Reseñas – [Sí]… algún día nos haremos luces / Luis Méndez Salinas

[Sí]… Algún día nos haremos luces

Luis Méndez Salinas

Editorial Cultura

82 pp, 2006

31-resenas-si

Por Julio Serrano Echeverría

Sin entrar precisamente en una lectura de género, hay que decir que nuestra realidad tiene fuertes matices femeninos, la historia, la política, la economía, la sociedad, la ciudad, la Guatemala. Por otro lado estas facetas de nuestras identidades tienen también un oculto macho que aprieta los puños y los grilletes en distintos niveles y tiempos, el poder, sí, con su rostro de machito colonial.

El poder, su género de pantalones y su número muy cercano al singular, es uno de los sustantivos masculinos más masculinos que tenemos, las razones para pensar así tienen que ver con algunos milenios de tradición bélica y el ejercicio del poder por la(s) fuerza(s). Y si bien no se podría decir que el poder es un problema de género, sí podemos decir que el género es uno de los campos de batalla predilectos para este señor, poder.

Bueno y si nos trasladamos partiendo del género, a otro plano, al plano de lo homosexual, más allá del sustantivo, ya en la praxis cotidiana, en el espacio de la sexualidades diversas y si seguimos avanzando y hablamos de transexualidad y de las serias limitaciones de una sociedad heterosexual-cristiana-feudalcapitalista, pues nos topamos con un muro que es básicamente el muro donde topamos siempre, una mezcla de prejuicios, traumas, deseos, gozo, dolor, algo como un subconsciente social que se manifiesta en un extraño sueño, así el adobe de la pared.

[sí…]Algún día nos haremos luces de Luis Méndez Salinas, es un libro escrito sobre ese muro, digamos que sobre el muro de los sueños que también será, como es de esperarse, el de las pesadillas. Y que, dado que hablamos del Gran Muro donde vivimos reventándonos, entonces, la realidad nacional, el debate nacional va a parar ahí, algunas veces como ladrillo, algunas veces como disparo y otras como graffiti. Y bueno, la pared antes descrita es una especie de espejo donde nos reflejamos (¿acaso reventarse la cara contra un muro no es una forma abrupta de verse al espejo?), muro que también es papel y es libro. Y partiendo de las palabras en esa pared, abrimos las primeras páginas del libro y leemos:


“con ayuda del espejo, de la piedra, del barril,
empezó la ovulación de los sentidos
se cayó la sangre
reventó de un solo el fuego

y desperté mujer” (p14)

Y desde ahí, nos empieza el reto. Un camino relativamente evidente nos invita a seguirlo leyendo desde la voz de este personaje que se despierta mujer y que según las pistas es prostituta “nosotras las putas no tenemos madre”, o no lo es “decía que era puta, gorda y fea/ y yo nunca le creí”, y que trabaja en la calle “on the street/ no tengo nombre/ ni apellido ni brassier ni maniquí”, y así, podemos seguirle el recorrido al personaje que mantiene un extraño discurso escrito en género femenino pero que también, por varias de las pistas que deja, el personaje nos aclara “confieso mi permanente y preocupante estado de alucinación sexual”, lo que explica el desdoblamiento de las voces (sí, es tremendamente irresponsable decir que quien habla en el libro es un solo personaje, tanto como si dijera que quien habla es una mujer). Así que para quienes quieran ahí un camino y muchas posibilidades de lecturas.

Personalmente decidí tomar otro rumbo y salir de esas páginas por otras puertas. Me refiero pues a las posibilidades histórico-políticas de la representación de los personajes. Vuelvo a la referencia que hice al inicio de este texto en el que revisábamos algunos de los sustantivos femeninos que definen nuestra consciencia social, economía, política, nación, patria, Guatemala nos sugieren que, una de las posibilidades de volver personajes estos sustantivos es hablando desde el género que los nombra, y que en el “despertar mujer” como se indica al inicio del libro, se encuentra una alegoría de la consciencia (otro sustantivo femenino).

Así siguiendo esa posibilidad, el-los personajes se vuelven un coro polifónico de representaciones de las crisis de los femeninos que nos definen. La manifestación coral-musical, que viene siendo la estrategia para aproximarse a este discurso, puede observarse a nivel formal en una especie de partitura (que se acentúa con la orientación horizontal del libro -qué tiene el lomo en el lado más corto- y que invita a hacer una lectura horizontal); y que en buena parte del libro aparece una voz que se manifiesta en una especie de verso (marcados con una diagonal que además marca un ritmo) ordenados como prosa (párrafos), bloques cuadrados de texto, literalmente, en donde aparece con claridad y con mayor fuerza la voz política de los personajes, y que podríamos entender como una especie de estrofa para voces solas (el Solo, pensando en los coros), en las que la historia podría estar diciendo:

“aquí la patria afuera el cielo / desenvainan sus espejos-calavera mientras dicen que no, que es mentira, que soñamos bajo efectos de dopaje” (p 39)

o

“/te recuerdo las campanas que sonaron sobre el pasto de la tarde, el asfixiar de la corbata / esos sueños que truncaste cuando aún estabas vivo / lo que aquí sucede es un hincharse de lenguajes, una voz y un triste andar” (p 15)

o quizás la política

“/ amárrame los pies que estoy ardiendo / ¿qué no ves que soy pupila y que hay muy poco para ver? / esto de los chistes es un mecanismo de defensa, un amague a la retina / aquí se ríe cuando ya no queda llanto y nos destrozan con martillo el paladar de la razón” (p 17)

o la estética

“las ventanas ya rompieron sus espacios / ¿qué no ves los vidrios rotos sobre el pasto? / y entre ellos una flor / una inmensa flor rodeada de vacío / nada queda de un sentirse tan bonito, ni una sola gota apenas los sonidos

Luego, en el otro tipo de texto, que es no está en prosa y que además se forma con un verso proyectivo (a lo Charles Olson) donde la forma nos lleva otra vez a los coros, solo que esta vez polifónicos (el Tutti coral), donde un personaje colectivo describe la condición de esos otros solos, y que desde una amplia diversidad de formas y ritmos contrasta las voces de los solos; es que llegamos a la parte pesada de este cruce, qué sucede cuando escuchamos a este coro polifónico decir

“estos son los pezones más dulces
que encontrarás en la ciudad
sí,
también los más baratos”

o

“ no

YO NUNCA ME HE VENDIDO


aunque algunas veces me alquilé”

¿qué sucede en el recorrido histórico-social que podría estar proponiendo cuando los coros nos vuelven a esas realidades frías, ásperas, violentas -como la calle misma? Sucede que la misma calle, la misma crisis te da la salida

“recorrerme la ciudad que soy por dentro

derrocharme en mis profundas calles

cambiarme estos pañales
y por fin nacer”

y desde aquí lo que considero uno de los grandes aportes de este libro al leerlo desde este recorrido, en la medida que encontremos nuevas formas de leernos, de escribirnos, de hablar sobre nuestra historia, en la medida que nos cambiemos los pañales, siguiendo la imagen del texto, mientras pongamos diversas voces a discutir, a tensarse, a romper los parámetros de las referencias, tenemos otras posibilidades de renacimiento, y acá es donde el discurso académico que dice que los escritores de postguerra son a-históricos y distantes de la realidad nacional, cae en su propia trampa, pensar que al no enunciar la historia se le está borrando, es no recorrer las profundas calles del texto anterior, es decir, el cambio de pañal implica que la crítica tome nuevos marcos de referencia y corra nuevos riesgos. Abrir la discusión a acercamientos frescos, a lecturas alternativas de lo no-literario, es parte de la propuesta de este libro, si le quiere leer así.

Y bien, el final del libro se retoma la forma coral del solo (para este caso los fragmentos en prosa), y bajo el título Que no quede huella que no y que no se recopilan las voces de las solistas que van cayendo, como una especie de epílogo, como una lluvia tenue después de una larga tormenta, y vuelven a ser, cualquiera de ellas (historia, ética, estética, política, etc), en su rol solista, quienes nos dicen, con mucha suavidad y resignación

“nos faltó un amanecer muy otro para comprender que el cielo no es el techo ése que pintamos con la luz, nos faltó enredarnos besos y sonrisas para despistar al sueño, nos faltó el abrazo, nos sobró el dolor ]” (p 79)

y retomamos el rol de los personajes, prostitutas, solas, maltratadas, olvidadas, qué pasa cuando desplazamos estas ideas a la política, a la memoria, a la historia, a la paz misma, a todos esos sustantivos femeninos que están ahí tensándose, reventándose, desplazándose muy a pesar de ese otro que aprieta, que pasa con su carro levantándose impunemente a nuestras palabras, ese, el poder.

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