centavos convierte en literatura su existencia. Escribe y reescribe mentalmente los instantes que lo golpean, arma la historia del gran escritor en la que él es el principal protagonista.

Pregúntale al polvo es una narración fluida y sencilla que apareció en 1939, al final de una década en la que Estados Unidos había sufrido el golpe de la recesión. El mundo cargaba ya una guerra encima y caminaba apresuradamente hacia el inicio de otra.

Ese mismo año aparecen también Las uvas de la ira, de John Steinbeck, y el Trópico de Capricornio, de Henry Miller. Dos libros que ponen su lente de aumento sobre la crisis del imperio. Uno, a través de la narración del drama que sufren los emigrantes internos que perdieron todo y viajan hacia California para sobrevivir; el otro, mediante la denuncia de la decadencia urbana que deja la crisis.

Fante no toca el tema. A su personaje y alter ego, Arturo Bandini, no le interesa. Él se siente orgulloso de pertenecer a la gran América decadente de Miller, y no habla de la crisis, más bien la vive como única realidad posible, y desde allí se dedica a dar testimonio, sin reclamos, de su miseria cotidiana.

Tuvo que pasar mucho tiempo para que un aspirante a escritor descubriera el libro en las estanterías de la Biblioteca Municipal de Los Ángeles, reconociera en sus páginas un tiempo vivo, encontrara en él su misma pasión, y luego hiciera que su autor fuera merecidamente situado en la Historia como el precursor de toda una corriente literaria.

Ese joven escritor era Charles Bukowski, otro de los pilares del Realismo sucio norteamericano, que reconoció en Fante a un padre literario, y promovió la edición y divulgación de su obra.

Enfermo, casi ciego, John Fante no tuvo tiempo para disfrutar la aprobación y el éxito. La gloria literaria llegó demasiado tarde. Hay sueños que no se cumplen. Eso ya lo sabía Bandini.

Vania Vargas

Enlaces:

Lee el prólogo de Charles Bukowski al libro de Fante en este artículo de La Insignia.

Para leer más textos de Vania Vargas visita su blog: El paracaídas.

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