Música y Cine – PJ20: Biografía de una generación

PJ20: Biografía de una generación

Por Allan Martínez

32-musica-filme

Como nada, 20 años de aquel despertar. De la última revolución musical, de aquel último grito de rebeldía, de hacer escuchar nuestro alarido detrás de la puerta y darle voz a la furia. Aquel 1991 todavía es cercano; de un manotazo de inconformidad borró los ochenta de “rocío de spray”, pues lo único que hizo fue atrofiar con su mal gusto y deshonestidad la capa de ozono.

Esta fiebre “grunchera”, para ser políticamente correctos, responde a los 20 años del disco Ten que Pearl Jam celebra con un documental y una gira. El 20 de noviembre de 2011 pasó por Costa Rica, único país de Centroamérica que la banda visitó.

Recuerdo que Cameron Crowe, director de PJ20, que por el principio de la década de los noventa lanzaba su cuarto largometraje, definió la película Singles como una carta de amor a Seattle. Fue como una reunión entre amigos nada más: Alice in Chains, Soundgarden y Pearl Jam, casi como meter a los Beatles, los Stones y los Beach Boys en una película para reflejar toda la parafernalia en que se convirtieron los años 60. Lo mismo sucede con “Solteros”.

Evité a Cameron con Jerry Maguire, pero recuperé la fe con Almost Famous, otra love story. En esa película regresé a la infancia y a los primeros endiosamientos, delirios mentales y literarios que profusa la mente al escuchar cual gárgola hambrienta los primeros grandes acordes del género. Con ella, me enteré que existía una cosa tan extraña como el periodismo de rock. Yo quería ser así, entrevistar a bandas, escribir reseñas de discos y delirar en las crónicas de conciertos porque sabía que solo yo podía captar, en un segundo de vida, la pasión, la rebeldía, la música, los acordes, retratar un sentimiento sin miedo a fracasar.

Todo esto pensaba antes del PJTWENTY. No voy a mentir y decir que Pearl Jam fue la banda que llegó primero a mis manos. Nirvana vino en un cassette a decirme que el pasado desapareció y que el futuro empezaba con ellos; que, la cosa no paraba ahí, que atrás venían otros, Pearl Jam, Alice in Chains y Soundgarden. Este último y su rock pesado fue encasillado en el “grunge” para que ¿vendiera? Pearl Jam vino después, cuando un amigo me dio su cassette con Ten, 4 años después de su lanzamiento.

Me costó entender a Pearl Jam. Tuvo que morir mi padre para que un disco me salvara. Yield es (y hace poco me enteré que muchos comparten ese sentimiento) el disco más querido de la banda. Siempre me recuerdo de esa letra de “Don’t look back in anger” que dice “Please don’t put your life in the hands of a rock n’roll band dont’ throw it all away” y lo extraño que puede ser endiosar a una banda. De pronto Kurt se pega un escopetazo y todos nos desilusionamos del grunge.

El documental estaba por empezar, cuando yo seguía revisando mis huellas. De lo que me afectó: la letra de Black (esa promesa que es real en algún lugar), saltar con Evenflow, oír Alive y rasgar mi voz, conciliar la ausencia de un padre con Given to Fly, lo simple y necesarios que son los deseos y las historias de amor con final feliz (porque las hay con un camino muy jodido, pero las hay).

Al entrar al cine y sentarme con mis amigos, sentí toda la ansiedad del caso. Saqué a pasear un hambre por recordar, revivir, intercambiar esas vivencias que nos generan el sentarnos todos a oír música. Poner la compilación Reviewmirror y despegar hacia el pasado.

Al empezar el PJ20 cada imagen fue un caleidoscopio de recuerdos que empiezan desde cómo era Seattle y el movimiento de rock en aquel inhóspito lugar. ¿Qué hacía yo por aquel momento?, ¿qué hacían mis amigos?, ¿qué escuchaba, cómo me vestía?, ¿qué pasaba en Guatemala?, ¿qué música se escuchaba? Los movimientos under, lo que sigilosamente pasaba con los grupos de rock chapines en las universidad… Es decir, ya soñábamos con despegar, con dar golpes, llorar, moshear, rebelarnos al fin, despertar y ponernos la franela, las botas, los jeans rotos y la guitarra. Idealista, lo sé, pero así éramos de soñadores.

Seattle es una meca. Y desde el principio, las primeras imágenes golpean. Sigue habitando ahí aquella juventud que, como nosotros, apasionados, melómanos, asimilaban como esponjas y digerían toda la historia del rock, inventaban su discurso y se disponían a expresarse. A medida que el documental avanza se descubren secretos como la muerte de Andy Wood, el vocalista de Mother Love Bone (el primer grupo de Stone Gossard y Jeff Amet). Una de las primeras tragedias de aquel movimiento rockero. Que Andy y Chris Cornell, vocalista de Soundgarden, eran grandes amigos y que Chris aún se rompe cuando lo recuerda.

Aquellos primeros días eran idílicos, de sepia e inocencia. Todo era entre amigos, no existía la envidia. La mayoría de rockeros iban a los conciertos de otras bandas para aprender, capturar lo que hacía el otro y después, integrarlo a cada acto. De pronto vinieron las firmas con las compañías, las modas superfluas, los excesos, la fama, las drogas, el éxito y la autodestrucción.

El escopetazo se llevaba a Kurt en 1994. Otra fecha agonizante que es imposible de olvidar y cuando estamos a punto de esconder la cara con las manos por lo terrible del suicidio, el documental nos regala una secuencia en la que Cobain y Vedder bailan en una presentación de Eric Clapton; es imposible no sentir un apretón en la garganta.

32-musica-live

Con la fama y la fuerza que arrastraba Pearl Jam vemos aquellos estadios de mares de personas que moshean. Todos querían ser Pearl Jam. Hasta Soundgarden quiso ser Pearl Jam, pero solo les alcanzó para Temple of The Dog, una superbanda fetiche, potente, completa, superlativa. El intercambio de apreciaciones entre sus integrantes es hilarante y la época, aunque dolorosa, sigue siendo de esperanza.

Pero pasó lo mismo, se copiaron entre todos y todo sonaba igual. Así fueron cayendo aquellos ídolos. Layne Staley se hundía en su drogadicción, Soundgarden se disolvía por diferencias irreconciliables. Solo Jam seguía caminando. El disco Yield salió en 1998 entre aquel mar pestilente de música pop que acaparaba las revistas, idiotizaba a los medios. El consumo se hizo moda y a las corporaciones musicales les crecían los colmillos. El disco sobrevivió y se convirtió en uno de los más queridos por los fanáticos. Todavía mantiene su frescura.

Recuerdo también aquella soledad que sentí cuando ese movimiento se fue. Pensé que nos habían vencido, que fracasamos, que ya no había música qué escuchar y que hasta Bohemia se cansaba de ser y nos mandaba por un tubo, que nacía el egoísmo del que Dylan hablaba: How does it feel? / To be on your own / With no direction home / Like a complete unknown. Y así, de la manera más cruel entender Like a Rolling Stone.

Justo cuando pensamos que PJ20 va a terminar, sigue y sigue. Parece una carta con 5 o 7 posdatas. Ver a Pearl Jam en sus conciertos es apreciar y agradecer a una banda que sigue, que está consolidada como una de las mejores, que hace discos entrañables pues cada uno tiene un espíritu o misticismo que envuelve de diferente manera. Para alcanzar ese nivel de conciencia, es necesario aprender a escuchar música.

Just Breathe termina el documental y todos aplauden. El arpegio de la canción conmueve. En ese momento sólo pude sentir que la ansiedad para verlos aumentaba. Se avisoraba un concierto explosivo, como realmente lo fue.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s