Reseñas – Génesis y encierro / Rafael Romero

Génesis y encierro

Rafael Romero

Editorial Cultura, 2011

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Génesis y Encierro es una colección de cuentos del escritor guatemalteco Rafael Romero, publicada por la Editorial Cultura en julio del 2011. Es un viaje literario que nos lleva desde el horror al humor, haciendo escala por la tragedia, el absurdo y lo fantástico. Si bien los distintos parajes narrativos resultan ser lugares independientes en cuanto al estilo, el tratamiento y el contenido, existen algunos temas que se repiten, como los de “el doble” o “el tiempo”. Es por ello que nos atrevemos a hablar de geografías comunes centradas en una idea que ha sido y sigue siendo central en la obra de este autor: “siempre he tenido esa tendencia a cuestionarme qué es lo que hacemos aquí, a qué venimos, la parte diáfana no me interesa, lo que puede causar repulsión o rechazo, esa es precisamente la materia prima con la que construyo mis cosas”(a). Es así como, tomando este planteamiento, proponemos aquí una guía que pudiera servir de recorrido inicial, partiendo desde el título y adentrándonos luego, de manera breve, en algunas de las interpretaciones posibles.

El Génesis (del yo)

Quitarme ese peso de encima y deshacerme del pasado, por muy reciente que fuera, fue como despellejarme, dar a luz la idea de que, luego de haberme consumido igual que el único foco que colgaba del roído techo, podía salir de nuevo y encontrarme en un mundo distinto. (1)

¿Qué somos? ¿Cuál es la base del ser? Una de las frases iniciales del cuento El mecánico proceso de sumar uno más uno y disfrutarlo es reveladora: “anduvieron por la vida tratando de hallar la vida”. Al leerla intiuimos que no se refiere solo a la pareja protagonista de la historia, sino que también define esa búsqueda existencial que compartimos con las figuras de este libro. Porque, si hay algo que interesa al ser humano es conocer su origen, qué es eso que lo conforma y qué es lo que lo acerca y lo aleja de otros seres vivos. En la búsqueda de esa materia prima, de ese centro del individuo, Rafael Romero se sirve de sus personajes llegando a hurgar hasta sus huesos y sus entrañas, literalmente, sin dejar de lado elementos básicos, como sangre, fluidos y “materias excrementicias”(2) . Siguiendo una especie de proceso “giacomettiano”(b), Romero va despojando a sus personajes de todo aquello que pudiera considerarse suplementario, como el tiempo, el valor, la belleza, la esperanza, la realidad y hasta la vida, para dejarlos, finalmente, como algo fastasmagórico, pero lo suficientemente antropomorfo, como para que seamos capaces de reconocernos en ellos.

El Encierro (con el yo)

En vez de irse, se encuclilla y se apea a la puerta. Abrir la puerta. Arriesgarse. Una cuestión de valentía.

Salgo otra vez de la cama y lo imito.

Noto su respiración junto a la puerta. Él nota la mía, quizás igual o más agitada. Dos mundos apeados a un espacio que es entrada y que es salida. (3)

La “liberación” hacia la sustancia resulta un proceso tortuoso, tanto para los personajes – algunos de ellos no lo sobreviven – como para el lector, porque en este juego onírico, el autor juega con nuestros miedos y nuestros tabús, enfrentándonos, a ellos y a nosotros – como en el cuento Memoria anticipada del recluso de las noches largas – con ese yo fantasma, con ese yo monstruo, con ese ser que intuimos detrás de la puerta, que al mismo tiempo nos horroriza y nos fascina. Es por eso que, como los personajes de ese y otros cuentos, decidimos no salir huyendo sino quedarnos, acompañados de cierto morbo, encerrados en el espacio creado por el escritor, sufriendo y a la vez deleitándonos en la destrucción de la figura que, aún distorsionada, sigue siendo espejo. Y es que, como en todo sueño o pesadilla, ese otro que nos atormenta, aunque no siempre lo reconozcamos como tal, no es más que una parte de nosotros mismos.

Sin acercarse tanto, como para no suicidarse, logró distinquir la imagen que desde hacía mucho extrañaba y hubiera querido conocer a fondo. Aunque siguiera ignorándolo, era él, finalmente.(4)

“No nos habremos mirado desnudos todavía, si somos incapaces de dialogar con las furias que nos habitan”, dice el tocayo del autor, Rafael Toriz(c). Y es allí donde reside la fuerza del libro. La capacidad que tiene de desnudar lo peor de nosotros de tal forma que al principio, desacostumbrados al espejo, nos parece extraño, pero que, con el paso de las hojas, se va haciendo cada vez más y más familiar.

Su alma estaba dañada y él, el otro ocupante del columpio, estaba ahí para poseerla.

¿Acaso no era eso lo que deseaba? (5)

¿Es eso lo que deseamos? Se dice (d) que en muchos cuadros medievales, el purgatorio era ese lugar en el que las figuras grotescas eran purificadas de la individualidad que las caracterizaba, convirtiéndolas en celestiales colectivos homogéneos, privados de carácter y expresividad. Este libro, entonces, sería una especie de purgatorio al revés, un viaje hacia la raíz de lo humano, que no siempre se presenta placentero, por extraño, pero que el lector, estoy segura, habiendo llegado al final, deseará gustoso repetir.

Fuentes

Artista del Mes, Rafael Romero. Sales, Victor. Revista Qué Pasa. Guatemala. Agosto 2011

http://grupoquepasa.com/es/arte/artista-del-mes-rafael-romero/ (a)

Conversación con Clara Montero, historiadora del arte, acerca de “Génesis y Encierro”. Agosto 2011(d)

Génesis y Encierro. Romero, Rafael. Editorial Cultura. Guatemala. 2011

Looking at Giacometti. Silvester, David. Henry Hold and Company. Nueva York. 1997 (b)

Los buenos y nobles adictos. Toriz, Rafael. La última y nos vamos. Revista Replicante. México. Agosto 2011 http://revistareplicante.com/literatura/ensayo/la-ultima-y-nos-vamos/ (c)

Cuentos en el orden citado:

(1) Espontáneo plan de vida

(2) Quien no defeca, muere

(3) Memoria anticipada del recluso de las noches largas

(4) Parodia Subcutánea

(5) Prolegómenos del Sabat (paráfrasis, en el original dice “¿Acaso no era eso lo que Lala deseaba?”)

Tania Hernández

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