Reseñas – Días amarillos / Javier Payeras

Días amarillos

Javier Payeras

Magna Terra editores

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Por Gabriel Arana Fuentes

¡La Alerta!, el universo informativo dentro del libro Días amarillos es un retrato (¿exagerado?) del periodismo latinoamericano. La literatura y el oficio de informar convergen en una narración que retrata, según el puño y letra de Payeras, una versión mórbida y cínica del periodismo de nota roja.

Este texto es el ocaso no anunciado de un periodista mal pagado que en su lucha por escribir la gran novela, ese gran aporte a las letras universales, vive en decadencia. En la búsqueda de esa musa literaria que viven entre miseria, crack, prostitutas y muerte. Mientras pasan las palabras, el lector se convierte en un cómplice de risa encorvada que convive con este periodista-escritor en su búsqueda por permanecer en el mundo de la literatura.

Días amarillos es una historia negra escrita casi a manera de guión cinematográfico. Ofrece un panorama de los bajos mundos en los que la noticia que destila violencia se desarrolla. No hay que vivir en una gran metrópoli para saber que estas historias son reales en este siglo y en el tercer mundo, o país emergente si se prefiere.

Pero si escarbamos un poco más entre los infortunios que Payeras presenta en su libro, van apareciendo críticas mordaces, sórdidas pero también apuestas al sarcasmo como los escenarios que escenifica: “Durante un tiempo escribí poemas y cuentos, algunos publicados en revistas de escasa circulación, y descubrí que escribir es una diversión para ricos ociosos. Para escribir es necesario tener tiempo y energía, pero gradualmente se van perdiendo ambas cosas”.

Y en el medio de la narración van apareciendo personajes como Amílcar y Antenógenes Urbina cuya descripción está tan bien tratada que podría ser vista como una versión caricaturizada de personajes reales. Pero lo cierto es que esos personajes son tan veraces que podrían existir en cualquier diario de la región y estar retratados en este libro sin saberlo.

En la historia, y a manera de diario, el periodista-escritor sin nombre presenta fragmentos de lo que espera sea su gran novela, en la que cuestiona a la sociedad y hacer reflexiones crueles, otrora crudas, de su entorno. Como en el pasaje 18 de junio en el que escribe: “La fe es una locura a la que nadie se le puede negar. Sin embargo, en este estado de cosas la fe también suele irse lejos. Entonces la fe se convierte en demencia. La demencia es deambular sin fe en un espacio cerrado el espanto de ser un satélite de las mismas calles”. Pero luego de estas lecturas de la realidad, el personaje, si no Payeras, regresa a esas calles y, con una lupa en mano, sigue el rastro de la violencia entre la podredumbre y la locura para retratarla sin contemplación.

Mientras se avanza en la lectura, las preguntas saltan entre el escrito, cuestionamientos sobre el Know how de la vida de este antihéroe de la comunicación. “Cuando hice la última nota sobre Keit me sentí bastante conmovido, desgraciadamente la parquedad con que debo redactar estas noticias no me permitió hacer algo mejor. Sentí un poco de asco por mi pretensión de hacer de ella un personaje para el semanario. Así que solo puse una foto que le tomé, tejiendo junto a la fuente de la plaza y un pie de página que decía: Murió Trasvesti embarazado”.

Y aún es más posible que el lector se tope con la pregunta ¿Por qué la historia del trasvesti embarazo no me sorprende? Y esto sea quizá porque como lectores del panorama emergente del desarrollo, desayunamos historias macabras mientras hojeamos el diario. Historias que conviven con el resultado de la liga nacional de fútbol y noticias como: Nebraska gana reinado de belleza de EE.UU.¸ Baldizón promete no violar la constitución, Bochorno de la Sele ante Costa Rica, y el Cristo negro fue venerado. Eventos que rodean a un titular de portada que bien podría ser: Despedazan a una mujer. Restos de una joven aparecieron en el fondo del lago de Amatitlán. La pierna izquierda no fue encontrada (Pag 5) todas estas, historias reales publicadas en el diario aldía, el 17 de enero de 2011. La realidad y la ficción ya no están divorciadas, Días amarillos resulta ser sólo un reflejo de esta ciudad.

Finalmente, este Nameless que protagoniza la historia tiene tantas puntadas como desaciertos que como un testigo de la vida invitan a la reflexión: “Tragué saliva, pensé que sería mi fin. Tanto comer mierda por la vida, para terminar muerto en un prostíbulo y en manos de una que se apodaba Shakira”. Palabras que solo son el resultado de una vida, de un periodista sin nombre que como muchos escritores neófitos e inexperimentados que buscan los aplausos y no la trascendencia literaria optan por volverse su propio personaje literario. Al final son sólo tristes retratos de su propio sacrificio máximo en nombre de la literatura, caídos en busca de la ilusión ridícula de pasar a la historia escribiendo un libro. ¿Y cómo juzgarlo? La literatura es quizá el único subterfugio en las naciones del tercermundo.

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