Reportaje – Salinger: el recluso de New Hampshire

Salinger: el recluso de New Hampshire

30-reportaje-salinger2

Por Diego Santizo

“I was wondering where the ducks went when the lagoon got all icy and frozen over”.

Sí, ¿a dónde van los patos cuando se congela el lago de Central Park, en Nueva York? Esa es la pregunta de “The Catcher in the Rye”. Esa es la pregunta de Holden Caulfield. Buena pregunta, pero no lo sé. Por otro lado, como los palmípedos suelen ser especies migratorias, no me extrañaría que los patos neoyorquinos quisieran globalizarse para evitar los rigores del invierno. “Catcher” se publicó en 1951 en la casa editorial Little, Brown and Company, un acto de coraje como el de Modern Library y el “Ulysses” en 1934, después de doce años de haber escandalizado a lectores de cultivado gusto, o el de Olympia Press y “Lolita” en 1955. La única novela de Salinger comienza así: “Si realmente les interesa lo que voy a contarles, probablemente lo primero que querrán saber es dónde nací y lo asquerosa que fue mi infancia y qué hacían mis padres antes de tenerme a mí y todas esas tonterías tipo David Copperfield […]. Pero si quieren saber la verdad, no tengo ganas de hablar de eso”…

Como en la novela del ruso que escribía como anglosajón, la voz de un dulce demonio augura una maraña de espinas.

En el prólogo a “La invención de Morel”, Borges ha contrastado el rigor de la novela de peripecias (“Der Prozess”, “Le Voyageur sur la terre”, los relatos de índole policial) con la materia informe de la novela característica, “psicológica” (la novela rusa). La primera desiste de transcribir la realidad, es un objeto artificial que no sufre ninguna parte injustificada. La segunda convierte hasta el mínimo detalle en un elemento verosímil. Sin saberlo (o sí) Salinger había escrito una novela cuya estructura y contenido se alejaba del clásico péndulo de la ficción y del realismo. El creador de Caulfield había hecho algo distinto. En efecto, “The Catcher in the Rye” evita el artificio verbal y el rigor argumental, lo cual explica por qué algunos profesores de literatura y casi todos los libreros aún no saben bien qué hacer con esta pequeña novela endemoniada.

El narrador y protagonista, Holden Caulfield, un adolescente de dieciséis años que ha sido expulsado del colegio, se convirtió en el personaje más famoso de la literatura estadounidense desde Huckleberry Finn. Su jerga cínica y vernácula (las dos expresiones favoritas de Holden son “phony” y “goddam”) y un alienado sentido de la moral (digno hijo de nuestro tiempo) representaron el azote de la inmadurez en la literatura norteamericana de la segunda posguerra, en especial entre los jóvenes anglófonos, e hicieron que “Catcher” tomara casi de inmediato un carácter de culto en los círculos literarios y en las universidades. Salinger es un maestro no del discurso literario sino del uso concreto de la lengua, de la formidable reproducción de diálogos, digno rival del “Pygmalion”, de Bernard Shaw. Nota curiosa. Mark David Chapman, el asesino de John Lennon, aseguró que los motivos de su acto se encuentran en las páginas de “The Catcher in the Rye”.

El viaje hacia adentro

Salinger publicó “Nines Stories” en 1953, una colección de cuentos magistralmente escritos, pocos meses antes de haber comenzado lo que he conseguido llamar su viaje hacia adentro. No me parece una imprecisión afirmar que perfeccionó el recurso de la ironía literaria y que reemplazó la arquitectura tradicional del relato breve –la vieja estructura de comienzo, desarrollo y final– por un discurso de emoción, cuya historia podía convertirse en un ejercicio de fina y disimulada burla. ¿El guardián del Centeno quería burlarse de todos? Tal vez. En su infancia Salinger le escribía cartas a los editores de revistas y de periódicos literarios en las cuales anunciaba su talento literario. Ambos libros confirmaban las aspiraciones del adolescente (a quien podríamos llamar ya Holden Caulfield, ¿no?).

El éxito termonuclear (dinero) de “The Catcher in the Rye” le obsequió a Salinger la posibilidad de viajar a Cornish, una vieja aldea del estado de New Hampshire, lejos del mundo editorial, de Manhattan y de la copiosa correspondencia de profesores de literatura, de editores y de fanáticos sin propósito que recibía casi todos los días. Harto del exhibicionismo intelectual, le pidió a su editor que quemara todas las cartas de sus seguidores. Holden Caulfield había cumplido su sueño: “Con el dinero que reuniera me compraría en algún lado una cabaña pequeña y ahí viviría por el resto de mi vida, lejos de cualquier estúpida conversación”…

J.D. Salinger se convirtió en el recluso de New Hampshire, una suerte de Abisinia literaria en la cual vivió más de cincuenta años, hasta el día de su muerte, escribiendo para su secreto placer.

Jamás abandonaba su Torre de Soledad, excepto cuando visitaba a William Shawn, el editor de “The New Yorker”, un recluso cuya vida se asemejaba a la del Bartleby de Hermann Melville. Sus relatos en la revista comenzaron a escasear hasta que se detuvieron por completo. Aún consiguió publicar dos tomos de relatos, “Franny and Zooey” y “Raise High the Roof Beam”, en 1961 y 1963. El último cuento impreso de Salinger, “Hapworth 16, 1924”, se publicó el 19 de junio de 1965, después de lo cual se retiró a un silencio que solo puede ser hamletiano. Las aves de rapiña (los editores) no tardaron en sobrevolar con insistencia la fortaleza de Salinger. Sin embargo, este jamás volvió a publicar un solo cuento ni permitió que los ya publicados se editaran en un libro.

30-reportaje-2

La literatura autobiográfica

Salinger, hacia 1974, le dijo a un periodista que encontraba una maravillosa paz en no publicar, que adoraba escribir para sí mismo y para su placer personal. El acto de la publicación era una violación de su mundo natural. Llegó incluso a levantar una cerca alambrada alrededor de su propiedad. Sin embargo, su popularidad creció en relación con su voluntad de retiro, lo que llegó a niveles de paroxismo cuando su rostro apareció en la portada de la revista “Time” en 1961. Los periodistas, esos seres insoportables, se dedicaron a hostigarlo. La privacidad de Salinger se rompió en 1998 (y dos años después) con la publicación de las memorias, primero, de Joyce Maynard, con quien sostuvo una relación en 1973, y, después, de su propia hija, Margaret. El hijo de Salinger, Matthew, le escribió una carta a “The New York Observer” en la que ofrecía disculpas por el confuso y falso retrato de su padre.

La leyenda de Salinger (como la de Pollock, como la de Kerouac) terminó por convertirse en la cocaína de los periodistas y de los intelectuales que ya no podían separar la imagen del guardián del Centeno de la de un monstruo inmoral (lo que recuerda a las consecuencias de los Trópicos de Henry Miller). El silencio del escritor alimentó al monstruo. Maynard escribió que Salinger era compulsivo y manipulador sexual, que sus principales obsesiones eran la homeopatía y una férrea dieta (frijoles helados de desayuno y hamburguesa de cordero semicocido de cena). La hija añadió que Salinger era proclive a abusar psicológicamente de su madre y que además de su peculiar menú practicaba el budismo Zen, el Vedanta, el cristianismo y la acupuntura, todo junto, y se bebía su propia orina. En el fondo, Salinger es un digno hijo de la literatura de la segunda posguerra, una obra misógina, racista, homofóbica, inmadura, violenta, atroz y desmoralizante. Las mujeres creían que lo desprestigiaban, pero solo embellecían el mito.

¿Pero Salinger seguía escribiendo? La pregunta que ha obsesionado a los salingerianos y a cualquiera que se interese por el recluso de Hampshire no tiene una respuesta precisa. O, como el protagonista en la película de Kubrick “The Shining”, escribía la misma oración una y otra vez, o, como Gogol en los últimos días de su vida, escribía con avidez cuasi mesiánica y después lo quemaba todo. No lo sabemos. Lo más probable es que nunca lo sepamos. Pero volvamos a la pregunta de Holden… ¿alguien sabe a dónde van los patos del Central Park cuando el lago se congela?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s