Reseñas – El material humano / Rodrigo Rey Rosa

El material humano

Rodrigo Rey Rosa

Editorial Anagrama

30-resenas-rrr

Por Alessandro Spillari

Jue 15 Oct, 9:30 pm. No tengo sueño, y acabo de terminar mi enésima cita con don Pedro Páramo. Entro al baño, me lavo los dientes y al regreso tengo que tomar una decisión: escoger un libro de la pila que me espera en mi mesita de noche o hacer un interminable zapping en la tele. Voy por la primera.

Jue 15 Oct, 9:55 pm. Haciendo un tin marín de do pingüé, ha caído en mis manos El material humano de RRR. Leo en la contraportada que en apariencia es un libro escrito como un diario de apuntes; que la narración funciona como un fresco histórico sobre la represión en Guatemala de por lo menos, los últimos cien años; que trata sobre una investigación hecha en el antiguo archivo de la Policía Nacional; que es un libro característico de RRR. Abro el libro y me doy de bruces con la frase inicial: “Aunque no lo parezca, aunque no quiera parecerlo, ésta es una obra de ficción”.

Jue 15 Oct, 10:50 pm. Debo parar. He analizado cada una de las fichas del archivo (copiadas por el narrador, que puede ser o no RRR) que aparecen al inicio del libro, y a pesar que algunas me han parecido simpáticas y hasta graciosas, me quedo alterado por las dramáticas y bizarras que parecen verdaderas. Debo dormir, me digo, mañana es día corriente y eso significa levantarme a las 5 de la mañana.

Vie 16 Oct, 11:15 pm. Con el libro en la mano llego al cuarto de mi hija grande para ver por qué llora. Una pesadilla, me dice llorosa. Después de muchas páginas recorridas en el libro puedo entenderla.

Sa 17 Oct, 01:50 am. Mi celular suena. Contesto con un ¿sí? y sólo puedo escuchar una respiración sibilante. No alcanzo a entender palabra alguna y me cuelga. El número es privado.

Sa 17 Oct, 03:43 am. Voy para dos horas de esta despierto, intentando convencerme que la llamada no ha tenido que ver con las que el narrador del libro recibe para conminarlo a detener su investigación. Empiezo a creerle a Jenny, mi amiga psicóloga, que me dice que leer muchos libros puede alterar mi conciencia de la realidad y su relación con la ficción. Hago un último esfuerzo por intentar dormir.

Sa 17 Oct, 10:28 am. Mientras mis hijos reciben su clase de natación avanzo a grandes pasos sobre la lectura del libro. Estoy cerca del final. Para mi fortuna, hoy no ha llegado un conocido de la oficina, por lo que puedo seguir leyendo sin interrupciones. No ha sido el único conocido ausente ese día, y eso me inquieta. Pienso en Benedicto Tun, el policía de la novela que llenó fichas en el archivo por muchos años. Pienso en el período de la guerra y en la represión y doy gracias por no haber sido adulto en esa época. Qué suerte.

Sa 17 Oct, 13:40 pm. Hago cola en una caja de Cemaco mientras mis hijos siguen viendo juguetes con Gaby y mi suegra. Les he dicho que se conformen con los que les ofrecí comprarles ese día, que no tengo más dinero y no quiero usar la tarjeta. Recibo mi vuelto y al volver la vista, RRR hace cola un poco más atrás. Luce sonriente y veo que lleva una camisa de manga larga de fuera y unos jeans. Siento el impulso de dejar los paquetes y acercarme a saludarlo. De repente, baja la vista para platicar con una niña pequeña. “Es Pía”, pienso, asociándola de inmediato con la niña que aparece a lo largo de la novela. No sé porqué había asumido que no existía una pequeña con ese nombre, hija de ese RRR narrador. La frase con la que arranca el libro se agolpa en mis oídos. “Es cierto todo – pienso agrio – y RRR me ha engañado”. Presuroso me alejo sin esperar siquiera a mi suegra.

Do 18 Oct, 01:25 am. He terminado la novela luego de no haberla querido tocar en toda la noche. El teléfono vuelve a sonar. Otra vez alguien respira y cuelga de inmediato. Otra vez número privado. Pienso que debo llamar al día siguiente a Eddi Halfon para pedirle que llame a RRR y le haga confesar si la historia del libro es cierta o no, si fue ficción su aventura por el antiguo archivo y si es cierto que todavía tenemos rezagos de aquellos días en Guatemala. Caigo en cuenta que nunca he llamado Eddi a Eduardo, y decido no llamarlo.

Do 18 Oct, 01:30 am. Bajo al estudio y coloco el libro junto a los otros lomos grises de Anagrama, que yacen como trofeos en una estantería. Doy la vuelta para salir pero regreso sobre mis pasos, coloco el libro detrás de unos más altos para ocultarlo y apago la luz al salir. El acto no me devuelve la tranquilidad.

Do 18 Oct, 07:00 am. A pesar de la seria discusión con Gaby procedo a marcar el número de Jenny, esperando que haya despertado temprano. Me contesta con voz dormida y le pido una cita para el día siguiente, temprano en la mañana. Me dice “Estás loco” y cuelga. Yo sólo pienso qué mierda y volteo a ver por la ventana, pensando que alguien me observa. Ese día, no habrá celular.

“Aunque no lo parezca, aunque no quiera parecerlo, esta reseña es una obra de ficción”.

 

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