Reseñas – Imagen y semejanza / Carmen Lucía Alvarado

Imagen y semejanza

Carmen Lucía Alvarado

Editorial Cultura, 2010

30-resenas-Carmen

Por Gabriel Woltke

1.° Dios no existe.

2.° Dios existe y es un canalla.

3.° Dios existe, pero a veces duerme: sus pesadillas son nuestra existencia.

4.° Dios existe, pero tiene accesos de locura: esos accesos son nuestra existencia.

5.° Dios no es omnipresente, no puede estar en todas partes. A veces está ausente ¿en otros mundos? ¿En otras cosas?

6.° Dios es un pobre diablo, con un problema demasiado complicado para sus fuerzas. Lucha con la materia como un artista con su obra. Algunas veces, en algún momento logra ser Goya, pero generalmente es un desastre.

Me saqué de Sobre héroes y tumbas, le tomé prestado a Sabato, los anteriores seis postulados sobre la existencia de Dios. Falta un séptimo que no me gustó. Pero en sí son seis postulados que en la novela son planteados por un grupo de ladrones y que a mí me parecieron perfectos para empezar a buscar maneras de entender el libro de Carmen.

Señores eso es lo único que vengo aquí a ofrecerles: algunos puntos que yo fui palpando al leer el libro y que me permitieron al final comprender la constelación de Imagen y semejanza. Espero mis puntos les sirvan a ustedes de algo.

Encuentro dos ideas principales en el libro: Dios y nacer. Dos ideas que a lo largo de cada texto se estiran y se encogen, cambian constantemente de significado y disfrazándose de personajes, también cambian de humor. Diré que desde el inicio del libro Carmen sabe ser niña y ser diablo. Su ternura es la de un gato que cuando uno se acerca a acariciarlo ensarta las uñas y nos hace sangrar. Ese es el gran triunfo de este libro: cuestionar a Dios no desde la inocencia tonta sino desde la inocencia astuta.

La voz que se esparce por el libro no es la del ciervo Noé ni la del amoroso del apóstol Juan; es la del Jacob que se pelea con Dios y no lo suelta hasta que este lo bendice, es la del curioso morbo de Tomás que le pide al resucitado que por favor lo deje introducir sus dedos en la llaga.

Muy sutilmente el libro lo aterriza a uno en sus letras y nos dice que venir a la tierra es morir en vez de nacer. Hace mucho tiempo yo quise escribir un libro donde imaginara ese mundo que es antes de que uno abra los ojos, hoy el libro de Carmen lo hace mejor de lo que yo lo hubiera hecho y nos dice que nacer es desprendernos de Dios. Quizá Dios es el recuerdo lejano que tenemos del calor del vientre y quizá el vientre es el verdadero paraíso.

Luego de leerlo no sé si Imagen y Semejanza es un libro de poemas o un libro con un gran poema. Da la sensación, cuando se lee de corrido, de tratarse de un cuento en el que cada poema es un paso más en la trama donde actúa Dios, La Gran Interrogante y la Ciudad. Es la trama de un día en la vida, no de un personaje, sino de una psiquis que anda disfrazándose de Dios, de calle y de persona.

Sí a los bíblicos el paisaje, las montañas, las aves los incitaba a pensar en un Dios de amor, como no pensar ahora a Dios desde lo que incita el escenario de la urbe, como no pensarlo desde un bus y verlo absurdo, caótico y sucio como la ciudad misma. Así Imagen y Semejanza no retrata el habla y la vida en la urbe, retrata la turbia psiquis de sus habitantes.

Sabe que sólo importa cuestionar por que ninguna anotación ningún poema nos ganará el cielo. A la vez también entiende que la verdad nunca llegará y que buscar la verdad quizá es desperdiciar la vida,aparearse con los días, si la verdad no salva deberíamos entender que lo importante tan sólo es vivir como cualquier hombre lo haría.

La medida de tu cuerpo es la medida de tu límite. Conocer ese límite la mueve a escribir, a perforar el papel para poner adentro todo lo que quisiste ser. Escribir como ese intento de buscar la plenitud. La idea de la unidad con Dios nunca termina, y entonces cuestionar a Dios es cuestionarse a si misma. Poesía que parece entender a la divinidad en el éxtasis, poesía que grita ante cualquier cosa y sólo en ese momento se siente plena.

En ningún momento la voz de libro se estropea por dogma alguno, no quiere ni pretender hacernos creer en nada, sólo quiere que la acompañemos en sus dudas. Ser espiritual nada tiene que ver con creer en Dios o creer en algo, es dudar, sentir, dejarse llevar, en fin, dejar libre al alma.

Al final parece que la paciencia con Dios se acaba, lo preocupante es que la paciencia se acaba cuando el autor toma encima de sus hombros la representatividad de la especie y descarga contra él su rabia. Un final abrupto, como esas películas donde no entendemos por qué matan al personaje principal.

Me da la impresión de que es a Dios a quien se está creando a través de todo el libro, Carmen hace a Dios a Imagen y Semejanza de sus dudas. Dicen que de todo libro siempre se queda uno con una línea, para mí memoria dejo:


los seres felices son los que se sueñan a sí mismos y se bastan
.

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