Reseñas – Timeless punto 11 / Alejandro Marré

Timeless

Alejandro Marré

Toma 7, Catafixia Editorial, 2011

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Timeless de Alejandro Marré. En la portada, aparte del título, que complementa otras dos palabras, punto 11 se lee la frase “NO CASH VALUE”. Esta última escrita en una moneda que yace sobre la palma de una mano abierta. Una moneda como las que se usan en las maquinitas. O se usaban, no sé. Tengo años de no ir a un local de esos. Además siempre fui pésimo con las manos. Por eso prefiero leer. Casi siempre.

En la portada es la palma de una mano y en la contraportada la mano se cierra. Una bofetada y un puñetazo. Usted amigo lector, escoja el orden. Sí, mientras aprecia y valora, no solo los poemas, sino además, las portadas. Esa debe ser la intención de esos elementos en los títulos de “poesía guatemalteca” que Editorial Catafixia ha publicado. Quién sabe. Habrá que preguntar.

Lo que sé es que de todos modos, yo sigo siendo torpe con las manos y ni siquiera, aunque tuviera todo el tiempo del mundo, puedo levantarlas para permanecer en posición de defensa. Debería hacer lo que hacen las grandes mayorías. Ignorarlas. Esa gente altamente eficaz. Felices ante las vitrinas. Sonrientes un domingo por la tarde.

En estos tiempos donde usamos esa opción, la de ignorarnos, como el más eficaz método de represión, de silenciar. Veintitantos libritos son pues, los de esta editorial, un buen argumento de defensa y gritar a los cuatro vientos, que estamos vivos. Que por lo tanto, la poesía está viva.

En todo caso, es imposible defenderse en medio de la oscuridad. Además si encima, vivimos desesperados y en silencio. De todos modos, no hay otra manera. Ni siquiera si de nuestro lado están las palabras. En Timeless, el poeta al menos intenta encontrar el poema que nos alumbre, que nos cobije de la lluvia, que nos hable sin hablarnos.

Aunque puedan parecer puertos seguros a los cuales recurrir en crisis existenciales permanentes, Timeless, como las palabras mismas, no son tablas de salvación fiables. No cuando transita por la angustia de vivir en un tiempo de máscaras y gestos. De pertenecer a un espacio en medio de paredes grises y cubículos burbuja. De encarar todos los días el porvenir “¡ese dilema diletante!” mientras el semáforo cambia de color. Para eso mejor las vitrinas y las cuotas sin intereses a plazos largos.

Pese a que la poesía y Timeless por añadidura, sirva para poco en términos pragmáticos, el acto de crear, de escribir, y por añadidura, de leer, sí que es un recurso. “Escribir porque es el último recurso antes del arrebato” Un recurso para sobrevivir.

En Timeless hay una fijación cual síndrome de Edipo por la palabra. Por la palabra palabra y por la palabra misma. Después de todo, ese debería ser el oficio del poeta. Es decir, si es que tiene uno. Pero no solo es esa fijación. También es fijación por esos estados que nos definen. Angustia, oscuridad, frustración, hastío. Silencio. Cotidianidad, la vida contemporánea.

Y en muchas líneas de los textos, la fijación por la palabra y la necesidad de expresar esas angustias, esas oscuridades, esas frustraciones, ese hastío, esa cotidianidad, esa vida contemporánea, ese silencio, se entrecruzan. Resulta entonces, Timeless. Resulta existencial.

Durante la presentación del libro, veía a un niño jugar con sus muñecos y sus crayones que pintan en colores y no en blanco y negro. Estaba en una mesa donde había personas trajeadas que intentaban callar al niño. El seguía jugando y cuchilleando con sus muñecos. Haciendo garabatos de colores. Sin inmutarse. Sin hacer caso a las advertencias de las personas trajeadas, ni mucho menos a las palabras de Valdés Pedroni acerca del libro, o a los poemas de Timeless que Alejandro Marré leía. Bendito él.

Pero crecerá y puede ser que entonces repare que los cuentos que le leen antes de dormir, esos que empiecen con los “había una vez…” se asemeje mas a una estafa piramidal de grandes proporciones. Ya no tan bendito él.

Y entonces será un desesperado más. Uno de tantos de los que transitamos por esta ruta dejando las horas en cubículos, amaneciendo con el inbox lleno. Devolviendo sonrisas, a falta de palabras o a falta de valor, a los que nos sonríen desde las ventanillas. Que siga jugando mientras tanto. Que siga haciendo oídos sordos a estos poemas, a estas palabras, aún no las necesita. Que siga pintando a colores que no podrá hacerlo por siempre, porque los había una vez nunca nunca terminan en para siempre.

Engler García

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