DEEP – ¿Dónde está Estuardo Prado?

DEEP: ¿Dónde está Estuardo Prado?

29-deep-1

Por Vania Vargas

Encontrar a Estuardo Prado es un punto fundamental cuando la propuesta es hacer un documento acerca de Editorial X. Uno lo piensa y siente un leve escalofrío. Entonces empieza la tarea: revisar papeles viejos donde alguien nos dio un posible número, corroborarlo con gente conocida, encontrar algún otro número en las agendas de los amigos y llamar. Nada. Entonces surge la pregunta: ¿Dónde está Estuardo Prado? Y resulta que mucha gente más se lo ha preguntado alguna vez, se lo sigue preguntando.

Fue así como hace algunos años al cineasta guatemalteco Sergio Valdés Pedroni y al escritor Javier Payeras les surgió la idea de producir una película: DEEP: ¿Dónde está Estuardo Prado? Una serie de entrevistas con personas que conocieron o no a Estuardo Prado y que a partir de esa pregunta van delineando el mito.

El proyecto actualmente está detenido, pero se perfila como un documento importante que, como bien afirma Valdés, no solo es un tributo a su trayectoria como escritor flamígero, escatológico y brutal, sino un pretexto para preguntarse dónde está esa actitud que es común a otros escritores como Roberto Monzón o Isabel de los Ángeles Ruano: artistas que no les importó si los reconocían o no, si tenían éxito o no, si su nombre figuraba o no en las curadurías de moda, y lograron trascender.

Partiendo de esta idea, de esta duda, lanzamos la misma pregunta, y esto fue lo que nos respondieron:

Estuardo Prado, el amo de la noche / Por Julio Serrano

Más o menos por el año 2005 Javier Payeras y Sergio Valdés Pedroni iniciaban la producción de un documental que aún sigue esperando su culminación, el proyecto se llama(ba) DEEP (Donde Está Estuardo Prado), una especie de revisión de la cultura guatemalteca del momento en función de la ausencia de uno de los más representativos escritores de antes y después del primer fin del mundo del milenio, es decir aquello que sucedió por ahí del 2000. Y es que Estuardo Prado (Guatemala, 1971), narrador y fundador de Editorial X generó entorno a sí una especie de culto a su obra por un lado y a su personalidad por otro, de la primera podemos decir que publicó los libros La estética del dolor (1998), Vicio-nes del exceso (1999), El libro negro (2000) y Los amos de la noche (2001), todos en su propio sello editorial, que por extensión nombraría a su generación literaria. De lo segundo, es decir, del personaje, podemos decir que se le vio las últimas veces a inmediaciones del año 2003 y que luego de desaparecer abruptamente del medio (con todo y editorial), han circulado rumores que lo mueven en el espacio del mito, que si se volvió evangélico, que si proxeneta, que si vive rosadito y saludable, que si fue abducido por una nave extraterrestre y que posterior a los experimentos decidieron convertirlo en el representante en la tierra de la revolución alienígena que terminará de una buena vez por todas con la humanidad, las cucarachas y los calcetines blancos. Esta mezcla entre personaje-escritor y su obra generó el culto referido anteriormente, entre un pequeño sector underground de la cultura guatemalteca y latinoamericana, y la aberración y santiguamiento de otro pequeño sector de la cultura que le señaló de escribir puras obscenidades, entre prostitutas, drogas y travestis, pasando por los más violentos delirios, utilizando lenguaje soez y haciendo referencia todo el tiempo a cuanta banda de rock ruidosa, programas de televisión y películas baratas consumiera; y por si esto no bastara, mofándose de la sacrosanta religiosidad guatemalteca a la que tachaba entre la mojigatería y doble moral católica y el fundamentalismo pentecostal y apocalíptico de los evangélicos. Y bueno, qué decirle a este pequeño sector de la cultura que se indignaba de todo lo anterior, qué decirle sino que efectivamente, así es la obra de Prado y que en ese ejercicio de ironía, violencia, delirio y humor negro se encuentran textos indispensables para entender, no solo la literatura contemporánea guatemalteca, sino nuestra cultura misma. Irreverente, rudo, obscenamente carnavalesco, Estuardo Prado se convirtió en el símbolo del replanteamiento de un momento histórico a partir del lenguaje y de la cultura en su más amplio sentido. La post-guerra como se le ha llamado, con su estética, su política y su ética, fundamentales para construir buena parte de la infraestructura cultural sobre la que muchos trabajamos en el presente.

29-deep-2

Estuardo Prado y/o el terrorismo literario / Por Luis Méndez Salinas

Como me lo contaron se los cuento: érase una vez un escritor “narcosatánico”, fascinado con los vampiros, las drogas duras (las blandas, las de todo tipo), los delirios, los excesos, las aberraciones, el rock pesado, el sadismo, los travestis y la violencia. No un escritor maldito sino un maldito escritor, con una inteligencia y una decadencia privilegiadas. Escritor con mañas de editor y casi (casi) un mito. Uno de esos escasísimos personajes que se animan y conectan cables y de un solo morongazo hacen volar lo que entendemos por “literatura”. Un terrorista.

Podría confundírsele con una especie de mesías o con una especie de anticristo, pero el resultado es el mismo: Estuardo Prado es el fundador de un movimiento contracultural de enorme potencia (o sea, el destructor de una noción previa de “cultura”), que supo reflejar con precisión extrema el desconcierto de su época, decodificarlo, resignificarlo y montarlo de nuevo dentro de una estética radicalmente distinta (una anomalía) respecto de las concepciones que vieron con extrañeza su germinación.

Anómalo y salvaje, brutal y despiadado, no sólo en sus escritos sino como editor de la X, nuestro fantasmagórico y desaparecido Estuardo Prado armó tremenda metralleta, gracias a una fina colección de cuetes bajo su sello. Maurice, Javier, Byron, Ronald, Jacinta, Julio, otro Julio, se montaron todos juntos a uno de esos carros editoriales que, pese a sus pequeños tirajes y a que las décadas ya empiezan a añejar, aún nos atropellan de manera contundente. Aquellos escritores desconocidos, provocadores e irreverentes, por los que ninguna editorial “seria” hubiera apostado, ahora continúan provocando pero desde el centro de la escena. ¿Coincidencia? Para nada.

Estuardo Prado como un hacker que introdujo patologías en el sistema, virus y fisuras en un programa cultural de alarmante miopía; Prado como el dj que produjo y reprodujo las tonadas más brillantes (no, las más oscuras) de una época que empieza a alejarse dejándonos marcados. Y la marca, el fierrazo de Prado, tiene más repercusiones en lo ético que en lo estético (puesto que toda estética tiene fecha de caducidad): alguien que vino cuando tuvo que venir, dijo lo que tuvo que decir, hizo lo que quiso hacer, y a la mismísima mierda todo el resto.

No conozco a Estuardo, nunca lo he visto, y muy probablemente nunca lo veré. Sin embargo, hay algo que permite conexiones: bien pueden ser sus libros, su desquiciante trabajo editorial o su efectivísimo acto de escapismo. Lo busco, no lo encuentro: encuentro solamente sus pisadas. El resto que se lo invente cualquiera.

29-deep-3

Estuardo Prado en los 80’s / Por Luis Urrutia

Después de que me fui a México, durante las visitas a Guate de vacaciones buscaba a Estuardo, era de los pocos amigos que me quedaban de la infancia, me acuerdo que me sorprendió mucho cuando vi que se había tatuado, se metía un montón de pastas y coca, además andaba armado, estoy hablando de nuestra adolescencia, a mí me había dado una enfermedad que me daban convulsiones terribles y no me podía meter nada, así estuve de los 13 a los 16, imagínense, no podía beber, ni desvelarme, ni nada, no obstante acompañaba al Estuardo, eran largas jornadas de chela, mota y pastas, y yo con mi Fanta, toda la puta noche en ese súper 24 del obelisco, una de las primeras tiendas de 24 horas, el “gran evento” en la provinciana capital de Guatemala, todo el mundo se iba a chupar al parqueo, todos aquellos chavos de los 80s , en medio de los asesinatos y las masacres, libando, hablando mierda, armados, escuchando música gringa a todo volumen, hablando del cable y el futbol, de sus viajes a Miami, esos eran sus temas de conversación, era la Guatemala de entonces, una visión apocalíptica y decadente, sobre todo si uno no estaba bebiendo.

En sus correrías a Estuardo lo acompañaba también su chofer, manejaba un picopito blanco y se llamaba Víctor, ese pobre don quién sabe cuántas desveladas sufrió con el Estuardo. Un día se murió, no sé si en parte responsabilidad del trote de los últimos años con aquel.

Cuando teníamos ocho o nueve años hicimos una película, Estuardo tenía una cámara súper 8, esto mucho antes del video, era una historia de horror, un tipo que encontraba unos huesos humanos enterrados en su barrio, nunca revelamos el rollo, pero lo hicimos muy en serio, tenía secuencias de acción y todo, nos gustaba mucho el cine de horror y la ciencia ficción, también el dibujo y los comics, de allí, por esos intereses nos hicimos cuates en la primaria.

Tengo rato de no verlo, años. Lo último que supe es que después de escribir uno de esos libros terriblemente buenos, no se volvió a saber de él. Estará en algún comedor del puerto echándose unas chelas, rodeado de unas putas, y pensando, espero, en alguna historia nueva para escribir.

Estuardo (X) / Por Cristóbal Pacheco

Por los caminos de este mundo del libro, alguna vez, no se en qué fecha, pues el recordar con puntualidad representa dejar de lado lo mágico del encuentro, vino a la librería, Estuardo Prado a ofrecer el material editado de la que, con el tiempo, representaría una de las editoriales que marcaría época, la “Editorial X”. Estaba construyendo algo distinto, atrevido quizá.

Estuardo y su editorial se ubicaron en nuestro espacio y, en poco tiempo, los lectores se fueron interesando por los títulos a medida que se hizo propaganda.

Los diálogos con Estuardo eran amenos, regularmente acudía a ver si los libros habían caminado, si habían logrado trascender hacia el público lector. No tengo estadísticas a la mano, pero los libros sí fueron aceptados, sobre todo por los jóvenes. Muchos curiosos de la literatura, esa gente que anda viendo qué novedades hay, se interesaban y compraban los libros.

En su momento, algunos reaccionaron con extrañeza, otros, no era que rechazaran las ediciones, pero sí los temas principales. Regularmente gente conservadora y llena de prejuicios.

Ahora aún existe gente que los busca y preguntan por Estuardo, dónde anda, qué hace, por qué no siguió produciendo libros. Son preguntas sin respuesta que también yo me hago. A saber dónde anda Estuardo y su Editorial X.

29-deep-4

Estuardo Prado antes del fin del mundo o hecho un rollito / Por Lucía Escobar

Eran los años de La Mocha, el centro cultural que teníamos en Xela con Juanmi Arrivillaga. Ahí había puesto yo La Malucha que pretendía ser una tiendita que vendía, no sólo todo lo que tuviera que ver con arte y cultura, sino también cualquier cosita rara o excéntrica que se cruzara en mi camino. Libros, discos y películas de autores nacionales, postales, fotos, incienso, polvitos mágicos, pipas, tabaco, papos, cuadernos artesanales, hasta pashtes de San Cristóbal de Las Casas teníamos en nuestro inventario.

En esa vitrinita iluminada con focos tipo putero o venta de tamales, teníamos toda la colección de Editorial X, entre ellos una serie de textos de Estuardo Prado (no recuerdo el nombre del cuento) que venía impreso en un angosto y largo papel dentro de un canister (empaque para rollo de 35 mm) que iba desenrollándose y ahí leías una historia de una María más puta que la del mismísimo El Tiempo Principia en Xibalbá, sobraban las orgías, la sangre y las secreciones, tenía pues toda la irreverencia y desparpajo propio de Prado.

Un día llegó un niño como de 9 años con dinero, dispuesto a comprarse algo, se pasó gran rato en la vitrina viendo todo con ojos alucinados. Pasó revista a la colección entera de los libros, los discos, las cartas del Chavo del Ocho, las burbujas y algunos juguetitos que teníamos, para finalmente decidirse por el librito de Prado que venía enrolladito con toda la colección de groserías y malas palabras, que un papá medianamente sensato censuraría como lectura.

Llamé al Juanmi y tuvimos una sesión de análisis situacional. ¿Deberíamos censurar la elección del niño y recomendarle una lectura más edificante para su edad? O ¿Confiábamos en la intuición infantil del crío? ¿Nos podrían reprender los padres por venderle algo de Editorial X a un niño? No nos costó decidirnos por la libertad de expresión y el libre albedrío. No sería la primera violencia, ni pornografía con la que se toparía el infante. Al menos esta le entraría por las letras, por el dulce camino de la literatura.

Total, si los padres tenían alguna queja, podrían aprovechar que el cuento venía ya hecho un rollito…

Pentecostés / Por Julio Roberto Prado

Fue en el dos mil nueve, eso estoy seguro. No recuerdo el mes, pero diré que fue a finales de ese año del Señor. Mencionaré un lugar: el centro comercial vacío, que atravesábamos Gabriel y yo, camino al cine. La música ambiental sonando como si todo el mall fuera un enorme ascensor. Nosotros subiendo al tercer nivel. Un carrousell de doble piso esperaba, con su música bizarra, detenidos los caballos como congelados sin niños montándolos. La humanidad debería aprender la filosofía del carrousell. Enormes bestias corriendo eternamente hacia el mismo punto. ¿Acaso no es esa una imagen perfecta para nuestra historia? Avanzar sin avanzar. Las vitrinas de los almacenes cerrados, inundaban de luz y promesas los pasillos. Promesas que ignoré. Íbamos al cine, eso hacíamos. Cuando caminábamos hacia la taquilla, Gabriel me señaló una familia. El hombre, vestido con una chaqueta de cuero y pantalones oscuros, cargaba una niña muy pequeña. Parada junto a él, una mujer compartía su fascinación por lo que adentro ofrecían: cunas, decoración para cuartos de bebés, en colores pastel. Se miran muy alegres y muy familia, hasta que Gabriel me preguntó: es él verdad, es Estuardo Prado. Yo no había puesto atención. Nos acercamos y Gabriel le dijo: ¿Vos sos Estuardo verdad? El hombre volteó y efectivamente, detrás de la barba y el pelo corto está el mismísimo autor de la Estética del Dolor. De la chaqueta de cuero salía la mano que cargaba a la niña. Entre la niña, la mano y la chaqueta, había un tatuaje que recorría el brazo. Vaya, verdaderamente era el maestro. Gabriel le entregó una tarjeta de su oficina, porque Gabriel es el tipo más entregado a su trabajo que conozco y le pidió su teléfono. Estuardo sonreía con su hija en brazos mientras nos daba el número. La esposa nos miraba en silencio, emitiendo uno de esos gestos que claramente se interpretan como un “nos están interrumpiendo”. Era verdad. Yo los veía y me preguntaba qué habrá entre la Editorial X y una venta de cunas en colores pastel. Muchos años de silencio, seguro. Gradas eléctricas subiendo y bajando en un sitio vacío. Oakland Mall ocupado por las ausencias de un domingo por la noche. Las constelaciones dibujadas en el suelo, iluminándose intermitentemente. Nos dimos un saludo de despedida rápido. No pude evitar sentirme una especie de ungido. Fui testigo de un nuevo Pentecostés. ¿Acaso no debió el maestro partir en el buen nombre del pasado, un queso de coca? Qué va. Qué haga lo que quiera. Tiene una niña que cuidar y una esposa que lo abrazaba cariñosamente. Nosotros dos entradas al cine y el derecho a fundar el grupo de facebook de “gente que vio con vida a Estuardo Prado, después del 2003”. La “Era Después de Estuardo” comenzó oficialmente.

29-deep-5

DEEP / Por Javier Payeras

una canción de José-José interpretada por una drag-queen que se hace llamar “Marisela” la noche antes del fin del mundo despenicando una violineta de diazepanes en el Bar Faroles,

la sonrisa de una mesera,

el enamoramiento gonocoide a píldoras de chocolate,

un litro de cerveza/ mantel plástico/ pichel plástico/vasos plásticos/ todo de plástico junto a 2 perros del DOAN bufando como búfalos bicéfalos que se acercan nos huelen/escarban en las piernas,

la parálisis que recorre la bragueta/ el mentol chino que abre llagas en el corazón;

la melodía que repta por el piso encharcado en orines ocres y densos,

el oscuro pasillo de la muerte dentro de una vagina dentada

el sol que deja cada mañana los pulmones llenos de creolina,

el jesús que, con su bello rostro 3D, vigila vasos de los ausentes,

E.P., barba de rabino, tatuaje que sube por los brazos como la sombra de una hiedra,

somos eso que se levanta de la mesa para ejecutar la acrobacia de sostenerse en dos pies,

somos la fotografía de dos chimpances abrazándose dentro de una canasta

somos la memoria que no tiene límites en la rocola-ABBA zodiacal

la ternura que estruja las glándulas y causa gran estremecimiento;

quizás ya no sea necesario,

el tiempo de gastar billetes en cuchillos y en drogas se adhirió a nosotros;

las liposucciones del espíritu

que permanecieron pertrechadas detrás de la felicidad ideal,

y hoy somos esto,

lo que escribimos aterrados de que los días fueran fósforos eternos que se apagan

como un pasaporte al olvido,

como una manera ridícula de justificar la vida.

Ilustraciones: Alvaro Sánchez

Visiten uno de sus espacios en Redbubble

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s