Después del fin… – La X

La X

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Por Javier Payeras

Los textos de la Editorial X comenzaron a circular en modestas páginas bond engrapadas y con un diseño peor que malo. Se trataba de la revista Anomia, una suerte de premonición y manifiesto de lo que vendría a ser la literatura guatemalteca de …Posguerra… La propuesta de La X fue desde el inicio darle paso a nuevos referentes literarios, muy, pero muy lejanos del Boom y de la ad/monición decimonónica que prevalecía por ese entonces. Nuestros textos nos colocaban como una suerte de “ilegales” en cuanto a referencias de la cultura pop, la ciencia ficción, la televisión, Douglas Coupland y el cine cult tan escasas dentro del abominable localismo testimonial, ondista-cortazariano y eroticoide que privaba en la literatura local por ese entonces.

Los primeros títulos de La X en formato librito fueron La Estética del Dolor de Prado y una antología de poesía femenina llamada Las Hijas de Shakti. Ambos se ven actualmente muy lejanos de lo que vendría posteriormente con la intromisión de otros autores generacional y temáticamente cercanos que se unieron a la editorial.

Fue en la Casa Bizarra y durante una lectura de poesía que organizamos Simón Pedroza y yo, donde conocí a Estuardo Prado y a Maurice Echeverría. A finales de 1998 salieron tres nuevos títulos: Vici-ones del exceso de E.P, Antidiario I de Echeverría y La hora de la rabia, mi primer título en la editorial. En menos de un año se sumaron otros autores. Empezaron las invitaciones a lecturas, congresos y hasta la asociación nacional de escritores nos puso dentro de su junta directiva. Una experiencia delirante y graciosa. La verdad es que los escritores nacionales no nos leían y en las lecturas literarias nos bajaban el volumen del micrófono.

El paso más importante que dio la Editorial X fue la colección Después del fin del Mundo, con notables cambios de diseño fraguados por el genial Luis Villacinda. Los primeros títulos publicados dentro de esta colección fueron, de nuevo, uno de Estuardo (El Libro Negro), uno de Maurice (Tres cuentos para una muerte) y uno mío (Paréntesis y once relatos breves). Pero luego vendrían trabajos fundamentales: El Cuarto jinete de Ronald Flores, Por el suelo de Julio Hernández, Seis cuentos para fumar de Byron Quiñónez, Crónicas suburbanas de Francisco Alejandro Méndez y Felicidad doméstica de Jacinta Escudos. Para inicios del 2001 Prado publicaría con mejor diseño (y con menos erratas): El retorno del cangrejo parte 4 de Julio Calvo Drago, así como el monstruosamente genial Los amos de la noche, o los muy curiosos La ciudad de los ahogados y Raktas.

Poca gente creía en el proyecto. Los intelectuales “comprometidos” nos veían como la cirrosis del sistema pequeño burgués adocenado por la derecha. Los intelectuales conservadores pensaban que éramos un nuevo intento de orgía guerrillera infiltrada. Y muchos, hasta la fecha, nunca entendieron la propuesta que subyacía en esa Maquina Desterritorializada y Deseante que fue la Editorial X. Cabe resaltar el apoyo de algunos académicos, periodistas y escritores que abrieron espacios a los nuevos autores, tanto en medios de comunicación, como en universidades: Luis Aceituno, Sergio Valdés Pedroni, Mario Monteforte Toledo, Lucrecia Méndez de Penedo, Francisco Nájera, Anabella Acevedo, Rosina Cazali, Gustavo Montenegro, y Sergio Morales Pellecer. Ellos etiquetaron a los escritores de La X como la Generación del Desencanto (en una extraña alusión a la película de Jaime Chavarri, me parece).

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La X desapareció por el año 2003, dejando pendientes algunos títulos, entre ellos uno de Alejandro Marré y otro de Juan Pablo Dardón. Recuerdo el día que Prado llegó a la galería de Colloquia, donde yo trabajaba entonces, y me dijo que iba a irse un buen tiempo quién sabe a dónde y que al volver retomaría todos los libros que quedaban pendientes de publicar. No volvió y el proyecto sin Prado no es lo mismo. Sin embargo a diez años de distancia de la despedida de Estuardo creo que ese síntoma llamado Editorial X está muy presente en los proyectos editoriales emergentes. Catafixia de Luis Méndez Salinas y Carmen Lucía Alvarado, Vueltegato ediciones de Pablo Bromo y Mata-Mata latinoamericana de Leandro Asoli, que traen -de forma corregida y aumentada- la misma intención: buscar nuevos lectores para apuestas literarias anti-canónicas.

El Manifiesto de la Editorial X circula por el Internet como un fantasma. Un manifiesto que reduce, sentencia y disecciona aquello que escribieron los poetas estridentistas mexicanos a mediados de la década del treinta:

“A los que no estén con nosotros se los comerán los zopilotes”

Y quien sabe…

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